Pesimismo generalizado sobre aprobación de TLC con Colombia en el congreso de EE.UU.

Pesimismo generalizado sobre aprobación de TLC con Colombia en el congreso de EE.UU.

Así lo constató el vicepresidente Francisco Santos. Académicos, lobbistas, congresistas y ONG le hicieron ver que las posibilidades de que este año se apruebe el Tratado no son las mejores.

18 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

"Si el voto en el Congreso fuera hoy, el TLC con Colombia no pasaría. No existen los votos. Y tienen solo siete semanas para responder a las preguntas que se están formulando y hacer los cambios (en materia laboral) que se han requerido", le dijo a Santos el demócrata Sander Levin, presidente del Subcomité de Comercio de la Cámara de Representantes.

Eso fue durante una cena que se organizó en honor de Santos el martes pasado, en el marco de una gira que realizó por Washington. Al día siguiente, se entrevistó con Jim McGovern, otro representante a la Cámara, según el cual el Tratado de Libre Comercio (TLC) no figura de momento en la agenda de su partido.

Los pronósticos de Levin y McGovern le cayeron a Santos como un baldado de agua fría pues, de hecho, la intención de su viaje era hacer lobby ante los demócratas, ahora en el poder, y en cuyas manos reposa la suerte del TLC en su trámite por el Congreso.

Nuevos escenarios

El panorama se oscurece más si se tiene en cuenta que el tema ya trascendió lo puramente comercial y ahora juegan más los intereses y cálculos políticos de demócratas, republicanos y la misma Casa Blanca.

Los demócratas llevan años criticando la política comercial de Bush, particularmente la firma de acuerdos de Comercio a los que atribuyen el profundo déficit fiscal del país.

Es mismo martes, para rematar, el departamento de Comercio hizo públicos las cifras del déficit: 764 mil millones de dólares y el quinto año consecutivos en ascenso. La estadística provocó una agitada audiencia en el Capitolio en la que demócratas y republicanos atacaron en conjunto las políticas comerciales de la Casa Blanca.

"Necesitamos un cambio fundamental en esta política: una que incluye provisiones que garanticen la protección a los derechos laborales basadas en estándares internacionales y protejan al trabajador estadounidense", dijo el presidente del Comité de Medios y Arbitrios, Charles Rangel, y el mismo mensaje incluido en una carta enviada por 13 líderes del partido al presidente ese mismo día.

La Representante Comercial de Estados Unidos, Susan Schwab, que testificaba en dicha audiencia, defendió los Acuerdos Comerciales atribuyendo el 90 por ciento del aumento del déficit a las alzas en los precios del combustible -petróleo-. Algunos demócratas, como Max Baucus, admiten que eso es cierto, pero no esconde el hecho que buena parte del apoyo popular de su partido está cimentada en la oposición a los TLC.

Con las elecciones legislativas y presidenciales de 2008 ya en el horizonte, sería complicado defender la firma de nuevos acuerdos como los de Colombia, Perú y Panamá que están pendientes.

Aprobarlos requeriría de profundos cambios, incluso a través de la "renegociación". Así mismo, en caso de respaldarlos, buscarían obtener amplias concesiones de la administración como compensación.

Además, está la apuesta de la AFL-CIO, la organización sindical más grande del país, a la que le gustaría que se incluyan los estándares de la Organización Internacional de Trabajo en el texto de algún TLC, pues eso les abriría la puerta para exigir ante la Corte Suprema un ajuste de la legislación laboral de Estados Unidos que hoy está muy por debajo del estándar de la OIT.

Y es allí donde la administración, que de por sí cuenta con muy poco capital político (la guerra en Irak se lo ha consumido todo), intenta malabares. Si cede a las presiones de los demócratas, perdería el voto de los republicanos que se oponen a tales cambios. Y sin sus votos tampoco sería aprobado el TLC.

La Ofician Comercial lleva varias semanas negociando con los demócratas algún esquema que complazca a todos. Se esperaba, incluso, que para este 19 de febrero se conociera un paquete de ajustes al TLC que permitiría su trámite en el Congreso. Pero el tema quedó pospuesto.  

"Hay desacuerdos substanciales", dijo Schwab durante la audiencia tras insistir en que los cambios se pueden lograr sin que los tratados con Colombia y Perú sean renegociados. 
La preocupación del gobierno colombiano es que los mismos demócratas, quizá por los grandes intereses que están de por medio, no han siquiera precisado cuáles son sus deseos.

Colombia esgrimirá dos argumentos

"Es preocupante. Es como tratar de luchar contra un fantasma", dijo Santos con tono lúgubre en una rueda de prensa el miércoles.

Incluso, hay quienes piensan que Colombia podría terminar "sacrificada" en esta puja política. Es decir, aprobarían el tratado con Panamá cuyo capítulo laboral aún está abierto y puede ser modificado; Perú, que no despierta tanta polémica pues es más pequeño y cuya situación sindical es mejor que la de nuestro país, y entregarían la cabeza de Colombia para satisfacer al AFL-CIO y los demócratas más liberales.

Las esperanzas colombianas están cifradas en dos argumentos: Por un lado, insistir en que el Acuerdo ya está cerrado, que reabrirlo equivaldría a enterrarlo y que las modificaciones se podrían precisar en cartas anexas bajo el compromiso que se vuelvan estándar en futuros acuerdos.

Por el otro -y ese fue uno de los argumentos de Santos-, que Colombia es una isla en un continente sitiado por el populismo y que el fracaso del TLC sería un golpe irreparable para los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región.

En todo caso, el tiempo apremia pues si en algo existe consenso es que si el Tratado no se aprueba en los próximos seis meses, quedaría congelado hasta 2009, cuando ya esté un nuevo presidente en la Casa Blanca.

SERGIO GÓMEZ MASERI
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
WASHINGTON

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