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La vida de la teniente Edna Leal en la Armada Nacional

La vida de la teniente Edna Leal en la Armada Nacional

La uniformada cuenta cómo vive entre 80 hombres en la fragata ARC Antioquia.

Son las 7:15 a.m. y la teniente de corbeta Edna Rocío Leal no tiene buena cara. Dice que no está enferma, pero se ve pálida. Las altas mareas que la noche anterior llegaron hasta cuatro metros cerca de San Andrés y que se sintieron con fuerza en la fragata ARC Antioquia, le produjeron un mareo que no la dejó pegar los ojos. 

Es lunes y la teniente Leal, de 21 años, se alista para su semana 47 a bordo de una de las embarcaciones símbolo de la Armada Nacional. Debe hacer dos turnos en el día: de las 12:00 del mediodía a las 4:00 p.m. y luego de las 12:00 de la noche hasta las 4:00 a.m. "Así es siempre mientras navegamos -dice-. Trabajamos cuatro horas y descansamos ocho". En puerto, su horario es  de oficina: de 7:00 a.m. a 5:00 p.m.

Desde hace cinco años, la teniente forma parte de la Armada Nacional, pero ese no es su principal mérito. Se trata de la única mujer de la fragata Antioquia, una embarcación que antes sólo tenía hombres en su tripulación. Su amor por el mar y por la Armada empezó desde muy joven y a los 16 años decidió que quería seguir los pasos de su hermano, un teniente de fragata. Fue la única de las 42 niñas de la promoción 2001 del Colegio Sagrado Corazón de Jesús de Gramalote, Norte de Santander, que escogió matricularse en la Escuela  Naval. "En el último año de bachillerato me decidí por ser oficial y me inscribí en la Naval, pasé los exámenes y acá estoy -cuenta satisfecha-. La Marina me ofrece lo que siempre había buscado". Una búsqueda en la cual siempre contó con el apoyo de sus padres, un comerciante y una profesora.

Cuando ingresó a la Armada eran 29 mujeres y 115 hombres en el curso. Cuatro años después, sólo 11 se graduaron y ella era la única de Norte de Santander. "Las otras no aguantaron -dice-. La formación es dura y no todas soportan la milicia". Fue gracias a una tutela que exigía reconocer la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en la carrera militar, la que le permitió hace un par de años entrar a la Armada Nacional. La ironía es que quien interpuso la tutela no pasó las pruebas físicas. Hoy Leal es la única representante femenina en la fragata Antioquia, donde comparte responsabilidades con 80 hombres.

Adaptarse a ese tipo de vida fue muy difícil al principio, pero poco a poco se fue acostumbrando y ahora se siente entre ellos como pez en el agua. "Ya nada me da duro -dice-. Ni las madrugadas, ni las trasnochadas en altamar". La disciplina es la misma para todos y no hay excepciones por su condición de mujer. "Siempre le he pedido al comandante que me dé el mismo trato, que no haga excepciones y que me exija -asegura-. Y así lo ha hecho". Lo confirma el capitán del navío, Sergio Uribe: "Ninguna consideración, no puedo hacerlo porque los hombres me protestarían -asegura-. Aquí todos somos iguales". No obstante, sin querer queriendo, tiene algunas ventajas. El camarote, por obvias razones, no es compartido y tampoco el baño. Y eso es un lujo que pocos pueden darse.

 La tarea no es fácil, pero la teniente asegura que esto es lo suyo y que sus aspiraciones son altas. "Mi meta es continuar y, por qué no, llegar a ser Almirante -dice-. Sería lo máximo". Para llegar tiene que ser primero teniente de fragata y de navío, capitán de corbeta, fragata y navío, contralmirante y vicealmirante. Un camino de más de 25 años no exento de sacrificios, esfuerzos y exigente en resultados. "Sé que lo que viene es muy duro, pero estoy dispuesta a seguir adelante -asegura con firmeza-. Cueste lo que cueste, esto es lo que elegí para mi vida".

Parece decidida. Desde hace 11 meses no ve ni a su familia, ni a su novio. Sólo habla con ellos por teléfono. "Es duro pero ellos saben en qué estoy -afirma-. Y ni por ellos dejaría mi carrera". Y frente a la pregunta sobre qué les recomendaría a otras mujeres que quisieran ingresar a la Armada, responde sin vacilar: "Que estén seguras de la decisión, porque lo peor que le puede suceder a alguien es hacer algo que no le gusta o que no le da sentido a su vida". Y ese sentido fue lo que, a juzgar por su expresión, encontró la teniente Leal en la Armada. "Para los marinos nuestra vida es el mar -afirma-. Es todo lo que tenemos y, como dicen por ahí, no veremos ni morir a nuestros padres, ni nacer a nuestros hijos". Aunque para ella, claro está, la segunda parte es sólo una frase de cajón.

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