El Dane en problemas

El Dane en problemas

Las inquietudes en torno a la encuesta de hogares y al Censo han afectado la credibilidad de las estadísticas oficiales, afirma Mauricio Santamaría.

12 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

POR MAURICIO SANTAMARÍA
Economista y ex subdirector de Planeación Nacional.

LA RENUNCIA del Director del Dane, ocurrida en días pasados, avivó una polémica que se había generado sobre la validez de las cifras que produce esa entidad, especialmente las relacionadas con el mercado laboral y con variables demográficas que se desprenden tanto de las encuestas de hogares, como del Censo de 2005. Esta confusión se dio por la forma intempestiva y las circunstancias que rodearon la renuncia del Director, aunados a sus denuncias de presiones. Sin embargo, un análisis más desapasionado de los hechos muestra que sí existen algunos elementos objetivos que minaron la tradicional fortaleza y credibilidad que siempre ha caracterizado a esta institución, líder en Latinoamérica en la producción de estadísticas de alta calidad.

Para comenzar, vale la pena anotar que el prestigio, tanto nacional como internacional, que ha acumulado el Dane es muy importante y, en consecuencia, las acciones hacia el futuro deben concentrase en fortalecer este importante activo y mantener la independencia que siempre lo ha caracterizado. Por eso, el trabajo debe enfocarse principalmente a corregir fallas importantes, relacionadas con aspectos metodológicos, en tres áreas fundamentales, que constituyen los elementos objetivos de deterioro mencionados.

El primero de ellos es, sin duda, aclararle de una vez a la opinión especializada, y al público en general, si los cambios metodológicos introducidos a la encuesta de hogares en julio de 2006 afectaron o no la comparabilidad en el tiempo de las cifras del mercado laboral. Este hecho es de vital importancia ya que las modificaciones fueron de gran magnitud y varios analistas, tanto desde el Gobierno como desde la academia, han solicitado en repetidas oportunidades claridad a este respecto. En efecto, el director del Observatorio del Mercado Laboral de la Universidad Externado, Stéfano Farné, ha llamado la atención sobre este hecho en repetidas oportunidades desde su columna en el diario Portafolio, así como lo han hecho importantes centros de investigación como el Cede de la Universidad de Los Andes y organismos internacionales como la Cepal. Desde la orilla pública, el Banco de La República y el Departamento Nacional de Planeación hicieron varias veces esta solicitud al Dane, obteniendo siempre una respuesta negativa.

Hasta la fecha, lo único cierto, en lo que tiene que ver con las cifras de empleo y desempleo, es que hay gran confusión, lo cual impide un análisis serio de la evolución de estas importantes variables, hecho que por lo tanto afecta el diseño de políticas públicas apropiadas. Así, mientras no se sepa si los cambios metodológicos afectaron o no la evolución de las series, será imposible contar con información veraz a través del tiempo, es decir, existirá un quiebre en la serie en 2006 que impide la comparabilidad de los datos. Pero determinar si las modificaciones afectaron o no la evolución de las cifras no es una tarea fácil ni una que se pueda acometer con discusiones entre funcionarios. Ante la ausencia de encuestas paralelas que debió haber acometido el Dane cuando introdujo los cambios para determinar su impacto, se requiere de experimentos de campo que las reemplacen, aunque de manera imperfecta. En efecto, la rigurosidad estadística indica que lo adecuado es dejar que los datos sean los que muestren si las "mejoras" influyeron o no en la comparabilidad de las series.

El segundo tema que se debe abordar con celeridad es el del acceso a las bases de datos de las encuestas de hogares, los llamados "microdatos". Para los académicos es inconcebible que, después de 30 años en que esos microdatos han sido de libre disponibilidad por parte del público, esta se haya restringido con argumentos no muy creíbles a partir de diciembre de 2006. En efecto, se ha dicho que el acceso a los microdatos se eliminó por guardar el derecho a la intimidad de los encuestados. No obstante, en la práctica es imposible identificar a esos individuos en las encuestas ya que estas no contienen ninguna información sobre nombres, direcciones, documentos de identidad o cualquier otro elemento similar. En todo caso, como se dijo, las bases de datos siempre han sido públicas, por lo menos en el período de 1984 a junio de 2006, lo que pone de relieve el hecho de que la confidencialidad no es lo que importa.

En el futuro se debe tener en cuenta que no poner los microdatos a disposición del público es un tema que debilita muy rápidamente la credibilidad, no sólo del Dane, sino de cualquier instituto estadístico, lo cual se debe corregir veloz y tajantemente. En efecto, es impensable que no se ponga en tela de juicio la credibilidad de esta institución si ni el Gobierno, ni los investigadores, ni el público tienen acceso a los datos con que se construyen las estadísticas. Como ha sido comprobado en diversos países, el hecho de que estas bases sean de uso general es una garantía de la calidad de las estadísticas que se calculan con ellas y, por lo tanto, fomenta la transparencia y credibilidad de la institución. Además, estos microdatos son la base fundamental para casi toda la investigación que desarrolla la academia en temas sociales, que a su vez sirve para el diseño de políticas sociales adecuadas. Por lo tanto, restringir el acceso no beneficia a nadie.

Finalmente, y teniendo en cuenta que se han oído una serie de críticas provenientes de diversos sectores sobre la calidad de los datos del Censo de 2005, es indispensable que se haga un análisis serio sobre los resultados de este vital instrumento, del cual dependen total o parcialmente, entre otras cosas, la distribución de las transferencias para salud y educación, la asignación de otros recursos públicos destinados a temas sociales y los marcos muestrales para las encuestas de empleo. Entonces, al no existir claridad en el país sobre la idoneidad de las cifras, la eficiencia del gasto público se compromete seriamente. Es por esto que se requiere actuar en este campo con la mayor rapidez, compromiso y destreza técnica. Vale la pena anotar, de paso, que tampoco se han puesto a disponibilidad del público los microdatos del Censo, a pesar de que se realizó hace dos años.

Todo lo anterior deja en claro que más allá de la polémica en torno a la renuncia, el debate de fondo es garantizar que las cifras del Dane sean obtenidas en un marco de profesionalismo y transparencia, con el fin de que los resultados tengan la legitimidad necesaria en todo ejercicio estadístico.

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