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El presidente Álvaro Uribe habla de la Navidad, los regalos y la nostalgia del 31

El presidente Álvaro Uribe habla de la Navidad, los regalos y la nostalgia del 31

Se refiere a los recuerdos que guarda de esas fechas. También, a sus preferencias: Nochebuena o Año Nuevo, arbolito o pesebre, Niño Dios o Papá Noel, natilla o buñuelos, recogimiento o divertimento...

Una bicicleta 'todoterreno' que Lina Moreno, su esposa, le regaló en una Navidad, hace ya unos años, lo trasladó a épocas de niño, cuando cada 25 de diciembre despertaba emocionado en busca de lo que el Niño Dios dejaba bajo su almohada.

Hoy, el presidente Uribe asocia la Navidad a su tradición cristiana. Y, a diferencia de cuando era joven, que bailaba como un "trompo sangarrias" (de esos que dan más saltos que vueltas), ahora recibe estas fiestas de dos maneras: en la mañana visita una comunidad pobre y acompaña a miembros de la Fuerza Pública en un lugar alejado del país, y en la noche, en casa, se va temprano a la cama y no se toma ni un solo trago.

¿Qué recuerdos guarda de la Navidad?

Todos los recuerdos gratos. En la casa de mis abuelos hacían unos pesebres bellísimos que elaborábamos con materiales recogidos en la propia finca. Los 24 de diciembre eran un espectáculo muy bello. Lo vivíamos con devoción y con muchísima alegría. Son muchos, muchos, los recuerdos gratos que guardo.

¿Qué le llega más al corazón: el Niño Dios o el Papá Noel?

Cuando estaba pequeño, me llegaba mucho la figura del Niño Dios. El Niño Dios para mí era regalos. Ahora, de viejo, lo asocio, siempre, con esperanzas, pero con la idea de Nuestro Señor Jesucristo.

¿Vivió la magia de los regalos del Niño Dios debajo de la almohada?

Claro, varios años. Esa imagen no se borra jamás.

¿Hasta qué edad?

Por ahí hasta los 5 ó 6 años.

¿Hasta que un día descubrió que no era el Niño Dios quien los traía?

Lo descubrió mi hermano Jairo. Él era menor de mí, pero era mucho más avispado y me lo contó.

¿Se acuerda cómo ocurrió?

No, no me acuerdo. Pero sí recuerdo que me dio mucha tristeza cuando supe que no era el Niño Dios el que nos traía los regalos. Habría querido pasar más años con esa inocencia.

¿Qué prefiere en Navidad: el pesebre o el arbolito?

Hacíamos los dos. Y la novena. Lo hacíamos con mucha alegría y entusiasmo.

¿Natilla o buñuelos?

Natilla, buñuelos y manjar blanco. Y hojuelas. Y miel de azahares, que se saca de las flores de los naranjos.

¿La Navidad para usted es recogimiento o divertimento?

Ha habido momentos de la vida en que uno se divierte mucho. En este momento de la vida lo que hay es recogimiento. El recogimiento tranquiliza el espíritu y lo divierte para bien.

¿Cuál fue la mejor época del divertimento navideño?

De pronto cuando adolescente, cuando joven, que era muy bailador. Mal bailador, pero muy bailador. Mi papá decía: 'Álvaro baila mucho, pero baila tan brusco como un trompo 'sangarrias'. O sea que saltaba mucho.

¿Y mucha serenata?

Serenatero sí fui mucho. Se cantaba y se recitaba mucho.

¿Qué lo embargaba más: la Nochebuena o el Año Nuevo?

Ambas fechas me llegan hasta lo profundo, pero de manera diferente. El 31 de diciembre, el último día del año, siempre lo paso con nostalgia, por los seres queridos ausentes. Y procuro madrugar todos los primeros de enero, con mucho entusiasmo, pidiéndole a Dios y a María Santísima, muchísimo por el bienestar del país.

¿Se divierte más el 24, entonces?

Por lo menos el 24 hay más alegría extrovertida. El 31 mucha más nostalgia.

¿Qué le gusta más: regalar o que le regalen?

La verdad es que nada hay mejor que dar regalos. Pero uno es muy curioso con los regalos que recibe. Yo mantengo curiosidades de niño.

¿Cuáles?

La curiosidad por los regalos.

¿Cuál fue el regalo que más lo impactó cuando niño?

Le voy a contar el que más me embargó cuando viejo. Cuando empezaron a salir las bicicletas 'todoterreno', en una Navidad, Lina me trajo una de esas y me emocionó mucho. ¡Huuyyy, la recibí con la alegría de un niño!

¿Un regalo de niño que lo haya marcado?

De niño fui muy aficionado al fútbol. Y en una Navidad el Niño Dios me regaló un balón con características de profesional. ¡Huuuyyyy, eso me puso muy feliz!

¿A quién quisiera regalarle algo especial?

He estado muy obsesionado estos días hablando de la necesidad de que hagamos del 2007 el año del respeto a la vida. Me apasiona mucho ese compromiso.

Me preocupa lo que hemos venido viviendo en materia de asesinatos, no obstante que esa tasa ha venido disminuyendo. Me preocupa ese fenómeno contracultural engendrado por la violencia que lleva a que muchos ciudadanos cuando se enteran de la noticia de un crimen, en vez de repudiarlo airadamente, le buscan justificaciones. Preguntan: '¿Y por qué lo mataron? Ah, porque debía un dinero, porque era mafioso, porque era auxiliador de los paramilitares o de la guerrilla o porque estaba en una discoteca con la mujer de un mafioso'.

Esa justificación del crimen crea una atmósfera ciudadana de impunidad. Lo que tenemos que hacer es defender la vida que nos da Nuestro Señor, aferrarnos al derecho a la vida. Este sería un buen regalo para todos los colombianos.

¿Cómo va a celebrar hoy la Navidad, Presidente?

Desde que fui gobernador de Antioquia y ahora como Presidente, en las mañanas del 24 y 31 de diciembre siempre he celebrado con comunidades de desplazados y pasando un buen rato con los soldados y policías de la Patria. Este 24 estaré en Puerto Santander (Norte de Santander). Allí vamos a abrir un corresponsal bancario de la Banca de Oportunidades. En la tarde llego a la casa, en Rionegro, la paso sencillamente en familia, rezo con devoción a Nuestro Señor y a la Virgen.

El 31 voy a estar en Bojayá. Y en la noche voy a estar en la casa. Me acuesto temprano. Los muchachos ya llevan varios años que se van a las 10 de la noche cuando estoy dormido y regresan a las 8 de la mañana, cuando yo ya estoy en pie.

¿En una fecha como estas sí se toma un trago?

Cuando yo me tomaba dos o tres aguardientes, gozaba mucho. Hablaba más de la cuenta. Recitaba. Era un prendido agradable, no peleador. Pero he decidido meter todo eso en el cuarto de las privaciones en el ejercicio de este oficio. Qué tal que yo me pusiera ahora a tomar aguardiente. ¡Ahí sí me volvería guerrero y le daría más razones a la oposición!

EDULFO PEÑA
REDACTOR DE EL TIEMPO

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