Esa música enloquecedora / Pregúntele a Diana

Esa música enloquecedora / Pregúntele a Diana

A la salida del gimnasio se me acercaron unas señoras para pedirme que escribiera acerca de la agresividad que caracteriza a algunos lugares públicos en relación con la música.

28 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Específicamente se referí-an al tipo de música y al volumen, que, según entiendo, por norma no debe superar los 80 decibeles, nivel que no se respeta. Decían que algunos de sus amigos, vecinos del gimnasio, viven desesperados.

Además, a este ruido (¿o música?) se suman los televisores que emiten videos de música electrónica que causan otro cansancio, esta vez de carácter visual.

Vamos a hacer ejercicio para descansar y cambiar de ambiente, pero salimos con una especie de taquicardia, fruto del exceso de ruido, lo cual hace que el genio se altere y el oído se afecte.

Y qué decir de una cadena de supermercados que se ca-racteriza por obligarnos a bai-lar vallenatos y porros a alto volumen, como si estuviéra-mos en carnaval a cualquier hora del día. Le pregunté a un señor que parecía ser el administrador que quién la escogía, y me respondió con gran orgullo: "Nosotros". Le conté que había dejado de frecuentarlos por esta razón. Luego, la cajera me comentó que llegaba a su casa y la música le seguía zumbando en la cabeza.

Me subo a un taxi y tan pronto saludo le tengo que pedir al conductor que le baje el volumen a su radioteléfono y amablemente le sugiero la emisora que deseo escuchar. Solo una vez un conductor me dijo: "Señora, ni más faltaba; usted tiene el derecho. Dígame, por favor, qué desea escuchar o si prefiere el silencio".

Otra tortura es la música que se oye en los buses de servicio público. Admiro a los países en que ese bullicio está prohibido. Se supone que un conductor debe estar concentrado. Y ni hablar de nuestras calles, que bien necesitan tal prohibición.

Nunca he visto a un con-ductor en Madrid, Nueva York o París escuchando sevillanas, rock u ópera.

Sugiero que en los almace-nes, especialmente en los de cadena, en donde más atropellos auditivos se sufren, seleccionen cuidadosamente la música, teniendo en cuenta el perfil del cliente y ojalá después de investigar el tipo de música que hace que una persona desee permanecer en el sitio y, por ende, comprar. Ya existen profesionales especializados que producen programas según el tipo de negocio.

Me ocurre siempre en una tienda de marca internacional, cuyos dependientes son muy jóvenes. Salgo con taquicardia y se me olvida lo que fui a buscar. ¿Será que el gusto musical lo imponen en nuestro país los empleados, para suplicio de los clientes?

DIANA NEIRA
Consultora de imagen.

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