Nidos de ratas

Nidos de ratas

En Bogotá, hay 60 sectores especializados en la compraventa ilegal de autopartes, celulares, ropa y en la falsificación de documentos.

05 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

EL LUNES 26 DE JUNIO, Astrid López descubrió que mientras hacía unas diligencias le habían robado la llanta de repuesto de su carro. Cuando llegó a la oficina les comentó el incidente a varios compañeros que le dijeron que si se movía rápido podría encontrarla en un sitio conocido como La Playa, en el barrio La Estanzuela, entre las calles 6a y 8a y las carreras 16 y 22, donde desde hace años un gigantesco mercado negro de autopartes. "Con los datos sobre hora y sitio del  robo, en menos de media hora descubrimos dónde estaba la llanta, marcada con las placas de mi camioneta -cuenta Astrid-. Pagué 100.000 y la recuperé".

Como ella, muchas otras personas que han sido víctimas de hurtos similares, aseguran que en ese sitio han encontrado los artículos robados, pues es un lugar de "reducidores", el nombre con que se conoce a quienes compran y venden partes robadas. CAMBIO visitó La Playa y pudo verificar que allí, una zona de cuatro manzanas, a pocas cuadras de la sede de la Policía Metropolitana, operan sin mayores problemas, algunos de esos con ayuda de intermediarios que ofrecen conseguir los que el cliente necesita: espejos, farolas, radios, llantas, lujos...

En esos almacenes, un juego de espejos retrovisores para Renault Megane, uno de los modelos más pedidos, cuesta en principio 140.000 pesos pero regateando puede comprarse en 120.000, cuando en el mercado legal vale 800.000. Piezas como la sobretapa de la gasolina de un Renault Clio cuesta 30.000 con los reducidores y 85.000 en los almacenes legales de repuestos; una persiana frontal de un Mazda 323 que en el concesionario vale 70.000, allí cuesta 25.000, y una farola delantera de un Chévrolet Corsa que vale 250.000 se consigue por 40.000.

Que existan esos lugares sin que la autoridad haga nada constituye un estímulo para los ladrones de carros y de partes. En los primeros siete meses del año se registraron 2.100 carros robados, un promedio de 10 diarios, y son incontables los robos de espejos, llantas, farolas y otros accesorios porque la gente no denuncia. "Las piezas que más se roban son llantas, lujos, tapas de gasolina y unidades electrónicas, pero es difícil para las autoridades detectarlas porque en los almacenes las mezclan con mercancía legal -asegura Tulio Zuluaga, presidente de Asopartes-. El mercado negro le causa al sector pérdidas anuales por 650 millones de dólares".

Celulares, tenis, cédulas...

Como La Playa existen en Bogotá otros nidos de ventas ilegales. En la esquina de la Avenida Jiménez con Caracas, en el sector de San Victorino, venden celulares robados de todas las marcas y precios. Durante todo el día desfilan atracadores que los venden a los dueños de los puestos, quienes desbloquean los aparatos y los ponen de nuevo en funcionamiento. Dependiendo del estado del aparato, les cambian algunas piezas y en 20 minutos el teléfono aparece en los mostradores por la mitad del precio de uno del mismo modelo en los almacenes legales.

Por ejemplo, un Motorola V3, el más común entre los celulares de alta gama, cuesta en el mercado legal cerca de 400.000 pesos, pero allí se puede conseguir por 120.000, y un Nokia de combate como el modelo 1100 vale sólo 15.000 pesos. Según Tulio Ángel, presidente de la Asociación de Empresas de Telefonía Celular, Asocel, "de los 2,1 millones de teléfonos robados que se denuncian anualmente, más de 1,2 millones son hurtados en la capital, es decir, un promedio de  3.452 por día".

Las tres empresas de telefonía móvil han tomado medidas para bloquear los teléfonos robados y así inhabilitarlos en el mundo celular, pero esto no parece haber afectado el mercado negro, porque los reducidores saben cómo desbloquearlos. "El aparato que se reporta robado queda, en teoría, bloqueado para los tres operadores, pero parece que el desbloqueo es muy sencillo -afirma Ángel-. Y han encontrado formas para cambiar el serial, y lograr así, que el teléfono no aparezca reportado como robado".

A pocas cuadras del reino de los celulares robados está El Hueco, un lugar conocido porque venden a mitad de precio ropa y tenis de reconocidas marcas que las bandas roban en los centros comerciales. "Los ladrones nos venden lo que consiguen -le contó a CAMBIO un vendedor ilegal-.

Nosotros les encargamos  jeans, camisetas y tenis de marca". En ese lugar, unos tenis Adidas originales y hasta con la etiqueta del almacén que los vende, se consiguen por 120.000 pesos, menos de la mitad del precio en el mercado legal y unos jeans Diesel valen  90.000 pesos, cuando en un almacén autorizado cuestan 200.000.

Según Carlos Rodríguez, analista de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, "no hay estadísticas sobre los robos en los centros comerciales, pero el índice de hurtos es alto". Los ladrones han refinado sus métodos y burlan los mecanismos de seguridad de manera increíble. La Policía atiende en promedio 200 casos de intentos de robo en los almacenes cada fin de semana.

No sólo repuestos, celulares y ropa deportiva nutren el lucrativo mercado negro. En Paloquemao, frente a la misma sede de la Secretaría de Movilidad existen decenas de oficinas en los segundos pisos de los locales comerciales donde, tras la fachada de tramitadores de tránsito, florece un mercado de documentos falsificados, sobre todo  licencias de conducción, para personas que por manejar borrachas o tener muchos comparendos acumulados les quitan el pase.

El lunes, pudo constatarlo CAMBIO, es el día más movido: los infractores del fin de semana llegan allí para resolver su situación. A un periodista de esta revista que se hizo pasar por un conductor al que le habían suspendido la licencia, le dijeron en varias oficinas que podían fabricarle un pase falso. Los precios oscilaban entre 50.000 y 120.000 pesos. Una gestión más compleja, como borrar los antecedentes del infractor, y una licencia de otro municipio puede valer 360.000 pesos.

En ese sector, según el comandante de la Sijín en Bogotá, coronel Efraín Romero, no sólo clonan pases, sino también cédulas, pasaportes, diplomas de colegio y universidad y hasta visas para Estados Unidos. "Los delincuentes cambian de oficina constantemente y producen los documentos en otras partes para burlar nuestros operativos", asegura Romero.

Todo sucede a la luz del día, a la vista de la Policía y a sabiendas de las autoridades distritales, pero según varios testimonios recogidos por CAMBIO en los diferentes sitios la Policía no actúa y en ocasiones hasta algunos de sus miembros participan en los delitos. El comandante de la Policía Bogotá, coronel Rodolfo Palomino, asegura que no importa el número de allanamientos y decomisos que hagan, las acciones son insuficientes. "Mientras las alcaldías locales no encuentren la manera de sellar estos negocios, nuestra gente allana y decomisa pero a los pocos días los delincuentes están de nuevo en la calle".

Si bien es cierto que el endurecimiento de las penas para los delitos simples parece haberle dado a las autoridades una herramienta fundamental para que los ladrones no queden en libertad tan fácilmente, no es suficiente mientras no se tomen medidas contra todos los que participan en la cadena. "Es necesario ir más allá de los raponeros -dice Juan Carlos Flórez, ex concejal y actual candidato a la Alcaldía-. "Las autoridades deberían enfocarse también en penalizar a los reducidores y a quienes compran las cosas robadas". Si no se atacan todos los eslabones de la cadena, esos nidos de ratas en que se han convertido algunos sectores deprimidos  de la capital, seguirán siendo santuarios para el mercado negro.

ESPECIALIZACIÓN: ABORTOS

EN LA PRÁCTICA DE ABORTOS se ha especializado el sector comprendido entre las calles 30 y 34 y las avenidas Caracas y 17, en Teusaquillo.

A SIMPLE VISTA pueden contarse más de 30 establecimientos que se presentan como instituciones de salud sexual y orientación a las mujeres, pero que son clínicas de abortos. Voceadores anuncian los servicios en las esquinas y, según el procedimiento, los precios varían entre 60.000 y 500.000 pesos.

3.452 TELÉFONOS CELULARES, en promedio, se roban al día en la capital.

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