Unas 300 madres tejerán un mapa con fotos de víctimas, hoy en la Plaza de Bolívar

Unas 300 madres tejerán un mapa con fotos de víctimas, hoy en la Plaza de Bolívar

Sus hijos fueron asesinados, desaparecidos o secuestrados y por eso organizaron el movimiento nacional 'Madres por la Vida'. No quieren venganza, pero sí, verdad, justicia y reparación.

11 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

"Yo tuve la dicha de que encontré el cadáver. Lo enterré y voy al cementerio y hablo con él y le cuento cosas de la casa", dice Luz Adriana Cataño, una habitante de Barrancabermeja a quien los paramilitares le mataron a su esposo en abril del 2003.

A pesar del dolor que aún siente por la muerte de su compañero, José Antonio Esparza, Luz Adriana se considera afortunada porque tuvo un cuerpo al cual velar y darle una sepultura digna.

Junto a Luz Adriana están otras tres mujeres con tragedias similares o más dramáticas.

"No queremos venganzas, perdonamos a quienes nos mataron a seres queridos. Queremos que el Estado nos garantice verdad, justicia y reparación y que estos hechos nunca más se repitan", dice Gladys Macías, coordinadora en Santander de la Red de Iniciativas por la paz, Redepaz.

Esta organización es la organizadora de la Semana por la Paz, que se cumple por estos días en el país, y cuyo evento central es la cita de estas madres de personas asesinadas, desaparecidas o secuestradas.

Ayer, las mujeres, que se identifican con camisetas y letreros de Madres por la Vida, trabajaron todo el día en un hotel del centro de Bogotá en la creación de los objetivos, el logotipo que las identificará y en un listado de propuestas que entregarán en las próximas horas al Gobierno Nacional.

Sobre una cartulina blanca, una de ellas trazó con marcador negro la silueta de una mujer embarazada. En el vientre le pintó un mapa de Colombia relleno con los colores amarillo, azul y rojo.

En otro salón, seis mujeres elaboraban una lista de las cosas que debería tener el país en el que quieren ver crecer a sus hijos.

"Trato digno para las víctimas", dijo una de ellas. Y enseguida agregó: "Aquí le dan mejor trato a los victimarios".

"Un país donde no se apaguen los sueños", dijo otra.

Luego siguió una lista encabezada por 'amor' y 'tolerancia'.
Al pie de una de las cartulinas se hallaban Patricia Carabalí y
Xiomara Caicedo, dos habitantes del municipio de Buenos Aires (Cauca)y dirigentes de la Fundación Renacer Siglo XXI.

Sus historias son espeluznantes. Cuentan que los paramilitares aparecieron en esta zona en junio de 1999.

Anunciaron su llegada con el asesinato de tres campesinos del corregimiento La Ventura. Durante dos años, cuentan las mujeres, masacraron gente en toda la región y luego reunieron a unos 600 hombres para cometer la masacre del Naya, en abril del 2001.

Las dos mujeres hablan de violaciones, descuartizamiento, vivos, de campesinos y otros actos demenciales cometidos a menos de una hora en carro desde Cali, sin que ninguna autoridad interviniera.

A la cita también llegó Cecilia López, una desplazada por los 'paras' de la Gabarra y Olga Delgado, desplazada por los paramilitares primero y luego por la guerrilla de Caquetá y Putumayo.

Algunas de ellas dejaron tirados los cuerpos mutilados de sus familiares. Tan escalofriantes son sus vivencias que por eso, para viudas como Luz Adriana Cataño es un gran alivio poder tener un cuerpo para velar y sepultar.

El estigma de 'Los paraquitos'

Las 200 familias que conforman la Fundación Renacer Siglo XXI, en el municipio de Buenos Aires (Cauca), quieren que el Gobierno les ayude a combatir un estigma que crece en su región y que
podría generar violencia dentro de algunos años.

Las víctimas del señalamiento, según cuentan las representantes de esa organización, son unos 30 niños entre los 4 y 6 años, fruto de relaciones legales o de violaciones por parte de los paramilitares que azotaron la región.

"Algunos de ellos conquistaron a muchachas de algunas veredas y en otros casos las violaron", dice Patricia Carabalí, de la fundación Renacer siglo XXI.

A los niños que nacieron como producto de estas relaciones, asegura Patricia Carabalí, la gente les dice los 'paraquitos'.

"Tememos que debido a esa estigmatización los niños se conviertan más adelante en generadores de violencia o que alguien quiera tomar venganza contra ellos", agrega.

Cerca de 20 representantes de esa organización llegaron hasta Bogotá para pedirle al Gobierno que les dé garantías de que no se volverán a repetir las masacres ni los hechos espeluznantes que cuentan.

JOSÉ NAVIA
EDITOR DE REPORTAJES DE EL TIEMPO

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