Un tolimense se convirtió en cazador de 'chulos' profesional para sanaciones y rituales

Un tolimense se convirtió en cazador de 'chulos' profesional para sanaciones y rituales

Diseñó todo un ritual para apresar estas aves carroñeras. Lo hace sin asco y por encargo de enfermos graves que afirman haberse sanado al consumir la sangre y la carne del animal.

12 de enero 2007 , 12:00 a.m.

Francisco Sabogal, un tolimense de 47 años, vive de un particular oficio: caza chulos. Oficio que además es rechazado por organizaciones protectoras de animales pero que encuentra mercado.

"Están ariscos, azarados. Es que los chulos no son tontos. Ya me conocen y mínimo ya me vieron", cuenta con desparpajo Francisco Sabogal, un hombre  de piel morena nacido en la vereda El Tesoro del Líbano (Tolima), más conocido como Pacho.

El relato lo hace mientras acomoda la cabeza despellejada de una vaca cualquiera que compró como carnada para que los gallinazos que aguardan sobre las ramas de un árbol se dejen tentar por tan 'apetitoso bocado', caigan, piquen y se enreden en una trampa que él mismo se inventó.

El trabajo de este hombre de 47 años, casado y padre de tres hijos, puede resultar escabroso y hasta visceral: se dedica a cazar gallinazos. Sí, esas aves carroñeras que se alimentan de muertos en descomposición y de toda suerte de desperdicios. 

Por encargo de enfermos graves de males como el cáncer, recorre los basureros de municipios vecinos a Bogotá en su búsqueda.

En este particular oficio ya lleva 20 años. Recuerda que el primer gallinazo que atrapó fue por solicitud de un amigo suyo que se moría de cáncer en el estómago.

"Estaba desahuciado y se tomó como 60 chulazos (así llama al preparado con la sangre del animal, jugo de mora y Kola Granulada), y ahora anda colorado, lleno de vida". A su vez, agrega que este es solo uno de los tantos casos en los que la ingesta de la sangre y la carne del animal ha hecho aparentes milagros (ver recuadro). Incluso, asegura que su mujer sólo pudo quedar embarazada después de consumirlo. 

El ritual del chulo

Durante las dos décadas que lleva dedicado a esta tarea (que alterna con el trabajo en una ferretería y en lo que lo pongan a hacer, pues se declara un rebuscador), diseñó un ritual alrededor del apresamiento de las que él denomina 'gallinas negras'. "Así suena más bonito", dice. 

"Después de que caigan en la trampa (cabezas de ganado o vísceras de pollo sujetas a una cuerda), hay que corretearlos para que les revuelva la sangre. Luego se amarran patas arriba a un palo y se les corta el pescuezo con un bisturí".  

Pacho prefiere que sus 'pacientes' lo acompañen a los basureros donde aguardan las aves.

"Apenas se prepara el jugo, el enfermo tiene que tomárselo de una vez, y ponerse a correr. Como es sangre, de pronto se les coagula en el estómago si se quedan quietos, y eso sería grave", señala.

En caldo sabe mejor

"La carne también se come, en caldo. Es roja, y cuando se cocina, queda disuelta. Sabe a caldo de gallina. Dicen que el corazón del animal lo disuelven en chocolate para que los borrachos no vuelvan a  tomar. comenta Pacho.

A la fecha, este tolimense no recuerda el número de gallinazos que ha capturado. "Podrían ser unos mil". Los pedidos los recibe vía celular.

Ha llegado a apresar, en un solo día, hasta 18. Aunque, hay ocasiones en las que están muy llenos y ni se arriman a la trampa Tal cual ocurrió el día en el que EL TIEMPO lo acompañó en esa búsqueda, en el basurero de La Mesa (Cundinamarca). 

Por este trabajo, Francisco Sabogal afirma no cobrar un solo peso. "Sólo pido lo de la gasolina de la moto y lo de la cabeza de la vaca para armar la trampa. Si me quieren dar algo, para la gaseosa, lo recibo. Pero no cobro", advierte.

'Yo me curé con la sangre del chulo'

Adriana González, secretaria de una oficina de abogados de Bogotá, asegura haberse curado de un cáncer en el útero después de ingerir la sangre y el caldo de chulo durante 40 días.

"Los médicos no me daban esperanzas y las quimioterapias no me mejoraban. Al principio me daba mucho asco, pero me acostumbré", cuenta esta mujer quien, asegura, también pudo concebir a su hija con la ingesta del chulo, pues era estéril.

Carlos Vicente Rada, director del Instituto Nacional de Cancerología, piensa que todo esto se trata de una creencia popular y de una respuesta a la angustia de la gente en medio de la enfermedad.

"Científicamente está comprobado que el gallinazo genera una alta cantidad de anticuerpos, y eso lo hace inmune a muchas enfermedades. Pero el consumo de su sangre no garantiza que le suceda los mismo a la persona. El efecto en el organismo es muy corto. No es un tratamiento efectivo y menos terapéutico", señala el especialista, quien agrega que el repetido consumo de la sangre de este animal podría causar intoxicaciones. 

El Coragyps atratus

El gallinazo, cuyo nombre científico es el Coragyps atratus, cumple con una labor de limpieza en los ecosistemas. En contraste con las demás aves, no tiene cloaca. Por tanto, no defeca sino que regurgita (vomitan) lo que no le sirve en su metabolismo.

Elizabeth Salazar, presidenta de la Asociación Defensora de Animales (ADA) rechaza la práctica de la cacería de estos animales con supuestos fines medicinales. "Aunque abunden y no estén en vía de extinción, son seres que tienen el derecho a vivir. Su sacrificio afecta el medio ambiente", señala esta veterinaria quien desconoce que en otras regiones del país haya gente dedicada a este oficio.

JOSÉ ALBERTO MOJICA P.
Redactor de EL TIEMPO.

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