Columna abierta/ Tiemblen infieles de Sogamoso

Columna abierta/ Tiemblen infieles de Sogamoso

Por Alberto Parra Soto

10 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.
El proyecto de ley del senador Espíndola que pretende castigar a los casados infieles debe tener a muchos sogamoseños con el semblante pálido y con rechinar de dientes por las posibles consecuencias de ir a parar a la cárcel o a quedar en la más absoluta pobreza, si las sanciones son acumulativas y si el citado proyecto llega a convertirse en Ley de la República.

No sé por qué la propuesta del ex alcalde de Sogamoso está cargada, en mi opinión, de una soterrada y perversa intención de castigar directamente a mis infieles paisanos, pues muy seguramente para presentar su radical propuesta debió servirle de laboratorio el disoluto comportamiento de algunos de los sogamoseños.

El asunto cabe como anillo al dedo, si nos atenemos a las noticias que se conocen sobre lo que pasa en nuestra ciudad con el auge inesperado de la danza de los millones de la bonanza monetaria, que se ha venido dando por la venta de las acciones de Acerías Paz del Río, y el comportamiento de algunos licenciosos, que han disparado exponencialmente todos los precios del comercio y de los servicios, especialmente de los que mis amigos llaman de terapias sexuales.

Según el correo de las brujas, se nos informa que una señora muy conocida en Sogamoso, experta en terapias amatorias y quien ha manejado desde tiempos bíblicos estos servicios en la ciudad, ha tenido que solicitar varias remesas urgentes de personal nuevo, con contratos a futuro para poder atender la creciente demanda de paisanos carentes de cariño.

Es sabido que Sogamoso desde mucho tiempo atrás no ha gozado de muy buena reputación que digamos, pues desde que el cura Larrañaga, a mediados del siglo pasado, y quien desde el mismo púlpito de nuestra propia catedral nos maldijo y calificó como la nueva Sodoma y Gomorra, arrastramos un estigma de no ser muy fieles a la religión católica y, según se dice, por malquerientes, muy afectos a los placeres de la carne.

No se nos escapa que con tales antecedentes y de los actuales comportamientos de mis disolutos y ricos paisanos, el nuevo Girolamo Savonarola, vengador de la moral, pretenda castigar a los infieles hombres sogamoseños, pues parece que la propuesta va dirigida solo a estos y no a las otras que son la mitad del género humano.

El problema de nuestros promiscuos paisanos obedece a que clínicamente se encuentran insatisfechos y faltos de cariño, lo cual explica el asunto mas no justifica la creciente deslealtad con sus contrapartes, fenómeno que se observa hoy con la llegada de especialistas en artes amatorias a la ciudad.

¡Qué tiemblen los infieles del país y especialmente los de Sogamoso porque no les alcanzará ni su capital, ni los años que les queda de vida para purgar y pagar sus execrables culpas de infidelidad!

Pero tranquilos, pues de aprobarse la norma, nuestra Constitución establece que ninguna Ley puede ser retroactiva y menos que en el contrato matrimonial, que yo sepa, se haya incluido hasta la fecha alguna cláusula sancionatoria a la fidelidad.

Por otra parte los debates en el Congreso demorarán el tiempo que han durado las discusiones bizantinas sobre la naturaleza sexual de los ángeles...

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