Médico que atendió al agonizante Jorge Eliécer Gaitán recuerda ese fatídico 9 de abril de 1948

Médico que atendió al agonizante Jorge Eliécer Gaitán recuerda ese fatídico 9 de abril de 1948

Hernando Guerrero mantiene una voz fuerte, que en ningún momento revela sus 83 años de edad. Tampoco lo delata ese pulso firme, el mismo que aún le permite practicar intervenciones quirúrgicas.

07 de abril 2007 , 12:00 a.m.

Y ni que decir de su memoria. Recuerda hasta los pequeños detalles de lo que fue el 9 de abril de 1948, el día, que como él mismo lo reconoce, le partió la vida en dos.

Guerrero ese día recibió en la Clínica Central, en la calle 12 entre carreras 5 y 6 (centro de Bogotá), el cuerpo agonizante del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán. Minutos antes había sido víctima de un atentado.

Hoy, 59 años después, todavía tiene frescas en la memoria las imágenes de ese día. Por su mente deambulan los recuerdos del cuerpo de Gaitán, de la angustia de la viuda y de cómo la muerte se apoderó de ese hospital y de toda Bogotá. Entonces era residente en ese centro asistencial (hoy desaparecido). Tenía 23 años.

Recuerda que sobre la 1 de la tarde de ese día, él y su compañero Noel Gutiérrez estaban empezando a almorzar cuando una enfermera llegó a buscarlos y les dijo que había llegado un herido. Era su primer caso en ese turno que comenzó siete horas antes.

Guerrero cuenta que cuando llegó a la sala de cirugía vio que se trataba de Gaitán. "Me impactó mucho, porque sabía de quien se trataba", recuerda este médico, especializado en ortopedia.

Con minuciosos detalles comienza a narrar que Gaitán llegó en muy mal estado. "Tenía un tiro en la parte posterior de la cabeza, que era el que más sangraba, otro en la parte derecha del tórax y otro en la parte izquierda. Los tres eran mortales", dice el médico Guerrero, quien hasta hace dos años fue director del Instituto Franklin D. Roosevelt, en el que trabajó por 40 años.

"Él llegó descerebrado y casi sin respiración -cuenta- , le adecuamos un apósito para tratar de contener la hemorragia y le pusimos plasma ante la cantidad de sangre perdida, pero realmente ya no había nada que hacer. Ni siquiera hoy en día se habría podido hacer algo".

A esa hora, agrega, la gente había roto puertas y vidrios de la clínica y todos estaban prácticamente encima de los médicos.

Según Guerrero, unos 15 minutos después, el médico Pedro Eliseo Cruz, quien llegó con Gaitán, dijo: "No hay nada que hacer, está muerto".

Muchos de los que habían llegado hasta la clínica, al escuchar estas palabras, de inmediato salieron a la calle y ahí comenzó el 'Bogotazo'.

Y sigue con su relato. "Muchas personas entraban hasta la sala de cirugía para untar sus pañuelos de la sangre de Gaitán". Incluso a él trataron de quitarle la bata debido a que la tenía manchada con la sangre del líder liberal.

"Durante un rato tuvimos que encerrarnos en una habitación con mi compañero porque en una emisora dijeron que a Gaitán lo habíamos matado con una inyección mal puesta", dice este galeno padre de cinco hijos, uno de ellos ya fallecido.

Mientras Bogotá se convertía en un caos, pues los almacenes eran saqueados y la violencia se apoderaba de las calles, el cuerpo de Gaitán se quedó solo, cubierto por una sábana blanca.

Entre tanto, Guerrero y Gutiérrez se dedicaron a atender los múltiples heridos que llegaron al centro asistencial.

Era tal el caos que los médicos se pusieron en las solapas las agujas y el hilo para coser a los heridos. "Muchos llegaron con los trajes finos que acaban de lograr en el saqueo", dice.

Fue una noche larga, sin electricidad y con mucha lluvia que arrastró parte de la sangre derramada en las calles de la ciudad.

A la mañana siguiente, muy temprano, el cadáver de Gaitán fue recogido por familiares en un campero. No había nadie más. "La gente se fue al saqueo y se olvidó de Gaitán", dice con nostalgia Guerrero.

Para el médico, ese fue un día triste que le marcó la vida con la muerte de Jorge Eliécer Gaitán, pero insiste en que nada se podía hacer.

Hoy, esos recuerdos no lo afectan, pero sí los mantiene vivos. Muy poco habla de ellos, solo cada año, días antes del 9 de abril, cuando los periodistas lo buscan para que hable del tema.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ P.
REDACTOR DE EL TIEMPO

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