Cientos de familias colombianas decidieron entregarse al judaísmo sin tener nacionalidad israelí

Cientos de familias colombianas decidieron entregarse al judaísmo sin tener nacionalidad israelí

Todos los viernes a las 6 de la tarde, las luces del apartamento 401 del conjunto Buganvilles, del barrio Galán, en el sur de Bogotá, se apagan y solo se vuelven a encender pasadas 24 horas.

08 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Es el inicio del shabbat (sábado), día en que los dueños de casa no pueden trabajar. Solo orar y reflexionar. Nada de radios ni televisores prendidos. Es un día de respeto.

Desde afuera se escuchan oraciones y cánticos en una lengua extraña. Sus residentes encienden nueve velas, comen pan trenzado con sal y toman vino tinto. A esa hora, según Julie Patiño, una de las habitantes del 401, pasan los ángeles o malajines bendiciendo el hogar.

"Shalom", dice Vianey Loaiza, su madre, una esteticista de profesión, deseándoles buenas nuevas a sus dos hijas y a su yerno, con quienes celebra el shabbat.

Esta familia es una de las que, en los últimos años, decidieron entregarse por completo al judaísmo sin tener la sangre ni la nacionalidad israelita y menos la ascendencia, condiciones indispensables para ser llamado judío.

Son personas comunes y corrientes que después de haber hecho parte de otras religiones tienen como meta -la mayoría- convertirse en judíos y vivir en Israel, la tierra prometida.

Se rigen por la Torá (su Biblia) y aprenden a leer y escribir en hebreo, la lengua oficial de Israel. No se reúnen en sinagogas, sino en modestas viviendas de estrato 3 y hasta en garajes.

Los niños son sometidos a estrictas reglas del judaísmo, como la circuncisión, y los varones adultos también deben hacerlo. Uno de ellos es Richard Correa, universitario de 26 años que hace tres decidió efectuarse ese procedimiento como un pacto con Hashem, el Eterno, el Creador, su Dios. También fue un pacto de fidelidad con su esposa.

Correa pertenece a una pequeña comunidad que en Bogotá practica el judaísmo convencional. Se hacen llamar Benei Noah (hijos de Noé). Son 30 personas que, al igual que la mayoría de judíos del mundo, esperan la primera llegada del Mesías, y adoran únicamente a Hashem. Para ellos, Jesús no fue el Mesías. Solo existe el Padre.

Correa y sus compañeros de confesión anhelan empezar una nueva vida en Israel. De ellos, ninguno ha salido del país, pero trabajan y ahorran para hacer su sueño realidad con el paso de los años.

'Esto se volvió una moda'


Es tal el auge del judaísmo en Colombia que existen otras congregaciones que, aunque también practican esta religión, optaron por vertientes distintas de la misma. Es decir, no veneran al Creador sino al hijo, a Jeshua (Jesús). Al contrario de los judíos convencionales, para estas comunidades, llamadas mesiánicas, el
Mesías ya vino y esperan que venga a la Tierra nuevamente.

Raúl Rubio es el pastor de la Fundación Mesiánica Yovel, que nació hace ocho años en Bogotá. Congrega a 120 familias que practican dicha doctrina. Según él, la misión de su comunidad es vivir al igual que lo hizo Jesús, "el más judío de los judíos".

Rubio, de 36 años, dice que ni a él ni a la mayoría de su congregación les interesa convertirse. "No nos importan los títulos de los hombres", advierte Rubio, quien afirma que en Colombia el judaísmo se volvió una moda. "Hay un boom de seudojudíos y seudorrabinos que nada tienen que ver con la identidad del judaísmo. Hay gente que de un momento a otro se siente judía, y eso no se improvisa", puntualiza Rubio. No hay un inventario oficial de cuántas congregaciones practican el judaísmo en el país, aparte de los 5.000 judíos verdaderos.

Sin embargo, el rabino Alfredo Goldsmith, un argentino de 62 años radicado hace 30 en Colombia y vocero de una de las tres comunidades oficiales de Bogotá, afirma que estos grupos se han multiplicado a una velocidad impresionante en todo el país.

Goldsmith ve con buenos ojos a las personas ajenas (gentiles) que profesan su religión, siempre y cuando no se declaren judíos sin haber pasado por el halajá.

Ese es el proceso oficial de conversión: seguir al pie de la letra las tradiciones, aprender hebreo y regirse por la Torá, entre otros requisitos.

"Es un proceso muy exigente del que muchos desisten", comenta el rabino, al explicar que en los últimos 40 años 200 colombianos se han convertido. En la actualidad, hay solo cinco peticiones en curso.

Además de la voluntad y el convencimiento de querer ser judío, el aspirante debe subsidiar los gastos del aprendizaje, que dura dos años, y el desplazamiento adonde se oficializa la conversión, con un baño ante un tribunal rabínico. Hay tres sitios en el exterior donde culmina este proceso: Estados Unidos, Israel o Argentina.

El abecé del judaísmo

Tradiciones. Reciben el sábado con una celebración llamada 'shabbat'. Celebran otras fiestas, como el hánuka, en diciembre. Su año comienza el 12 de septiembre.

Comida. Sus alimentos deben ser puros (kosher). Este certificado aparece en algunos productos comerciales. No comen cerdo ni nada que contenga sangre. No mezclan la leche con la carne.

Idioma. Es el hebreo, que se escribe de derecha a izquierda. El alfabeto tiene 22 letras.

Población. En el mundo hay 13 millones de judíos. La comunidad más grande está en Estados Unidos. Le sigue Israel. En Colombia hay 5.000 y llegaron en el siglo XIX.

Circuncisión. Los niños son sometidos a este procedimiento a los ocho días del nacimiento para confirmar el pacto entre Hashem y su pueblo.

Los adultos conversos también deben circuncidarse.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
REDACTOR DE EL TIEMPO

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