El Santuario de Las Lajas, una de las 7 maravillas de Colombia, es un lujoso camino de fe

El Santuario de Las Lajas, una de las 7 maravillas de Colombia, es un lujoso camino de fe

Uno de los atractivos más impactantes de esta iglesia es la muestra de unas 7.000 placas dejadas por fieles que hablan de los milagros que les ha concedido la Virgen.

21 de marzo 2007 , 12:00 a.m.

A cinco kilómetros de la frontera con Ecuador está un 'milagro de Dios sobre el abismo'.

Hasta allí, en un borde del cañón del río Guaitara, entre los municipios nariñenses de Ipiales y Potosí, llega una romería en busca del Santuario de las Lajas.

Cuando tenía 7 años, Anselmo Argotty llegó de la mano de sus padres a visitar este sitio legendario del sur de Nariño. "Yo me le escondía a la virgen detrás de las columnas, como en un juego, pero ella me seguía con la mirada para todo lado", dice.

En esas caminatas decidió seguir el camino de la fe. Desde hace siete años él es el capellán en Las Lajas y recibe a los fieles para contarles la historia del lugar, desde cuando pusieron la primera piedra en el siglo XVIII.

Argotty está de pie en ese mirador de unos 150 metros. Allí, donde se erige la estructura en piedra pulida, pintada de blanco y con vitrales de colores, habla del millar de peregrinos que llegan al año y de las cerca de 7.000 placas, afuera de la iglesia, que dan testimonio de milagros.

La laja es una piedra propia de esos terrenos quebrados.

El peregrinaje al Santuario, al que se accede por dos caminos tapizados de piedra pulida y acompañados por el ruido del agua, empezó en 1887 cuando fue descubierta la imagen por Juana Mueses.

Cuenta la leyenda que esta mujer indígena llevaba cargada a su hija Rosa, sordomuda de nacimiento, cuando de un momento a otro la pequeña le dijo: "Mamita, la mestiza me llama". Son 266 escalones para llegar a esa construcción, iniciada en 1916 y terminada en 1945.

Argotty es un contador de anécdotas como la del estadounidense que llegó con un hijo enfermo de leucemia. "Yo le aconsejé mucha fe y un mes después llamó a decirme que no sabía cómo, pero que, por intermedio de la Virgen, su niño se había curado".

Los milagros de Las Lajas

En Las Lajas hay otros casos parecidos. Argotty recuerda la historia de Alfonso Santacruz, quien no deja de visitar cada mes el templo desde hace cinco años, luego de ser el único ocupante de un carro que se salvó de morir quemado en Bucaramanga.

"Quedé en coma tres meses y solo recuerdo haber visto a la virgen de Las Lajas, que nunca había visitado", dice Santacruz, quien cuenta que se salvó de que le amputaran una pierna porque se le curó una infección.

Asegura que lleva más de 50 visitas. "Somos testigos del caso del señor Santractruz porque lo hospedamos aquí. Cuando llegó por primera vez daba lástima, pero en un día se sanó", dice Blanca Yepes, quien ha vivido sus 64 años a pocos metros del Santuario.

A Las Lajas llegan también fieles como Flor María Toro, quien buscó espacio entre las placas de otros creyentes después de un viaje desde Mocoa (Putumayo).

"Cuando vi a la Virgen me puse a llorar", dice esta mujer de 56 años y comenta que vino porque "a la distancia le pedí que curara a mi hijo de una hepatitis y que consiguiera trabajo. Esta semana el médico me dijo que ya estaba sano y él encontró trabajo en el hospital de Mocoa", asegura.

En Las Lajas se han construido cuatro templos. El primero fue de barro y techo de paja, en 1754, y el actual se empezó a edificar en enero de 1916, bajo la dirección del nariñense Lucindo Espinosa y el ecuatoriano Gualberto Pérez.

El templo tiene un estilo gótico ojival secundario del siglo XIV, se compone de tres naves cubiertas con bóvedas de crucería, tres torres que terminan en agujas decoradas con grumos y frondas; ventanales, rosetones y vitrales.

El santuario mide 27,50 metros de fondo por 15 de ancho. Hay un puente sostenido por un arco de piedra que une las riberas del Guaitara, como límite de los municipios de Ipiales y Potosí.

Las paredes son de piedra gris tallada y hay algunos vitrales, pero todo el altar está hecho en la piedra de la propia cueva de la aparición.

"Llevo años de ser peregrino y siete de ser capellán y nunca me cansaré de ver a la Virgen porque ella me acompaña siempre con su mirada", afirma Argotty, y sigue parado en el mirador.

Si usted va, tenga en cuenta

  • El viaje en carro particular desde Cali toma unas siete horas hasta Pasto y una hora a Ipiales.
  • En el camino se puede parar en sitios como Santander de Quilichao, Popayán, Remolino o Pasto y se consiguen almuerzos o cenas entre 4.500 y 18.000 pesos.
  • Un taxi cobra unos 45.000 pesos; un bus, cerca de 35.000 pesos.
  • Si el pasajero toma el vehículo en Ipiales el viaje le cuesta 2.500 pesos.
  • Se recomienda usar abrigo y calzado cómodo para caminar hacia el Santuario.
  • Cerca del Santuario existe un pequeño mercado donde, además de comida, se venden botellones y frascos vacíos para traer de regreso el agua bendita.

LEONARDO CASTRO
Para EL TIEMPO
IPIALES

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