De miel y de hiel

De miel y de hiel

Carlos Eduardo Jaramillo analiza costos y beneficios para protagonistas y actores de reparto del nuevo esfuerzo para concretar el intercambio humanitario.

05 de septiembre 2007 , 12:00 a.m.

Por CARLOS EDUARDO JARAMILLO
Politólogo, ex consejero presidencial de paz.

EN ESTA INESPERADA ubicación del presidente Hugo Chávez en el centro de los esfuerzos para lograr el canje, lo primero que hay que decir es que está motivada por los recientes movimientos hechos en el mismo sentido por el presidente Nicolas Sarkosy, y que han contado con su colaboración.

Los rumores de una pronta liberación de Íngrid Betancourt en territorio venezolano, sin la intervención del presidente Uribe, le disparó las alarmas a este último. Sólo imaginar que podía ser cierto lo ponía en el peor de los riesgos: que el canje empezara a hacerse a destajo y a sus espaldas. De lograrse la libertad de Íngrid vendría con seguridad la de los tres contratistas estadounidenses y luego la de todos los que contaran con apoyos internacionales. Todo, haciéndole by-pass a Uribe que no podría cobrar el éxito del canje.

Frente a lo que parecía estar consumándose en sus propias narices, Uribe decidió meterse en la jugada como actor importante y para ello utilizó a una de sus mayores detractoras, Piedad Córdoba, a quien Chávez aprecia. Así, con una habilidad que hay que reconocerle, Uribe le dio aval a Piedad para interceder frente a Chávez en la búsqueda de una salida al problema del canje, de tal forma que así ganaba con cara y con sello. Si salía bien, tendrían que reconocerle que había puesto de su parte para facilitarlo y tendría derecho a reclamar dividendos. Si no, habría también que reconocerle sus esfuerzos.

Al final, la liberación anunciada no cuajó, pero Uribe había dado el paso y  la dinámica llevó a la oficialización del papel de Chávez en la búsqueda de mecanismos viables para el intercambio. El mandatario venezolano se aplicó a la tarea y de ahí surgió la necesidad de una entrevista con Uribe en Bogotá. Pero no sólo pidió la entrevista con el Presidente. Quería quedarse el tiempo suficiente para enterarse sobre el terreno de los asuntos concernientes a sus nuevas responsabilidades, hablar con los familiares de los secuestrados -canjeables y no canjeables-, con los familiares de los presos de las Farc que serían beneficiarios del canje y con otros sectores de opinión, incluidas fuerzas políticas. Fue entonces cuando el mandatario colombiano empezó a entender los verdaderos riesgos de su decisión.

La hiel comenzó a correr por las venas del Gobierno, que quiso convertir la visita de Chávez en un viaje casi fantasma. Le redujeron la agenda al mínimo y lo sacaron a la invisible periferia de la ciudad: la hacienda presidencial de Hatogrande. Le colmaron la agenda, que en lo fundamental era para hablar del canje, con otros asuntos, con el único fin de restarle importancia al tema y desviar el propósito de la reunión. Al itinerario de la visita, que el Gobierno había planeado que fuera Caracas-Catam en avión, Catam-Hatogrande en helicóptero y viceversa, Chávez logró introducirle algunos cambios: viajó de Catam a Hatogrande por tierra y también por tierra regresó a Bogotá, a la casa de la Embajada, donde él y sus funcionarios sostuvieron varias entrevistas hasta bien avanzado el sábado.

Primera movida: ganadores

El viaje de Chávez la semana pasada fue apenas la primera movida de un juego complejo. De ahí la necesidad de explorar un poco sobre los costos y beneficios para algunos de los protagonistas y algunos de los actores de reparto de este nuevo esfuerzo para concretar el canje.

El presidente Uribe gana en esta primera mano por los factores ya mencionados pero además porque se libera temporalmente de la presión del intercambio, pues hoy nadie puede señalarle pasividad en el tema. Del mismo modo, le transfiere gran parte de la responsabilidad al presidente Chávez sobre el que sin duda empezarán a ejercer presiones.

La hiel brotará seguramente cuando Chávez arme una minga internacional para respaldar una propuesta que obligará a las partes a mover sus talanqueras. En este caso, los aplausos principales serán para el presidente venezolano y sus socios. Uribe quedará como el que tuvo que ceder a la presión internacional.

Si Chávez, la comunidad internacional y las Farc llegan a una fórmula y ésta no es del agrado de Uribe, el riesgo es que la comunidad internacional se sienta liberada de compromisos y busque, al menos para íngrid y los estadounidenses, una salida negociada independiente del Gobierno colombiano. Mientras los Estados Unidos consideran a Chávez como su más grande detractor hemisférico, Colombia, su principal aliado, le hace abluciones con agua bendita. Difícil será la explicación de Uribe para  los gringos.

El presidente venezolano entra ganando porque se convirtió en una esperanza para muchos colombianos y mejoró su imagen internacional, pues adquirió el perfil de hombre generoso y humanitario que puede ser la llave para la paz en Colombia. Se inventará alguna fórmula, probablemente lejos de los criterios hoy aceptables por Uribe, y es entonces cuando el péndulo regresará a Colombia pues será su presidente quien deba decidir si acompaña o no la propuesta.

Uribe quedará de nuevo con el piano al hombro y Chávez exculpado del fracaso si el mandatario colombiano no la acepta. Pero, además, le quedará despejado un terreno fértil donde puede trabajar: negociar en Venezuela o en la frontera y hacer el intercambio en Colombia.

Y aunque el vocero de las Farc, Raúl Reyes, se negó a ello hace pocos días en una entrevista al Clarín de Buenos Aires, el 31 de agosto en La Jornada de México dejó la puerta abierta cuando respondió a esta propuesta: "... hay muchísimas posibilidades y ninguna se puede negar". De ser así, las Farc estarían dispuestas a un giro grande: convertirían el tema de la entrega y del despeje de Pradera y Florida en un asunto de trámite al que, sin mayores riesgos, se le podría calcular un mes de duración, pues la negociación se surtiría en Venezuela.

En este panorama también gana Francia, y en especial Sarkosy, quien fue el detonador de esta nueva y promisoria fase. Los franceses lo verán como un presidente activo, comprometido con la liberación de íngrid y cumpliendo sus promesas de campaña.

Gana, además, el profesor Gustavo Moncayo, pues aunque agotado su discurso, hoy nadie le puede negar que fue su marcha desde Sandoná la que reactivó la lucha nacional e internacional por un acuerdo para la liberación de los secuestrados. Ganan los familiares de los secuestrados, que no sólo mantienen viva su causa sino que ésta toma un impulso inusitado. Con Chávez de por medio, el tema no volverá al congelador.

Ganan los secuestrados, porque la lucha por su liberación dejó de ser un asunto interno para pasar a ser una cruzada internacional con un director de orquesta que va a dar la lucha así se deterioren sus relaciones con Uribe. Ya en su pintoresca intervención en Hatogrande, Chávez puso algunas banderillas: no habló de secuestrados sino de personas en manos de las Farc; se refirió a la lucha armada en Colombia como un "conflicto", y le dio a Marulanda, y por ende a las Farc, el calificativo de "actores políticos".

Ganan las Farc, porque recuperaron su papel de actores e interlocutores internacionales que hace mucho habían perdido, y la coyuntura les permite bajarle perfil al costoso tema del asesinato de los diputados.

Por último, ganamos los colombianos porque vuelve a renacer la esperanza de ver a todos los secuestrados libres y la posibilidad de que ésta sea la puerta para la negociación definitiva del conflicto armado.

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