El español Francisco Rivera Ordóñez, sangre de torero en cuerpo y alma

El español Francisco Rivera Ordóñez, sangre de torero en cuerpo y alma

Es hijo de Francisco Rivera 'Paquirri', nieto de Antonio Ordóñez y sobrino nieto de Luis Miguel Dominguín. Esta tarde torea en La Santamaría de Bogotá junto a César Rincón y Ramsés.

10 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

En el aeropuerto Eldorado, recién llegado de un vuelo de once horas, Francisco Rivera Ordóñez tenía más pinta de estudiante universitario que de torero profesional. Jeans, saco de lana y un morralito al hombro. Cara de niño consentido y no tanto de alguien que escogió como oficio enfrentarse a toros de 400 o 500 kilos.

Pero a este madrileño de 32 años le quedaba difícil tomar un camino distinto al de los toros. Es hijo de Francisco Rivera 'Paquirri', y con eso sería suficiente. Pero todavía hay más: es nieto de Antonio Ordóñez, bisnieto de Cayetano Ordóñez y sobrino nieto de Luis Miguel Dominguín.

Con esos nombres detrás, ¿podía haberse alejado de los ruedos? Francisco vivió una niñez viendo a su padre en la arena de las plazas. De hecho, sus primeras visitas a Colombia las hizo como hijo de Paquirri. Tendría 6 años, pero las recuerda con emoción. Como matador se presentó en 1996 en Manizales. Hoy por primera vez estará en Bogotá.

-¿A veces no le resulta una carga llevar esos apellidos?

Sin haberse quitado de encima el cansancio del viaje, Rivera Ordóñez responde:

-Es sobre todo una gran responsabilidad, porque en la historia del toreo esos apellidos han sido muy grandes. Tengo la obligación de dejarlos en el lugar que se merecen. Pero también es una responsabilidad conmigo mismo: en definitiva este ha sido mi sueño.

Rivera tenía 10 años cuando su papá murió víctima de una cornada. Recuerda que alcanzó a contarle que quería ser torero como él, pero su padre tomó sus palabras como cosa de niños. No era así. Ya adolescente, empezó a formarse de la mano de Antonio Ordóñez, figura mítica de la historia de la tauromaquia.

-Mi abuelo era el patriarca de la familia. Y quién mejor que él para enseñarme -dice.

A pesar de formar parte de esta dinastía taurina, nunca se sintió presionado a tomar una muleta: "Al contrario. Me la querían quitar de la cabeza.

Mi madre, sobre todo. Porque es una profesión muy dura, muy sacrificada, en la que lo normal es que no llegues a nada, en la que te juegas la vida cada tarde. Pero todos tuvieron que aceptar que era lo que yo quería".

'En un túnel terrible'

Su debut como torero lo vivió en 1991 en Ronda, Andalucía. Esa tarde, desde el callejón, lo observaban atentos Antonio Ordóñez y Luis Miguel Dominguín. Era su niñito, sí, pero también un torero que empezaba a abrir camino. La crítica especializada lo escudriñaba buscando qué tenía de su bisabuelo, de su abuelo, de su padre, de su tío... Y él sólo pretendía encontrar su propia manera de torear.

En 1996, Madrid lo recibió para confirmar su alternativa, junto a José Miguel Arroyo 'Joselito' y Enrique Ponce. A partir de ahí comenzaron para Rivera los años de éxito. Se convirtió en uno de los toreros de moda, y su porte de galán ayudaba a ello. Aparecía tanto en las revistas del corazón como en las de toros. 'Los tres tenores' llamaron al trío de Joselito, Ponce y Rivera. Pero llegaron tiempos difíciles, a principios del 2000.

-Viví dos años en un túnel terrible. Perdí el sitio delante del toro. No me encontraba a gusto en la plaza. No quería estar allí por nada del mundo. Incluso llegué a plantearme el dejar de torear. Sentía que me tenía que ir. Pero por otro lado no lo podía creer: ¡si eso era lo que siempre había soñado hacer! Fue una lucha interna de la cual he salido totalmente. Ahora quiero estar en la plaza y no en otro sitio.

Y en el triunfo sobre esa angustia, Rivera le da todo los créditos a su hija, Cayetana:

-Era de donde me agarraba, y me agarro todavía. Es la que me da fuerza e ilusión.

Su vida sentimental ha sido tan reseñada en los medios como las orejas cortadas a los toros. Rivera Ordóñez es el primer miembro del mundo taurino en unirse a sangre azul española: se casó con la duquesa de Montoso, Eugenia Martínez de Irujo, hija de la Duquesa de Alba. Ella es la madre de su hija. Y ahora, su ex esposa. Se separaron rodeados de chismes de la prensa rosa que hablaba de infidelidades de parte de uno y de otro.

En plena conversación, el madrileño recibe una llamada de su hija desde el otro lado del mundo. "Mi bichito ahora no puedo hablar; te llamo después", le dice con cariño.

-¿Qué piensa su hija de su profesión, no le da miedo?

-Ella apenas tiene 7 años. Todavía no tiene la medida del peligro que esto significa.

-Pero usted ya ha sufrido varias cornadas...

-Claro. Bueno, esa es la obligación del toro, ¿no? Son los riesgos de la profesión.

Ante el crecimiento de los antitaurinos y la posibilidad de que le fiesta brava se acabe, Rivera termina por decir:

-Espero que eso no pase. Es algo tan único, tan vivo, tan puro. Defender la fiesta brava no es difícil ante gente educada. Explicársela a alguien que no quiere entender, es imposible. Lo único que pido es que me respeten, como respeto yo.

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