Puntos de vista / Diógenes, el can

Puntos de vista / Diógenes, el can

Miguel Ángel Vanegas

12 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

En mis tiempos de 'chino de escuela' leí un poema de Ramón de Campoamor: 'Las dos grandezas'; aún recuerdo, entre versos, algo así: "...Yo soy Alejandro el rey / Y yo, Diógenes, el can (...) ¿Qué quieres de mi?/ Yo, nada; que no me quites el sol". 

Lo traigo a colación por lo que vimos en la Plaza de Bolívar en Bogotá. Luego de cientos de kilómetros caminados, el profesor Moncayo logra sacar del marasmo y la indiferencia al país, convocando la consciencia nacional en torno al Acuerdo Humanitario para obtener la liberación de su hijo y de todos los secuestrados de esta Colombia tan autista como enajenada.

Un clamor que se elevó desde todos los rincones de Colombia y que fue creciendo en tanto el 'Profe' se acercaba a Bogotá.

Aquel jueves, la soberbia y la arrogancia juntas, encarnadas en la actitud presidencial por todos conocida, como a un convite de peluquines y mascaradas, llegó disfrazada de humildad a encontrarse con la sencillez y el estoicismo trágico del caminante de la paz, el 'Profe' Moncayo, quien obraba motivado, no por las encuestas a las cuales estamos acostumbrados, sino por el dolor que embarga a miles de colombianos comunes y corrientes que con angustia ven cómo el señor Presidente, con altanería y locuacidad, vocifera y ordena "bombardear las guaridas de los bandidos de las Farc", sin importarle la vida de los más de tres mil retenidos que tienen en su poder.

Llama la atención su descompuesta figura frente a la mansedumbre con la cual anuncia una cruzada nacional en favor de la aplicación del delito de sedición a los paramilitares, haciendo evidente una vez más, esa 'extraña' solidaridad con los grupos armados de extrema derecha.

No se entiende para nada, la arremetida presidencial contra el llamado del profesor Moncayo a que no se le mienta más al país. Las Farc y el Gobierno no deben demorar más en sentarse a dialogar.

Los caminos de la paz son distintos a los del Acuerdo Humanitario, pero es muy posible que estos conduzcan a los primeros entendimientos. El señor Presidente no puede, es inmoral hacerlo, condicionar el Acuerdo Humanitario a la solución de un conflicto que tiene más de medio siglo de historia.

La impresión que tengo es que las salidas de casillas del señor Presidente están dejando a la vista el agotamiento de la institución presidencial en medio de tantos consejos comunitarios que además de inútiles socavan la ya maltrecha democracia local.

El temor que más me asalta es que sus seguidores, enceguecidos por la figura mediática, terminen endiosando a Álvaro Uribe, tal como el pueblo soviético hizo con Stalin. Ya sabemos a qué atenernos.

El poema de Campoamor continúa: "Vivir podré aborrecido... mas no moriré olvidado", dice Alejandro, a lo cual contesta Diógenes: "Viviré desconocido... mas nunca moriré odiado". Apuesto a que nos gustó y lo vamos a leer. 

Profesor de Unillanos

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