Dos hipopótamos de la hacienda Nápoles se fugaron por el río Magdalena

Dos hipopótamos de la hacienda Nápoles se fugaron por el río Magdalena

Es la primera vez que se alejan de Puerto Triunfo. Hace tres meses fueron vistos en Cimitarra, Santander. ¿Qué están buscando los animales? Crónica a cuatro patas.

14 de abril 2007 , 12:00 a.m.

De lejos, el pescador creyó ver un toro muerto, algo que flotaba a la deriva. Como el tamaño del cuerpo crecía a medida que se iba acercando, pensó que no, que tal vez era un árbol, entonces aguzó la mirada para evitar chocar contra alguna rama oculta bajo el agua. Él jura que en treinta años de navegar el Magdalena nunca sintió tanto miedo, ni siquiera la vez que una ráfaga de tiros perforó la madera de su barca:

"¡Y zás! El tronco rugió y asomó una boca gigante de dientes amarillos", contó el pescador poco después. Al principio nadie le creyó.

Arturo Castiblanco, inspector de policía de Puerto Olaya, corregimiento de Cimitarra, en el departamento de Santander, recuerda que los testimonios de otros pescadores comenzaron a repetirse. Decían que una bestia estaba agazapada en las aguas del Magdalena. Las versiones coincidían, pero ya no hablaban de uno sino de dos monstruos.

La descripción de las apariciones eran absurdas: mitad tronco de árbol, mitad cabeza gigante, colmillos redondos, orificios en el hocico, orejas diminutas... "¿orejas diminutas?: ¡Hipopótamos!", concluyó el inspector al fin y ordenó conformar una comisión para salir a buscarlos. Eso fue el 17 de enero pasado. ¿Cómo carajos habían llegado dos animales africanos hasta ese caserío del Magdalena Medio?

Los únicos ejemplares conocidos en la zona eran los que permanecían en la Hacienda Nápoles, a más de doscientos kilómetros al sur, en Puerto Triunfo, en el departamento de Antioquia, la antigua fortaleza de Pablo Escobar, ahora saqueada y en ruinas.

¿Sería posible que dos hipopótamos hubieran burlado las cercas de alambre de púas, vencido semejante distancia y cruzado el río Magdalena, justo en una de las zonas más turbulentas y profundas?

Bestias a pie y armadas

Nápoles mide tres mil hectáreas y su geografía de colinas y lagos artificiales fue construida por un ejército de mil hombres que dinamitaron, cortaron, cavaron, rellenaron y edificaron lo que Pablo Escobar fue ordenando. Eran tiempos de excesos, la época dorada del capo que creyó ser dios y ordenó construir una versión del Edén con dos ejemplares de cada animal que deseó.

A Nápoles llegaron avestruces, jirafas, búfalos, cebras, ciervos, caimanes, tortugas, tigres, dantas, monos, elefantes... llegaron dos mil, todos traídos de los cinco continentes. Nada de eso queda. Tras la muerte del capo, las bestias comenzaron a morir de hambre y las que sobrevivieron fueron enviadas a zoológicos de Pereira, Cali y Medellín. Lo demás fue saqueado por unos y por otros.

Es que, atraídos por supuestas fortunas escondidas en Nápoles, jaurías de pistoleros derribaron las paredes y los techos de las casas de la hacienda. Hasta los estacones de las cercas fueron desenterrados aquí y allá porque corría el rumor que Escobar había sembrado puñados de esmeraldas en algunos de ellos como un ahorro para los tiempos difíciles.

La búsqueda del tesoro se repitió año tras año y los únicos que sobrevivieron a la ferocidad de los saqueadores fueron los hipopótamos, pero sólo porque nadie supo cómo llevárselos.

Ahora Fabio, un antiguo trabajador del capo, recorre la enorme hacienda a pie. Él recuerda que los hipopótamos, lo mismo que la jirafa y los búfalos, llegaron metidos en guacales dentro de un enorme avión ruso. "Un Antonov", dice el hombre y se limpia el sudor de la frente con el dedo pulgar. A medio día, el calor de Nápoles llega a los cuarenta grados.

Fabio cuenta que para poder frenar el enorme avión, Pablo Escobar mandó levantar una barrera de arena y tierra al final de la pista. Cincuenta peones, cada uno con un lazo de amarrar vacas, estaban listos para llevar los animales hasta los corrales recién construidos. Todos eran campesinos enseñados a corretear toros, caballos y cerdos. Ninguno sabía nada de elefantes ni avestruces ni bisontes ni cebras.

"Nos persignamos y nos fuimos metiendo de a diez al avión. Cada grupo cargaba con una bestia distinta. El avión olía a mierda", recuerda Fabio y se ríe. El hombre cuenta que poco después, luego de que bajaron los primeros guacales, uno de los peones salió corriendo de la barriga del Antonov hasta donde estaba Escobar. "¡Patrón!, ¡patrón!, ¡ahí hay una cosa muy rara!", le gritó, como pidiéndole qué hacer.

La cosa rara resultó ser una jirafa obligada a permanecer con el cuello amarrado al piso del fuselaje sólo para que pudieran acomodarla. Fue un viaje lleno de crueldad. Cuando al fin lograron sacarla, el animal se enderezó aliviado. Todos aplaudieron. Los hipopótamos llegaron al poco tiempo, y aún permanecen, más de veinte años después. No es la primera vez que salen de los terrenos de la Hacienda Nápoles, aunque jamás se fueron tan lejos.

Venganza con tiros de fusil

José María Betancur, campesino de Puerto Triunfo, cuenta que otras veces los hipopótamos lograron burlar las cercas de la hacienda, pero asegura que nunca se fueron a más de unos pocos kilómetros y que siempre regresaron a los lagos de la hacienda. Existe cierta historia:

En Puerto Triunfo la gente recuerda a un macho acribillado a tiros de fusil por un ganadero que lo sentenció a muerte porque se metió a su propiedad y atacó a dos de sus novillos. En esa zona del Magdalena Medio, dominada por los hombres del jefe paramilitar Ramón Izasa, los agravios siempre se cobraron con plomo sin importar si el culpable era hombre, mujer, anciano, niño o hipopótamo.

José María jura que el ganadero ordenó tasajear una parte del animal para que algunos de sus trabajadores hicieran un sancocho, al resto del enorme cuerpo le rociaron gasolina y le prendieron fuego. Francisco Sánchez, director de la Unidad de gestión Ambiental de Puerto Triunfo, admite que ha oído la historia, pero que no sabe si es cierta. En realidad, aunque parece increíble, en el pueblo nadie parece saber el número exacto de los hipopótamos que quedan.

Francisco Sánchez recuerda que el macho dominante, a quien la gente bautizó como Pablo Escobar, se ha apareado varias veces pero cuenta que siempre, justo después de que nacen, ataca las crías y las mata. ¿Qué tienen las tierras de la Hacienda Nápoles que lograron mantener vivos a doce hipopótamos sin que jamás fueran cuidados ni protegidos por ninguna autoridad ambiental?

Una inútil búsqueda del paraíso

Mauricio Orozco, coordinador de Fauna de la Corporación Autónoma Regional Rionegro Nare, (Cornare), explica que las condiciones ambientales de Puerto Triunfo, su clima de más de treinta grados centígrados, su alta humedad y la riqueza en pastos y reservas de aguas se parecen mucho al ambiente original de los hipopótamos traídos por Escobar desde el centro de África.

Las condiciones naturales de Nápoles han resultado tan propicias que, justo hasta ahora, el grupo de animales ha permanecido allí en estado salvaje. Entonces, ¿por qué dos ejemplares decidieron fugarse?

Mauricio Orozco explica que todo se debe a la rivalidad del macho dominante con los hipopótamos más jóvenes. De alguna manera, el animal, llamado alfa por su liderazgo en el grupo, ahora parece exigir que sus hermanos se marchen en busca de sus propias hembras. Se trata de una triste sentencia.

Los dos hipopótamos, engañados por el instinto, siguieron el cauce del río Magdalena en busca de las hembras que jamás encontrarán, no importa que tanto avancen. Primero fueron en dirección de Puerto Boyacá, de ahí siguieron hasta Puerto Nare, Puerto Serviez, Zambito y, finalmente, Puerto Berrío, desde donde cruzaron a Puerto Olaya, Santander.

Los expertos creen que, fatigados por el sol y las altas temperaturas, los dos hermanos caminaron en las noches, mientras que en el día permanecieron sumergidos en quebradas y charcos. Además de tener hembras a su alrededor, nada parece hacer más feliz a un hipopótamo que estar en el agua. Justamente, su nombre traduce caballo de río. ¿Dónde están ahora?

De acuerdo con César Valencia, coordinador de control y vigilancia de la Corporación Autónoma de Santander, (CAS), los dos animales debieron seguir el cauce del Magdalena hacia el norte del país, y es posible que se encuentren en algún punto entre Puerto Olaya y Barrancamerbeja. Nadie lo sabe con exactitud. Lo que más preocupa a los expertos es que esa zona es un corredor de los grupos armados y se sabe que algunos puntos de las riberas están sembrados de minas explosivas.

Antes de decidir un rescate, las autoridades ambientales están definiendo un plan de captura. A pesar de que casi cualquier cosa suele suceder en Colombia, nunca antes se cazaron hipopótamos.

Los expertos están consultando fundaciones en Estados Unidos y África para saber qué hacer, si tal vez lo mejor es sedar a los hermanos desde el aire y luego engancharlos a un helicóptero militar o espantarlos con bombas de ruido hasta llevarlos a un sitio abierto dónde atraparlos. Los ambientalistas se declaran casi tan perdidos como los mismos animales. ¿Cabe alguna enseñanza de todo esto? Quizás.

Dos hipopótamos condenados a buscar en un rincón del mundo las hembras que jamás encontrarán son más que una historia curiosa. Para empezar, nadie debió robarlos de la tierra a la que pertenecían. La inútil travesía de los dos hermanos, cada uno tan pesado como ocho toros de lidia, tal vez sea otra constancia de esa reiterada habilidad humana de joderlo todo.

Animales del capo que no murieron fueron a parar a tres zoológicos

'Pirinolo' fue el elefante consentido de Pablo Escobar. Tras su muerte fue enviado al zoológico de Pereira, donde permanece hasta hoy. La celebridad del animal sobrevivió al capo: el año pasado mató a Germán Horacio Ordóñez, el veterinario del parque, al parecer porque el profesional le restringía su tiempo al lado de las hembras del parque. Pese a ello, pocos meses después, 'Pirinolo' volvió a ser noticia porque una cría suya se convirtió en la primera en nacer en el país. Del total de casi dos mil animales que había en la Hacienda Nápoles, más de la mitad de ellos fueron enviados a los zoológicos de Medellín, Cali y Pereira.

JOSÉ ALEJANDRO CASTAÑO
Enviado Especial
Puerto Triunfo
Escriba a joshoy@eltiempo.com.co

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