Historias ocultas de la colección BBVA de arte europeo, que finaliza el próximo domingo

Historias ocultas de la colección BBVA de arte europeo, que finaliza el próximo domingo

Un reconocido historiador de arte comenta algunos de los hechos que caracterizaron la pintura entre los siglos XV y XIX en el Viejo Continente, tema de la exposición actual del Museo Nacional.

27 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Con la exposición de obras de la colección BBVA, actualmente en el Museo Nacional de Colombia, se pueden conocer aspectos interesantes del arte europeo relacionados con la acción de las asociaciones artísticas y la apertura de los géneros pictóricos que se dio con la reforma protestante y la contra reforma católica.

Las asociaciones artísticas

La dinámica de las artes visuales en Europa se nutrió, entre los siglos XV y XVII, con los gremios medievales de artesanos conocidos como Guildes, del inglés antiguo Guild, que significa pago. Las guildes, como era costumbre en la Edad Media, se dedicaban a un santo patrón que hacía las veces de protector de los agremiados. En el caso de la pintura, se le dedicaron a San Lucas Evangelista, quien -según tradiciones antiguas- fue la primera persona que hizo una pintura de la Virgen María.

La organización de las guildes de San Lucas estaba compuesta por decanos, maestros y aprendices, y tenía el fin de representar a los pintores frente a los ayuntamientos de las ciudades. La forma de aprendizaje que se empleaba en la época era la de la copia que implicaba que un discípulo debía ser el émulo perfecto de su maestro.

Svetlana Alpers, en su libro 'El arte de describir', relata que una obra maestra era considerada un tema tan bueno como la naturaleza. De esta manera se veía como algo lícito, e incluso halagador, que se copiara fielmente una obra; de hecho el retrato de Carlos V, que se atribuye a Tiziano, fue una copia que este hizo de una obra del pintor austriaco Jacob Seisenegger (Ca. 1504.1567). La obra que se encuentra en la exposición BBVA, entonces, resulta ser la "copia de una copia". El acto de "copiar", entonces, no era visto como el de plagiar, sino como el de replicar o el de "pintar del natural" si se acepta la tesis de la profesora Alpers.

El ascenso de muchos artistas estuvo marcado por la entrada a las guildes, que daban prestigio y permitían que sus miembros se conocieran en las ferias del arte que se organizaban periódicamente. En la exposición hay dos casos significativos: Pieter Snayers (Amberes 1592- Bruselas después de 1667), quien fue pintor de la corte de Orange, en Flandes, entró a la guilde de Bruselas en 1628 como maestro. Pero el éxito de este especialista en escenas de batalla y celebraciones públicas no habría sido posible si no hubiera sido discípulo de Sebastian Franck (Amberes 1573-1647) en la guilde de Amberes.

El interés creciente de los pintores del norte de Europa por las obras de los artistas italianos del Renacimiento y el Barroco hizo que artistas de diferentes países viajaran a Italia para entrar en contacto con la obra de los grandes maestros Leonardo, Rafael y Miguel Ángel. Jan van Scorel (1495-1562) viajó desde Amsterdam a Roma donde trabajó como conservador de las colecciones del Vaticano, que habían estado al cuidado de Rafael, muerto en 1620. Él es considerado como uno de los primeros introductores de la pintura italiana en el norte de los Países Bajos. Otro caso es el del francés Valentin de Boulogne (1594-1632), quien se estableció en Roma donde participó en la organización conocida como "Bentvögel" (vuelo de pájaros, o bandada de pájaros) que estaba compuesta por artistas del norte de Europa que seguían la obra del famoso Caravaggio.

La ferias del arte llegaron a nutrirse de un número tan alto de obras que el valor de las mismas decreció. Arnold Hauser cuenta en sus estudios de historia social de las artes que en el siglo XVII se llegó a pagar el precio de 60 florines por un retrato, mientras que un buey costaba 90. De la misma manera, Isaak van Ostade, de quien no hay obras en la exposición BBVA, llegó a vender 13 obras por 27 florines, en 1647.

La ruptura entre protestantes y católicos

Después de que la reforma protestante (1517) cambió el panorama religioso y político de Europa, entraron en escena otros temas a la pintura de los países reformados. Si antes el principal cliente de los pintores era la iglesia, ahora las congregaciones que rompieron con el Vaticano no estaban interesadas en la pintura religiosa por considerarla idolátrica. El caso de van Scorel es muy diciente al respecto, pues mucha de su producción religiosa fue destruida por los protestantes en La Guerra de los Treinta años, que definió la independencia de Holanda en la primera mitad del siglo XVII.

Los bodegones, las escenas de costumbre, el retrato y la pintura animalista aparecieron como alternativas diferentes a los temas religiosos, que ahora quedaban vedados en los países protestantes, aunque algunos clientes -a título privado- siguieron encargando obras inspiradas en la Biblia. La respuesta católica fue apoyar un tipo de pintura nueva que llamase a la piedad de los fieles y perseguir las obras en las que no se presentaran adecuadamente los dogmas apoyados por el Vaticano.

En el medioevo era común la representación de relatos diferentes a los contenidos en la Biblia, como es el caso de los Evangelios Apócrifos que, a pesar de no ser aceptados por su origen incierto, tenían pasajes que "completaban" faltantes de los evangelios. Un buen ejemplo es el de La educación de la Virgen, que trata sobre la etapa formativa de uno de los personajes más queridos por los fieles, pero del que se habla muy poco en los Evangelios canónicos.

El caso de la pintura mitológica, curiosamente, no fue tan perseguido por la Iglesia Católica, pues el encargo de obras mitológicas era símbolo de una cultura humanística elevada. Tanto protestantes como católicos admiraron las alegorías mitológicas, en las que se hacía un comentario sobre su actualidad, en la exposición se puede ver cómo en la 'Alegoría del aire' la diosa Juno esta acompañada de objetos científicos de la época, de la misma manera que el Mercurio de Albert Cuyp (Dordrecht 1620-1691) que presenta un comentario sobre el poderío comercial, marítimo y terrestre, de Holanda.

Esta obra, si duda una de las más interesantes de la exposición, demuestra una postura crítica y a la vez burlona en la actitud de Mercurio -representado por un joven holandés rollizo- que aparece sobre un orbe coronado por una cruz (representación del universo, usualmente en la mano de Jesús en las pinturas católicas). Es como si el artista, que además fue pastor protestante y miembro de las cortes de Dordrecht, manifestara una actitud triunfal sobre el mundo católico, debilitado después de la Guerra de los Treinta Años.

Una historia para ver

Hasta el 4 de marzo estará abierta al público la exposición de BBVA. Así que queda poco tiempo para conocer esta selección de las colecciones del banco español. Los textos que acompañan la muestra, así como las salas de información y las visitas comentadas, permitirán que los visitantes se enteren de muchas más historias de las que aquí se cuentan sobre los artistas y sus obras, con lo cual los elementos de la historia del arte se pueden develar fácilmente ante los ojos del espectador.

Juan Ricardo Rey Márquez
Investigador de la curaduría de arte e historia del Museo Nacional

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