Mero macho

Mero macho

El fotógrafo bogotano Santiago Harker encontró las similitudes entre la charrería mexicana y el rodeo americano.

02 de febrero 2007 , 12:00 a.m.

TODO EMPEZÓ HACE UNA DÉCADA. Santiago Harker estudiaba en el San Francisco Art Institut cumpliendo una beca de la Fulbright cuando, en el trayecto hacia la casa de unos amigos que vivían en Guadalajara, cruzó la frontera estadounidense y se adentró en el seco paisaje del estado de Zacatecas en México. Allí, de repente, se topó con una imagen que le hizo evocar el llano colombiano. Se trataba de las charriadas, el equivalente mexicano al coleo nacional. Hombres ataviados de sombreros y pantalones ajustados de cuero gastado y botas puntiagudas apostando por la velocidad y la maestría a la hora de tumbar reses a caballo. Lo cautivó ver el tiempo detenido en el siglo XIX. El color, la luz brillante, las sombras estáticas y la arquitectura le hicieron pensar en Giorgio de Chirico, ese metafísico italiano que hizo paisajes imposibles. Pero sólo en 2003 pudo retomar el tema. De nuevo apoyado por la Fulbright, volvió a Zacatecas a cumplir el viejo sueño.

Se dio cuenta de que el camino ya había sido usado en el siglo XVIII por los españoles en busca de oro, y había sido bautizado con el nombre de Camino Real. Nunca encontraron el oro, pero sí se llevaron la plata. Al cruzarlo, Harker supo que eran caminos hechos por soñadores de riquezas y eso le produjo, de nuevo, el estallido de otra imagen conectada al presente: la búsqueda del sueño americano por los inmigrantes que intentan atravesar la frontera. Al sur de San Francisco se encontró con el espectáculo del rodeo, con los motociclistas -versiones mecánicas de los vaqueros-, con el mestizaje y el sincretismo de una cultura indígena que, como la mexicana, le rinde culto a la Virgen de Guadalupe en bluyines, que es charra y machista por origen cultural, pero capaz de ver en John Wayne -al papá de los cowboys- a su máximo ídolo.

Sus percepciones a lo largo del camino -2.000 kilómetros de frontera entre México y Estados Unidos- quedaron retratadas en el trabajo Huellas de plata, con el que la fundación Fulbright celebra 50 años en Colombia y será expuesto en el Museo de Arte Moderno de Bogotá hasta finales de marzo.

Las fotos de Harker no hacen sino hacer énfasis en la gran paradoja que marca las relaciones entre México y Estados Unidos: cuanto más se desdibujan los límites, más se cierra la frontera.

 

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