¡A defenderse, maestro!

¡A defenderse, maestro!

Documentos y testimonios comprometen al coronel Alfonso Plazas Vega en la desaparición de 11 personas tras la toma del Palacio de Justicia.

23 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

CON SU TRADICIONAL aire altivo, el coronel ¿ Alfonso Plazas Vega llegó el viernes muy temprano a  la Fiscalía. A diferencia de otras citaciones a las que tuvo que responder en los últimos 20 años como declarante o testigo, en esta oportunidad el requerimiento era para rendir indagatoria frente a una fiscal delegada ante la Corte Suprema por el caso de la desaparición de 11 personas tras la cruenta toma del Palacio de Justicia el 6 y 7 de noviembre de 1985.

Cuando ingresó al despacho judicial, Plazas Vega se veía inquieto. No era para menos. Cuando hace dos años la Fiscalía reabrió el caso, encontró nuevos elementos que demostraban que militares que participaron en el rescate de la edificación podían estar involucrados en esas desapariciones.

Por este caso han sido detenidos el coronel ¿ Edilberto Sánchez Rubiano, director de Inteligencia de la brigada 13 del Ejército, y su subalterno, el capitán Óscar William Vásquez quienes,  según la fiscal del caso,  no pudieron explicar el paradero de varias personas que salieron vivas del Palacio y que fueron conducidas a la Casa del Florero, bajo control del Ejército. En esa época, el coronel Plazas Vega aseguró en varias entrevistas que, en su calidad de comandante de la Escuela de Caballería, había cumplido con la tarea de rescatar a los rehenes y entregárselos a Sánchez Rubiano.

Lo que Plazas Vega no sabía era que desde diciembre pasado los investigadores habían puesto los ojos sobre él. Tenían documentos y testimonios que le atribuían una mayor responsabilidad en la retoma del Palacio y en los sucesos posteriores con las 11 personas desaparecidas. 

 Instrucciones claras

En fuentes cercanas a la investigación, CAMBIO estableció que una de las pruebas del expédiente contra Plazas es un folleto titulado Instructivo de Inteligencia contra el autodenominado M-19, hecho por el Ejército en 1980, que indica que la cúpula  militar de la época  señaló responsabilidades específicas no sólo al B2 de la brigada 13, encargada

de tareas de inteligencia, sino a otras unidades tácticas de Bogotá, como la Escuela de Caballería, entonces comandada por Plazas Vega. "Una de las actividades de la Unidad de Inteligencia es la de identificar, capturar e interrogar a los miembros de ese grupo subversivo", dice uno de los apartes del Instructivo, y agrega que esa función será compartida por el B2 de la brigada y la Escuela de Caballería.

El revelador documento, hallado hace un par de meses entre archivos olvidados en una bodega de la brigada 13 al norte de Bogotá, es para la Fiscalía una evidencia de que Plazas Vega llegó al Palacio de Justicia con conocimiento previo del comando del M-19 que se la había tomado y con los nombres de algunas personas que, según el Ejército, habían facilitado el acceso de los guerrilleros a los pisos superiores del edificio. "Esta nueva evidencia demostraría que el coronel Plazas cumplió un doble papel en los hechos del Palacio de Justicia: uno operacional y uno de inteligencia contra objetivos predeterminados", le dijo a CAMBIO uno de los investigadores.

Según los fiscales encargados del proceso, algunas de las 40 personas que de acuerdo con los registros fueron retenidas en la Casa del Florero, fueron enviadas en secreto a la Escuela de Caballería y confinadas en las pesebreras de la Escuela. Según la investigación, habían enviado los caballos al criadero de Bonza, cerca de Duitama, Boyacá. Pero, además, hay  testimonios de militares retirados y de otros testigos que dicen haber presenciado la llegada  de varias personas a la Escuela y algunos los interrogatorios. Sobre esto, Plazas Vega debió dar explicaciones la semana pasada,  porque entonces era  el comandante de la Escuela de Caballería.

Durante la larga sesión de indagatoria, cuyos resultaron no se conocían al cierre de esta edición, Plazas Vega debió exigirse a fondo para convencer a quienes lo interrogaron, de que su papel en los cruentos hechos de la retoma del Palacio de Justicia, donde murieron más de 100 personas, entre ellos 18 magistrados, se limitó a ingresar al edificio y a rescatar rehenes. No la tiene fácil el coronel que hace 20 años llenó titulares con la frase: "¡Defendiendo la democracia, maestro!". 

 

FRASES DEL CORONEL

  "¡Aquí defendiendo la democracia, maestro!". (6 de noviembre, 1985)

   "Mi general Arias Cabrales concretamente dio la orden de ingresar al Palacio de Justicia utilizando los vehículos blindados". (27 de diciembre , 2006)

  "Sacamos 245 personas que rescatamos de los asaltantes. Los entregaron en la Casa del Florero a diferentes comandantes para que constataran sus antecedentes judiciales". (18 de febrero, 2007)

  "Yo estaba encargado de la parte operativa que buscaba liberar a magistrados y funcionarios del Palacio, por lo que desconozco la suerte de los civiles que fueron evacuados". ( 6 de  febrero,  2007)

 

EL FANTASMA DE LAS PESEBRERAS

Las pesebreras de la Escuela de Caballería se hicieron famosas en el gobierno presidente Julio Cesar Turbay Ayala (1978-1982), porque allí eran llevadas las personas señaladas por el Ejército de ser auxiliadoras del M-19, grupo que en 1979 robó 5.000 armas del Cantón Norte de Bogotá y en 1980 se tomó la Embajada de República Dominicana, entre otros.

El caricaturista Héctor Osuna hizo entonces para El Espectador las más incisivas y críticas caricaturas sobre las pesebreras y las torturas de los militares a los enemigos del gobierno del Estatuto de Seguridad, promulgado para frenar el avance del M-19.

Organismos de Derechos Humanos denunciaron, en su momento, que en las caballerizas de Usaquén eran torturados los enemigos del Gobierno y existen decenas de testimonios en periódicos y libros sobre las torturas que aplicaban los militares, encabezados por el ministro de Defensa, general Luis Carlos Camacho.

 

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