Paula O. presenta su "marco teórico"

Paula O. presenta su "marco teórico"

06 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

No sé si en nuestras conversaciones hemos hablado del fondo del asunto. Quiero decir, qué pasa en mi vida, que permite que no sienta ninguna inhibición haciendo las cosas que hago o con la forma como manejo mi vida.

Trato de buscarle varias explicaciones, porque es raro que una persona como yo, criada bien, con muchos principios y valores ¿que irónicamente conservo y hacen que mi vida, en lo práctico, sea organizada y estable¿, por otro lado sea tan liberada de pensamiento y no le vea problema a esta vida de obtener ocasionalmente beneficios materiales a cambio de sexo y diversión.

Aunque no sea el tema central de mi vida, también porque así lo escogí (me imagino que en busca de un equilibrio psicológico), muy en lo profundo de mi ser creo que todo esto está relacionado con la soledad que siento, ya que nunca he sido de muchos amigos.

No me interesa compartir con mucha gente, pues creo que para pasar el rato está bien que sea con muchas personas, pero ya para darles cabida en tu vida y de alguna forma entregarles tu corazón y tu cabeza sería inútil, porque el común de la gente no logra comprender muchas cosas que tienen un sentido más allá de lo que logran ver sus ojos y oír sus oídos, y estar en el plan de tratar de explicarles o hacerles entender por qué uno piensa o actúa de cierta forma es para mí perder el tiempo.

Cuando estoy en medio de una de estas situaciones de rumba-plata-sexo-placer hago lo que quiero, nadie me juzga. Por supuesto, nadie en esas situaciones está en el derecho moral para decir nada, y para mí es una vía de escape a emociones de mi interior. La plata o el beneficio material, el que sea, son un plus a algo que me desfoga la cabeza y el alma. ¡En serio! Suena raro, ¿verdad? Una situación de desorden que de alguna forma te sirva para aliviarte el espíritu. Es raro.

También es la vía para liberar la frustración de pensar que me considero un buen ser humano, una mujer especial, de verdad más especial que el promedio (uno reconoce dónde está ubicado dentro del mercado femenino), porque tengo sentimientos buenos, porque tengo mucho que entregar a nivel emocional, porque sé que cuando alguien está a mi lado se siente feliz y le aporto mucho a su vida, porque soy lo que la gente llama bonita y buena ¿a mi esa parte no me interesa mucho¿ y, en fin, una mujerota más linda por dentro que por fuera. Y la frustración constante es desear con todo el corazón tener un sentido de pertenencia con alguien y con algo, porque estoy cansada de vivir sola, cansada de tanta libertad y de que nadie me diga nada, ni bueno ni malo, aburrida de trabajar para mí sin ninguna otra motivación más que yo misma, que con el tiempo ya se desvaneció.

Porque uno ve muchas mujeres normales, nada especiales, con unas vidas muy chéveres, organizadas, con personas a su lado que las quieren, valoran, respetan y que han armado un proyecto de vida juntos, y ahí es cuando me pregunto, dónde está la justicia de la vida, ¿por qué una persona como yo no ha podido conseguir eso? ¿Será precisamente ser tantas cosas tan buenas y tan poco comunes lo que les da miedo a los hombres?

No es que yo diga que estar casado o vivir en pareja sea la situación ideal; hay mucha gente que lo está y es absolutamente infeliz, pero yo sé que si tuviera la oportunidad de hacerlo y con una persona adecuada podrían funcionar muy bien las cosas. He logrado, de pronto, con la experiencia, acumular algo de madurez o preparación para enfrentar una situación así y ser feliz con alguien.
Pensar en eso me da mucha rabia, tristeza, me hace sentir que no valgo mucho y ¡qué carajo! Ya que no tengo en la vida lo que quiero, ¡qué importa hacer locuras! Al fin y al cabo a nadie le importa mi vida, si estoy o no estoy.

Entre más juiciosas, más buena-gente, chéveres y comprensivas somos, menos buenos hombres conseguimos. Y uno ve, porque es cierto, que a los hombres les encantan las manipuladoras, las llenas de problemas, las jodonas, las pone-cachos, las que han sido el diablo y con su carita de yo no fui convencen. No saben los paquetes chilenos que se llevan. Pero así es la vida de irónica.
Entonces eso me da mucha rabia, porque si no lo valoran a uno que es bueno en esencia, pues seamos terribles y desordenémonos, que al fin y al cabo qué importa.

El mundo y Colombia en particular están llenos de hombres que perdieron el respeto por la mujer. Claro, también es culpa de las mujeres que se han vuelto muy putas. Digo esto queriendo decir mucho más que algo relacionado con el cuerpo: están putiadas en la cabeza y en el corazón; no se valoran; permiten que las maltraten, que las irrespeten en todos los sentidos, que les pongan cachos sin importar si se dan cuenta o no. Finalmente, porque se regalan por un plato de lentejas. Eso es todo lo que les importa. Y por tener un macho ¿me refiero solo al género¿ que les ronque al oído, sin importar si es bueno, malo, bonito, feo, justo, grosero o un príncipe. Tan solo tener alguien al lado, así toque aguantarse lo que sea. Eso sí es putiarse de verdad, no vivir tranquila ni ser feliz y estar en esa situación. Uno se da cuenta porque muchos de los amigos de esta historia que voy a contar son hombres casados o comprometidísimos con sus novias para casarse, y ellas saben que se les pierden, y aparecen al otro día vueltos nada, trasnochados, culiados hasta por las orejas, enguayabados, drogados y con una cara de ponqué, pero ellas prefieren quedarse calladas, porque ahí está el futuro asegurado.

Al fin y al cabo, esa es la naturaleza del ser humano, ellos vuelven a sus casitas con su mujercita y la siguen queriendo igual, pero está claro que la diversión de verdad está por fuera, tanto para hombres como para mujeres. Lo cual no tiene nada de malo si uno pone en la balanza las cosas y la balanza se inclina a favor de uno. Solo cada persona sabe qué es importante para ella. Pero lo tenaz está en que uno se aguante esas situaciones y la balanza esté muy por debajo de tu beneficio (todo en la vida es costo-beneficio), pues, mientras uno obtenga lo que quiere no importa lo que toque hacer y lo que toque aguantarse.

Pero las mujeres sí deberían hacerse rogar más para que se las coman: es lo único que ellos quieren. Que les cueste más trabajo. Porque ahora ellos ya no quieren hacer ningún esfuerzo, porque ya no tienen necesidad. Y después hay mujeres que se están quejando que ellos no son detallistas ni amorosos. Ahí tienen, ¡por bobas y regaladas! Esto va para todas las mujeres en general: ponerse en su puesto y hacerse desear un poco más.

Entonces, como no hay por ahí mucho hombrecito inteligente y sabio para saber lo que quiere de la vida y valorar, y como sabemos que ellos solo quieren una cosa de nosotras y la vida esta muy cara y hay muchos gastos, pues que giren, y que les cueste de alguna forma lo que quieren tener. Porque nosotras, los buenos polvos (eso es más cerebro que cualquier cosa), no somos fáciles de obtener. Yo sé que, en parte, esta forma de actuar suena a una venganza. Pues sí. Lo que es claro es que no siento ningún remordimiento por llevar mi vida como la llevo, ni me produce ansiedad saber que voy a alguna rumba de aquellas y que existe una motivación más de adentro que externa para hacer lo que hago.

No se necesita haber crecido en medio de un ambiente sórdido, sin principios, sin padres, en la pobreza o en el maltrato, para que uno actúe en contravía de lo que socialmente es aceptado. Si uno se va a portar bien en la vida, lo hace y no importa en qué familia haya nacido ni lo que le hayan dicho. No soy, por lo tanto, ninguna víctima de nada ni de nadie. Al contrario, con la libertad más absoluta y a conciencia, puedo decir que soy la autora de cada página de mi propia existencia, y que la he escogido. 

Cortesía Intermedio Editores

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