Corresponsal clandestino

Corresponsal clandestino

La infiltración de la mafia en el Ejército cortó la cabeza del primer general. Jefe de seguridad de 'Don Diego' le escribe a la Fiscal.

10 de agosto 2007 , 12:00 a.m.

EL LUNES 30 DE JULIO, la fiscal que investiga la red de militares al servicio del narcotraficante Diego León Montoya Sánchez, recibió con sorpresa una carta del jefe de seguridad del capo. En cuatro hojas impresas en computadora y con su huella digital estampada en cada una, el mayor (r) del Ejército, Juan Carlos Rodríguez Agudelo, no sólo demuestra que conocía en detalle el expediente, sino que da su propia versión del caso.

Hasta ese día, la funcionaria, investigadores del CTI y agentes de contrainteligencia que apoyan la investigación habían revisado 80 grabaciones de llamadas telefónicas y numerosas fotografías y videos que no dejaban duda de que el prófugo Rodríguez Agudelo estaba detrás del reclutamiento de militares activos y retirados para encargarles misiones tan osadas como el rescate de un hermano del jefe mafioso confinado en la cárcel de Cómbita.

La fiscal ya conocía el perfil del hombre que le enviaba la carta, pues tres semanas atrás había incorporado al expediente una ficha con sus antecedentes judiciales: una condena por tráfico de armas y de estupefacientes y dos órdenes de captura por homicidio y desaparición forzada y por lesiones culposas. Sabía también que Rodríguez se identificaba con el alias de Zeus en sus conversaciones telefónicas y radiales.

En la carta, Zeus le decía que era falso que él hubiera escapado de la detención domiciliaria para ir a trabajar con la mafia y que él no era el promotor del reclutamiento de integrantes y ex integrantes de las Fuerzas Militares. Afirmaba que había huido al enterarse de que su vida estaba en peligro y que su aproximación a varios oficiales activos había sido para colaborarles con información sobre organizaciones criminales tan peligrosas como las de Los Machos y Los Rastrojos -ejércitos privados de la mafia- y sobre grupos emergentes de paramilitares, como las 'águilas negras', a la cual había tenido acceso mientras recorría el departamento del Valle en busca de una oportunidad de trabajo en el campo de la seguridad privada.

No fueron las explicaciones de Rodríguez las que despertaron el interés de la fiscal y los investigadores. Fue la relación que hizo de nombres de oficiales con los que admitía haberse entrevistado. Quizá sin proponérselo, Zeus confirmaba la lista de contactos entregada a la Fiscalía por el capitán (r) Manuel Enrique Pinzón Garzón, quien hasta comienzos de junio había sido la mano derecha de Zeus en la organización clandestina.

Feliz coincidencia

Pinzón fue capturado el 21 de junio en Bogotá y, acorralado por el peso de las evidencias en su contra, aceptó acogerse al programa de protección de testigos y revelar información clave sobre el alcance de la infiltración. Los nombres que dio en las tres sesiones de indagatoria coincidían con los mencionados por su ex jefe en la carta a la fiscal, que es  lo que le ha permitido a la Fiscalía seguirles los pasos a no menos de 15 oficiales, entre ellos dos coroneles.

Por ejemplo, Zeus contó que había buscado a un viejo amigo, el coronel Álvaro Andrés Quijano Becerra, sólo para darle información que podía interesarle. "Puedo decir que, como soldado que fui, me hubiera gustado estar bajo las órdenes del comando Quijano porque lo admiro por ser un oficial con criterio", dice Rodríguez en su carta a la fiscal. Esta versión se contradice con la de Pinzón, que aseguró en su indagatoria: "En alguna ocasión (Zeus) nos dijo que si nos detenían que dijéramos que estábamos trabajando para un comando específico al mando del coronel Quijano. Ellos dos eran uña y mugre".

Por otra parte, Zeus confirmó que tuvo encuentros con el teniente coronel Javier Escobar Martínez, oficial de Artillería, recientemente retirado, porque lo admiraba por ser "un hombre correcto y tropero", pero que jamás le ofreció dinero como lo afirma el ex capitán, quien   sostiene que Escobar hacía parte de la organización clandestina y recibía dinero por sus servicios. Las grabaciones en poder de la fiscal confirman que entre ellos había una relación de negocios.

Pinzón acusó ante la Fiscalía al mayor Wilmer Manuel Mora Daza, ejecutivo del Batallón de Comandos en Tolemaida, de haberle entregado a la red clandestina minas Claymore de alto poder explosivo, para la operación de rescate del hermano del capo Diego Montoya. En su carta, Zeus afirma que Mora fue compañero suyo en el colegio y que lo buscó sólo para que le facilitara un encuentro con un oficial del Gaula del Ejército a quien quería entregarle datos de interés.

Pinzón le ha dicho también a la Fiscalía que otro colaborador de la organización del narcotraficante Montoya Henao es el mayor William Eutimio Ortegón Gamba, quien habría conseguido uniformes y pertrechos para la organización criminal a través del Batallón Palacé. En su carta, Zeus también le cuenta a la fiscal que se reunió con el mayor Ortegón en Cali para darle una información que podría interesarle en su condición de segundo comandante de esa unidad. "Me manifestó que lo dejara llegar, que ese Batallón era una locura y que iba primero a ponerse a adelantar la parte administrativa y (que) luego hablábamos de eso". Ortegón es un oficial bien reputado dentro el Ejército e incluso en la página institucional aparece publicado un perfil suyo que lo muestra como un héroe de guerra que sobrevivió después de haber recibido una descarga de ametralladora durante un combate contra las Farc.

La lista no termina ahí, pero  se conocerá completa cuando el Gobierno ejecute un proyecto depurador que incluye una purga sin antecedentes en las líneas del mando castrense.

CAE GENERAL

La caída del general Hernando Pérez Molina, comandante de la III División del Ejército, se convirtió el pasado viernes en la consecuencia institucional más seria de la crisis generada por la infiltración. Aunque no existe prueba alguna en su contra, el Gobierno decidió que el oficial debería dejar las filas como una manera de asumir la responsabilidad política en el escándalo. Al fin y al cabo, él era el responsable de las unidades tocadas por el siniestro brazo de la organización de Don Diego. Su  salida podría señalar el comienzo de un remezón mayor en la cúpula institucional. Hay 15 oficiales procesados penalmente.

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