Sobrecogedor relato de la búsqueda de los cadáveres de los diputados en la selva

Sobrecogedor relato de la búsqueda de los cadáveres de los diputados en la selva

Los expedicionarios de cinco países que acompañaron la comisión de la Cruz Roja dicen que lugareños nunca supieron que iban a descubrir esas tumbas.

10 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Rodeados de una selva tan tupida que no deja ver cielo y donde las botas se entierran en fango grueso, los ocho expedicionarios callaron al descubrir la primera tumba que buscaban en la costa del Pacífico en Nariño.

El ex ministro Alvaro Leyva, con camisa embarrada y mojada, se acordó, entonces, de leer el Salmo 22 que le señaló un sacerdote.

Habían pasado cuatro días en esa maraña donde se ocultaba la muerte de 11 ex diputados del Valle. Para llegar allí el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) pidió permisos no solo de las 'dos partes' (el Gobierno y las Farc), sino de grupos como la Nueva Generación de paramilitares.

Pese a esa garantía, la selva provocó más de un escalofrío a la comisión de cinco países (Suiza, España, Inglaterra, Argentina y Colombia), que llegó con coordenadas de las Farc y esperaba salir ese mismo día con los cuerpos.

El domingo 2 de septiembre, cuando una información presidencial tenía corriendo a los medio tras la entrega de restos en Corinto, la comisión se reunía en Cali a mirar mapas y documentos.

Un forense argentino, con experiencia en el conflicto de Sri Lanka (Asia), explicaba las posibles condiciones de los cuerpos en selva tropical.

El lunes 3 en un helicóptero ruso de carga, la comisión se topó con un bosque impenetrable. Solo al lado de un riachuelo, la nave pudo acercarse a un metro de tierra.

Los expedicionarios saltaron y se soprendieron porque dos equipos de localización (Uno de Leyva) marcaban coordenadas distintas.

El grupo improvisó esa noche su campamento. Leyva, veterano en entrar a territorios buscando diálogo, perdió su colchoneta y tuvo que envolverse en mantas, en una oscuridad de moscos y ecos.

El martes la comisión se dividió en dos grupos, amparados en brújulas. El miércoles siguió la incertidumbre y unas explosiones a los lejos que revelaban la guerra cerca. Las provisiones de agua y alimentos escaseaban. El arroz fue desayuno y cena.

El único alivio estuvo en haber encontrado a lugareños que decidieron acompañarlos 'sin saber donde iban'. Su solidaridad conmovió a Cristoph Nogx, coordinador de la búsqueda.

Los brazos de ellos permitieron abrir especies de trochas para cruzar encrucijadas de ramas y raíces. Por un radio la comisión escuchaba los plazos que fijaba el Gobierno. El jueves parecía diluirse hasta la tarde cuando apareció una esperanza dolorosa: un campamento destruido. Luego un hornillo, les dijo que estaban cerca.

En un piso que no es barro, sino greda, dice Leyva, con herramientas los expedicionarios expertos tocaban el terreno hasta cuando hallaron una cobija de hojas, debajo de la cual había tablas.

Eran las 4:45 de la tarde y la comisión decidió que era prudente esperar al día siguiente para sacer eser cuerpo. Ese viernes fue duro porque había que llevar los equipos para sacar los restos.
Solo al mediodía vieron el primer cuerpo, que como los otros 11 estaba envuelto en cobijas y un plástico negro grueso.

Todos los cuerpos bocarriba, nueve con sus manos en el pecho, y dos con uno de sus brazos a un lado.

Eran fosas de 1,90 metros por un metro. Los restos se sacaban en forma milímetrica y cuidadosa, dirigidos por el forense argentino.

Solo el sábado se pudo terminar ese rescate y se comprobó que no había más tumbas cerca. Pero había otra duda: Cómo sacar los cuerpos de allí. Leyva dice que ni en un cuento mal contado se podría creer que esos cuerpos podrían ser cargados desde ese rincón de Nariño hasta la frontera del Valle y Cauca.

Se usaron motosierras, para permitir que el helicóptero bajara, sin tocar tierra.

Se hicieron dos viajes, uno de cinco y otro de seis, con los cuerpos hasta ese punto.

Los expedicionarios se despidieron de los lugareños que se quedaron con miedo de pagar esa solidaridad suya con sus vidas.

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