El caldo espeso

El caldo espeso

Con la Asamblea Constituyente que será elegida a fin de mes, Ecuador busca por fin un poco de estabilidad institucional.

12 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

SOPLAN VIENTOS de cambio en Ecuador. Lo que nadie sabe es si es el presagio de una tormenta, o la promesa de un futuro mejor. El 30 de septiembre los ecuatorianos acudirán a las urnas para escoger 130 miembros de una Asamblea Nacional Constituyente cuya tarea será reformar la Carta Magna. Y, no hay duda, es mucho lo que está en juego.

 El país, considerado el más inestable en todo el hemisferio Occidental, lleva nueve presidentes en solo 10 años. Y las esperanzas están puestas en que la Asamblea ofrezca por fin cierta firmeza a las instituciones.

La idea fue del presidente, el izquierdista Rafael Correa, quien llegó al poder como fundador y miembro del Partido Alianza País, usando como tema central de su campaña la idea de acabar con lo que denominó la "partidocracia". Para Correa y sus seguidores, Ecuador está gobernado por un sistema político corrupto, de oligarcas, que controlan el Congreso y la Corte Suprema.

Aunque mucho tenga de razón, también es cierto que Correa está usando su popularidad, la cual por momentos ha llegado al 75%, para tratar de imponer un modelo similar al del presidente Hugo Chávez en Venezuela. Ya habla de controlar los medios de comunicación y nacionalizar las empresas del país.

El proceso hacia la Constituyente no ha sido fácil. El Congreso, de mayoría opositora, trató de bloquear el proyecto con una ley que buscaba limitar el alcance de la Asamblea, sobre todo en el sentido de no poder destituir a ningún funcionario antes de terminar su período. Pero Correa respondió reescribiendo dicha ley y añadiéndole sus propios puntos de vista antes de enviársela al Tribunal Supremo Electoral (TSE). 

Para sorpresa de muchos el TSE, liderado por el derechista Jorge Acosta, opositor a Correa y del Partido Sociedad Patriótica, aliado del ex presidente Lucio Gutiérrez, aceptó la propuesta y destituyó a 57 de los 100 diputados del Congreso. Las vacantes fueron llenadas por suplentes, muchos de los cuales rompieron filas con sus partidos y terminaron aprobando otra legislación que sí otorga plenos poderes a la Asamblea una vez sea electa y comience a sesionar durante los siguientes 180 días.

Desde el pasado 15 de agosto 3.229 candidatos, entre los que hay celebridades de televisión, atletas profesionales, reinas de belleza y hasta curas, iniciaron sus campañas de promoción. Un centenar de ellos será elegido en las denominadas "circunscripciones provinciales" y otros 24 en las "circunscripciones nacionales". Los seis restantes asambleístas representarán a las comunidades ecuatorianas en el extranjero: dos por Europa, dos por Estados Unidos y Canadá y dos por América Latina.

El Presidente Correa espera que sean elegidos la mayoría de sus aliados para poder controlar el contenido de las reformas de la nueva constitución. Tanto así que en declaraciones a la prensa afirmó que si Movimiento País no obtiene la mayoría en las elecciones para la Asamblea Nacional Constituyente, renunciará al cargo.

Y es en esa actitud donde los analistas ven los principales problemas.

"Está de moda reformar la Constitución para adecuarla a un momento político en particular, a una visión" -dice Arturo Valenzuela, de la Universidad de Georgetown-. De acuerdo con el analista, esto es un error pues se impone un modelo que no refleja el consenso de toda la sociedad y puede conducir a profundas fracturas.

Según Michael Shifter, del Diálogo Interamericano, Correa parece empeñado en reproducir la experiencia venezolana. Pero, añade, Ecuador no es Venezuela ni Correa es Chávez. Por un lado, porque representa una sociedad mucho más heterogénea. Por el otro, porque no cuenta con los petrodólares que ha usado Chávez para vender su modelo político al interior del país.

"La pregunta -dice Shifter- es si Correa usará su ventaja para acumular más poder o para buscar compromisos que garanticen la gobernabilidad del país. Esto último podría ser riesgoso y hasta impopular entre sus simpatizantes más radicales. Pero será una prueba de fuego que determinará sus virtudes políticas y su temperamento democrático".

En todo caso, es una gran responsabilidad la que tiene sobre sus hombros.

EN BOLIVIA NO ESCAMPA

Si en Ecuador llueve en Bolivia no escampa. El presidente Evo Morales, acosado por los mismos problemas que enredan a Rafael Correa en Ecuador -la falta de mayorías parlamentarias- promovió la convocatoria de una Asamblea Constituyente para reformar la Carta Magna. Morales, como Hugo Chávez en Venezuela, quiere que la Constituyente apruebe un artículo que permita su reelección y otro que ponga fin a la privatización y garantice el proceso de nacionalización de los recursos nacionales.

La Asamblea comenzó a sesionar desde agosto del año pasado y a la fecha no ha aprobado un solo artículo. Hoy anda paralizada y lo peor es que el mandato expira el 14 de diciembre.

El ambiente está más caldeado que nunca.  Morales, que controla los medios de comunicación, denunció hace poco un plan de la oposición que busca hacer fracasar la Constituyente y luego derrocarlo para nombrar como nuevo presidente al actual alcalde de Potosí, René Joaquino. La situación ha dado paso a violentos disturbios entre la Policía, estudiantes de Sucre -donde sesiona la Asamblea- que quieren que su ciudad se convierta en la sede del Gobierno, y el Congreso boliviano. La Constituyente también ha tenido que aguantar las marchas de indígenas que piden que la nueva Carta declare su autonomía frente al Estado.

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