Columna abierta / Los regalos de mis tías

Columna abierta / Los regalos de mis tías

Por: César Castellanos A.

12 de febrero 2007 , 12:00 a.m.
He aprendido a dudar de los regalos por la experiencia que marcó buena parte de mi adolescencia como producto de los regalos de mis tías.

Cuando cumplí 12 años de edad y empezaba a intuir la idea de la autonomía, tuve que padecer los catastróficos efectos que sobre mi imagen de adolescente provocaban la obligación, vigilada por mis padres, de vestir, en cada oportunidad que significaba la visita de mis tías, las prendas obsequiadas por estas dos afables solteronas. La tortura a que fui sometido implicaba calzar zapatos tres números mayor a mi medida, vestido de paño Everfit, camisa con cuello almidonado y su corbata fondo oscuro; por supuesto, implicaba padecer durante el tiempo de la visita 'el oso' mayúsculo de sentirme desbordado por un traje de abuelo y aparente olor a naftalina y sometido a soportar (con impotente actitud de agradecimiento) los obsequios de mis tías. Desde ese momento he aprendido a rechazar con previa disculpa por la negación, todo lo que provenga de la voluntad de otros bajo la forma de regalos.

La anécdota viene a propósito de los anunciados 'regalos del Gobernador a Tunja'. Una vez iniciada su ejecución, los problemas para concretarlas ya han aparecido y promueven tal cantidad de obstáculos que ponen en evidencia graves errores en la concepción, planeamiento, gestión y coordinación con el municipio.

Para empezar, no entiendo que el anuncio de unas obras, sea presentado como 'transformaciones de la ciudad', cuando la dimensión del impacto de estos tres proyectos no significan más allá que eventos aislados (rodeados de buena voluntad) y que su capacidad de transformación urbana no puede siquiera alcanzar la condición de simples inversiones con impacto menor sobre áreas puntuales de la ciudad. He aprendido a reconocer en los actos del Gobernador buenas intenciones, pero signadas por la misma falta de criterio de intervención, inversión y visión estructural de ciudad que ha caracterizado las últimas alcaldías de esta ciudad.

Un viaducto innecesario que creará nuevos conflictos viales sobre un deficiente y mal estructurado sistema de movilidad urbano; un jardín botánico que bien podía haberse realizado dentro del área urbana ayudando a resolver el déficit de áreas verdes y espacio público de la ciudad tal como estaba planteado en el proyecto de recuperación ambiental del río de La Vega, en el sector de Puente Camacho; altas inversiones con un alto costo de oportunidad y con bajo impacto urbano y social, tal como se están ejecutando y que propiciará efectos perversos sobre la valorización de pequeños sectores de la ciudad (desatando la presión y especulación sobre los predios urbanos y rurales).

En mi opinión, la formulación de los proyectos no tuvo la consulta y discusión en términos de la prospectiva de la ciudad y en relación con las necesidades, demandas sociales y de la economía urbana y regional

Insisto, nada puede ser peor que padecer todo lo que provenga de la intención de regalar caprichosamente objetos anodinos que al fin y al cabo terminan por convertirse en artículos inútiles, a pesar de la buena voluntad.

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