En Cauca y Nariño

En Cauca y Nariño

02 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

Arauca no es el único escenario de la guerra Farc-Eln. En Cauca y Nariño la situación es similar y allí un hombre clave de las Farc, conocido como J.J o Jurga Jurga, ha sido encargado por el secretariado de sacar al Eln a sangre y fuego. 

La ofensiva ha incluido ataques para derribar lo que alguna vez el cura Manuel Pérez, fundador de la organización, llamó "talanqueras morales de la organización" y por eso, y a sabiendas de que el Eln siempre ha negado cualquier relación con el narcotráfico, la semana pasada las Farc hicieron circular en sus zonas de influencia un comunicado según el cual ese grupo ha organizado retaguardias con el apoyo del cartel del norte del Valle con el fin de garantizar su supervivencia militar y económica.

Pero las acusaciones no paran ahí. Mientras J.J. mueve el aparato militar y selecciona blancos, una comisión de propaganda de las Farc también le atribuye al Eln alianzas con el Ejército y con bandas emergentes de paramilitares. Por eso la semana pasada, en una declaración que publicó en su página web, las Farc calificaron de curioso el hecho de que mientras resistían una ofensiva de las tropas de la III Brigada del ejército, el Eln hubiera asesinado a un comandante del frente 60.

En Cauca la población ha visto multiplicar los riesgos. Los habitantes del Eje, El Bordo, Argelia y Patía han sido testigos de la llegada de la columna Jacobo Arenas, una de las principales estructuras de las Farc, mientras que el Eln ha pedido refuerzos que han tenido dificultades para pasar la Cordillera Occidental.

La situación es de mucha tensión y por eso la Defensoría del Pueblo promovió la firma de un acuerdo humanitario en el que, en principio, representantes de los dos grupos se comprometían a respetar a la población civil.

Samaniego, en Nariño, es otra población en la mira de las Farc, no solo por razones estratégicas sino también simbólicas. Ese municipio se convirtió el año pasado en un laboratorio no declarado de paz, cuando el Eln se comprometió con las autoridades y con la gente a facilitar la limpieza de campos sembrados con minas antipersona.Ese desminado humanitario hoy hace parte hoy del patrimonio de una paz en construcción, según lo ha destacado en sus análisis el observatorio especializado en el tema que funciona en la Vicepresidencia de la República. Dar al traste con ese logro es entonces uno de los propósitos de las Farc, una guerrilla que se desboca en su política de tierra arrasada.

Las comisiones que intentan la mediación han fracasado, por ahora, a la hora de invocar un principio que las guerrillas de otros tiempos decían acatar: el de la ética de la guerra. Sin embargo, sus integrantes confían en que un futuro acuerdo entre los bandos pudiera también favorecer los propósitos de llevarlos a una mesa de diálogo productivo con el Gobierno.

 

 

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