Esquina Crítica / El premio de Paula Andrea Ramírez

Esquina Crítica / El premio de Paula Andrea Ramírez

Por: Germán Uribe

22 de febrero 2007 , 12:00 a.m.
La exaltación de nuestros más destacados valores humanos por parte de la prensa, más que una obligación, es una necesidad del orden social cuya finalidad explícita es la de buscar a través de quienes consiguen celebridad, hitos o valiosas conquistas, aquel reconocimiento público que lleve a contagiar con sus ejemplos a quienes se informan de ello.

Los columnistas, por tanto, jugamos un papel relevante en dicha tarea.

De allí, entonces, que, al enterarme en estos días de la feliz noticia sobre la joven tolimense de 28 años, Paola Andrea Ramírez Barbosa, quien recientemente fue galardonada con el premio que cada 10 años confiere la Universidad española de Salamanca a la mejor tesis doctoral en Derecho Penal, no pueda menos que registrar con profundo beneplácito tamaño triunfo. Triunfo que premia con creces los esfuerzos de su familia y las expectativas de las gentes de su terruño, al tiempo que coloca en el escalafón de las grandes ligas del derecho penal hispanoamericano a un colombiano.

Y esta vez, y no por accidente, aunque sí de manera excepcional, se trata de una mujer bastante joven que con justa excitación proclama: "Este premio me ha dejado una satisfacción enorme y es un orgullo porque soy la primera mujer Doctor en Derecho Penal en Colombia".

Paola Andrea, actual asistente jurídica del Fiscal General de la Nación, Mario Iguarán, logró superar con su tesis de grado enfocada hacia "la responsabilidad penal empresarial por omisión" a 600 colegas suyos de diversas nacionalidades, y de contera, materializar el sueño de ser distinguida por el rey Juan Carlos de España quien firma de su puño y letra el codiciado galardón universitario.

¡De qué manera compartimos su alegría por el laurel alcanzado!
Sabemos que es el fruto de su aplicación a los estudios que adelantara primero en el colegio femenino Santa Teresa de Jesús, de su ciudad natal, luego en la Universidad de Ibagué, y por último, en la Universidad de Salamanca en donde buscaba doctorado y máster y desde la cual, a través de su rector, don Ignacio Verdugo Gómez de la Torre, vino a enterarse de que ya a sus escasos años de edad, era reconocida internacionalmente y laureada por la calidad y la audacia del tema propuesto en su tesis.

Conocemos de la importancia de la Universidad de Salamanca en la Península Ibérica, hemos seguido de tiempo atrás los ecos de su destacado nivel académico y cultural y somos testigos de su ascendente educativo en todo el mundo, pero además, sabemos también que compite, cabeza a cabeza, por un soberbio título de antigüedad en Europa, como quiera que su fundación en 1218 es superada sólo por las universidades de Bolonia (1088), Oxford (1096), París (1150) y Módena (1175).

No se trata, entonces, simplemente, de que esta brillante mujer tolimense, esta estudiosa penalista colombiana obtuviera unos honores de algún Centro Educativo Superior. En este caso, la repercusión del éxito y la honra provienen de la excelencia y la celebridad universales de la reputada y casi milenaria Universidad española que vio en ella un valor jurídico digno de enaltecerse.
Los tolimenses tenemos ahora un nuevo valor humano para enseñarle a Colombia. Alguien que por su inteligencia y consagración, y la fuerza desde su temprana edad, seguramente nos dará otras inestimables satisfacciones.

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