Opinión / Facebook y los siete enanitos

Opinión / Facebook y los siete enanitos

Por Emma Jaramillo Bernat

11 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Ahora existo, y antes de disolverme o de cobrar verdadera vida, debo escribir, rápido, lo más rápido que pueda, antes de que Facebook me comience a gustar.

Facebook... Reino de simulación y desencanto, de príncipes azules y lugares maravillosos, de cortesanas dispuestas a ser desposadas con rotas zapatillas de cristal a la moda, y brujas chismosas que ahora le preguntan a la pantalla: "espejito, espejito, ¿quien es la más bonita?".

Este sitio, que intenta tejer redes sociales es uno de los más visitados en Internet  y pretende conectar a personas diversas entre sí.

Mundo lleno de curiosidades, hecho de laberintos y de pequeñas pistas con mensajes curiosos dejados en el camino.

Desde hace meses ocupa un lugar muy importante en las conversaciones de los estudiantes universitarios, que lo están comenzando a adoptar como medio de comunicación predilecto.

En una historia de facebook, la protagonista camina a ciegas por el bosque y le pregunta a los árboles donde encontrar un lugar seguro. Sabe que desde alguna comarca cercana alguien la espía... Los pájaros cuchichean entre ellos.

El cazador se esconde con una cámara fotográfica entre los arbustos a la espera de su mejor ángulo y se prepara cuidadosamente para la arremetida. Sabe que para robarle el corazón debe capturar, minuto a minuto, la rutina de aquella mujer.

Ella sabe que su imagen viaja a algún lugar vía satelital, y que se sucede en el espejo de alguna bruja junto a las fotos de las princesas de todos los reinos del mundo.

Y eso la hace sentirse triste.

Pero ahora piensa en Rapunzel, que gracias a las fotografías que le tomaba un halcón que lograba llegar hasta la cima de la torre, encontró un hombre dispuesto a escalar por sus cabellos y rescatarla de su soledad.

No puede ser tan malo- pensó.  Y se comenzó a arreglar el pelo deseando ella estar igual de linda para un misterioso caballero que no conocía, pero que tal vez justo ahora la estaría viendo.

Siempre peinándose y echándose brillo para no perder la vitalidad de sus característicos labios rojos. Así comenzaron a pasar horas y horas frente a ella.

Entonces se arrepintió. Pensó en otras princesas que habían arruinado su vida por dicha obsesión. - Hasta dormidas se quieren sentir bellas. Se dijo lamentándose por la bella durmiente.

- O tal vez terminan enamorándose de reyes de tierras muy lejanas. Imaginaba mientras  suspiraba por el frustrado amor de Pocahontas.
Para evitar el aburrimiento pensaba en las extrañas reglas de aquel mundo. Allí todo funcionaba al revés: en él invitar era una manera de no invitar y felicitar la excusa perfecta para no hacerlo.

Se reía de la más sabia frase jamás pronunciada desde que se adentró en el bosque:          -Wow, por fin voy a poder demostrarle a todo el mundo que mi mejor amiga no es imaginaria. Decía el mensaje que Cenicienta, su mejor amiga, había dejado en la puerta de entrada.

Mientras tanto, Blanca nieves seguía a la espera de su príncipe. Y nada que llegaba. ¿Por qué tardaba?

Pero ella sabía cómo averiguarlo. Si mordía la manzana podría ver qué estaba haciendo. Y la curiosidad pudo más que el miedo.

Entonces mordió y aparecieron cientos de fotografías. Era él acompañado de una princesa de origen oculto.

Estaban en un viaje, luego en su cumpleaños, después en un hermoso carruaje que los llevaba a una playa, y finalmente aparecían dándose el beso que ella aún estaba esperando.

Lloró, pero ganó el orgullo. Y se dijo: - Ahora él me verá más linda que nunca. Y mucho más feliz.

Se hizo amiga del cazador y ahora se tomaba fotos con él: abrazados, cogidos de la mano y corriendo por el bosque. Pero ella, cada vez que él se distraía, tomaba su cámara, se registraba en el sistema interreinal y miraba el status de su príncipe, a la espera del tan anhelado single.

Y se quedó esperando. Entonces descubrió que a veces la verdad duele, y a veces es mejor no verla.

Hay imágenes que preferimos guardar. Miedos que escondemos tras el delete. Son tantas cosas que queremos que los otros no sepan, y al tiempo, tantas cosas que queremos saber...Blanca nieves se arrepintió de morder la manzana de tan misterioso sabor.

Se quedo dormida frente a la pantalla y de repente despertó. Ella no era Blanca nieves. A su alrededor no había un mágico bosque, ni mucho menos un cazador que le quería robar el corazón; tampoco su príncipe besando a otra princesa.

Tuvo una pesadilla...Entraba a Facebook, escribía un artículo en el que lo comparaba con el cuento de Blanca nieves, y en él confesaba que en el fondo ya no se quería salir.

Emma Jaramillo Bernat.
Comunicación Social.
Pontificia Universidad Javeriana.

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.