Walter Riso comenzó su carrera mostrando sus libros puerta a puerta

Walter Riso comenzó su carrera mostrando sus libros puerta a puerta

Ahora, diez años después, sus obras son bestsellers y vende miles en Iberoamérica. Escenas desconocidas de la vida del autor.

24 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

El próximo domingo 4 de marzo, EL TIEMPO lanzará la colección del psicólogo italiano Walter Riso.

Se trata de 10 de sus libros que estarán a la venta en librerías, almacenes de cadena y centros de venta de EL TIEMPO.

Busque en la edición impresa un cupón equivalente a 10.000 pesos, el cual le permitirá comprar un libro semanal de la colección por un valor de 7.900 pesos.

Los inicios de Riso

Con la misma estrategia que puede tener un comerciante de enciclopedias, llegaba a sus citas con un bolsito en el que cargaba algunos ejemplares de 'Aprendiendo a quererse a sí mismo', que editó de su propio bolsillo.

"Las primeras veces era difícil, pues el librero lo podía mirar a uno con cara de asco, como diciendo quién es este", recuerda el psicólogo, reconocido por sus tesis sobre el asunto más incomprensible del mundo: el amor.

Riso le entregó 50 ejemplares a una prestigiosa librería de la ciudad. Con más curiosidad que cualquier otra cosa, al mes llamó para saber qué había pasado. "Se vendieron todos, no lo podía creer".

Este milagro editorial lo motivó un juicioso paciente depresivo, quien le entregó a Riso un paquete con los mensajes reflexivos que el psicólogo le había escrito mientras estuvo en terapia, como parte del tratamiento.

Ese primer mes pensó que su golpe de suerte no iba a alcanzarle para vender más de mil libros, pero no fue así. De hecho, creó una microempresa que resultó ser un desastre. "No soy negociante".

Tras el éxito inusitado de su primer libro pensó en hacer otro, 'Deshojando margaritas', sobre una enfermedad por la que lo consultan a menudo y que considera un problema de salud pública: el desamor.

En la última década, Riso, de 55 años, pasó de ser un psicólogo anónimo a los periódicos latinoamericanos y españoles, y sus cada vez más jóvenes lectores lo ven como una especie de elegido, con la capacidad de cambiarle la vida a la gente. "Les digo: 'Yo no soy un maestro, ni me sigan' -cuenta-. No doy consejos en mis libros, solo genero espacios de reflexión para que la gente piense".

El seductor

A este italiano, oriundo de Nápoles, todos los días le llegan invitaciones para que dicte conferencias, incluso lo han requerido desde recónditas veredas del país, a las cuales no puede asistir por cuestiones de seguridad.

En más de cinco años de charlas por diferentes auditorios iberoamericanos se ha encontrado con lectores que le dicen que los salvó de la muerte o mujeres que agradecen porque se pudieron separar del hombre que les hacía daño.

En otras ocasiones, como sucedió en Bogotá, le gritaron: "Loco, usted está loco". En otro escenario, una mujer se tomaba la cabeza y abría los brazos mientras él hablaba. Paró y le preguntó qué le pasaba. "¡Está diciendo sólo estupideces!", dijo.

"A algunos les puede molestar mis comentarios -explica-. Por ejemplo, como estudioso de la bioética tengo una mente abierta: estoy de acuerdo con los matrimonios homosexuales, con las feministas cuando defienden el aborto y con el suicidio asistido cuando debe hacerse...".

Otra vez, cuando estaba firmando autógrafos en Buenos Aires un hombre se le acercó con un libro de El señor de los anillos.

-Señor, este libro no es mío, le dijo.

-No seas boludo, poneme ahí cualquier cosita...

-Mirá yo no soy Tolkien, le replicó y llamó a seguridad.

Lo extraño era que en la fila había otros 20 que tenían diferentes libros. Todos eran amigos de infancia de Riso, quien llegó a Argentina en los años 50, huyéndole a la miseria que dejó la guerra en Europa.

Allí, en un barrio de inmigrantes italianos en Buenos Aires hizo sus primeros pinos en la escritura por culpa de su padre, quien le contrató clases de piano justo cuando sus compañeros estaban jugando fútbol en la calle.

Un día no quiso recibir más clases y se puso a escribir. La profesora, por lo tanto, le regaló unos libros, por lo que la clase se convirtió parte música y el resto escritura.

Debido a las necesidades económicas de su familia, que vivía de un restaurante, de pequeño le tocó trabajar como albañil, cartero, mesero e incluso fue vendedor puerta a puerta de libros. Como salió de un bachillerato técnico, lo más obvio era que estudiara ingeniería electrónica, carrera que se pagó siendo dibujante en una empresa de ascensores.

Época 'hippie'

Sin embargo, los 60 no llegaron en vano y lo sedujo la política, el teatro, la bohemia y el hippismo, por lo que no terminó la carrera. "En mi juventud me chupé todo el cine arte que había, como películas checoslovacas sin traducir. Hay que ser muy idiota para hacer eso, pero estaba de moda".

En sus travesías terminó estudiando psicología. Casi a los 30 años viajó a Colombia de paseo y lo flechó una paisa, por lo que se quedó en el país como docente de una universidad antioqueña.

Hoy, separado, con dos hijas y vuelto a casar con una psiquiatra, su vida profesional es viajar para dictar conferencias y para atender sus consultorios en Buenos Aires y Barcelona (España).

También cocina, juega fútbol (uno de sus sueños era ser jugador profesional) y cuando quiere vacacionar vuela al sur de Argentina, donde hay un reducto hippie, fundado por una de sus dos hermanas.

Donde esté, todos los días escribe por lo menos cuatro horas en la mañana. Sus temas, dice, salen de la academia, de sus pacientes y de la experiencia personal.

"No puedo hacerlo si no tengo el título del libro. A veces me demoro hasta siete meses en encontrarlo -cuenta-. Antes de pasar el texto a la editorial se lo paso a mi esposa para que lo revise. Cuando no le gusta, me pone a pensar".

Diferencias con la autoayuda

El libro que más le costó trabajo escribir fue 'Intimidades masculinas' porque fue una "confrontación personal". Lo curioso fue que en algunos países lo promocionaron como "el libro del hombre que renegó de los hombres".

Dice que, aunque le gusta escribir sobre el amor, tema que para él es interminable, quiere escribir teatro, como lo hacía en su juventud. Incluso, quisiera hacer el papel de Sócrates.

Confiesa que sólo lee a los colegas serios y siempre ha pensado que hay diferencia entre sus tesis y los textos llamados de autoayuda. "Soy un psicólogo que escribe y no un escritor que escribe psicología -explica-. Para mí, la autoayuda no es escrita por profesionales y no tiene mucha sustentación académica ni la estructura de la divulgación psicológica".

Como sus colegas, ha sido víctima de la piratería. En Medellín, por ejemplo, se encontró con que un comerciante tenía toda su colección en la calle. "El hombre me dice: '¡No lo puedo creer, el doctor Riso en persona! Gracias por visitarnos'". Ante el reclamo, el comerciante tomó un libro y le dijo: "Usted no se puede quejar, mire la terminación".

Diez años después de haber comenzado su viaje, el gurú, de rizos canosos y bigote pulido, que aparece sonriendo en los avisos de prensa, dice que del reconocimiento le ha quedado valorar las cosas cotidianas de la vida, como el momento de comer pizza con sus amigos.

"Yo jamás me siento a escribir pensando que voy a hacer un best seller -cuenta-. Hay libros que se venden y otros que no. No soy ambicioso".

El boom literario de Walter Riso

Cuando lanza un libro, que puede ser cada año, vende 50.000 ejemplares en los cuatro meses siguientes. Así mismo, su colección de libros puede llegar a las 120.000 unidades anualmente.

Además de Colombia, los países que más consumen los textos de Riso son: México, Argentina y España.

Se calcula que los piratas en las calles colombianas venden el equivalente al 40 por ciento de las ventas reales de sus libros.

Tiene 12 libros con Editorial Norma (el último, 'Los límites del amor'). Los están traduciendo al inglés.

Al año, Riso puede dictar unas 10 conferencias en el país y en el extranjero. En cada una de estas puede reunir a por lo menos mil personas. Todos los días le llega una solicitud para charlas, incluso hay peticiones de algunas veredas de Colombia.

Este autor puede demorarse unas cuatro horas firmando autógrafos después de dictar una conferencia.

ANDRÉS GARIBELLO
REDACTOR DE EL TIEMPO

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