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Reflexión / Nuestro agónico río Magdalena

Reflexión / Nuestro agónico río Magdalena

Carlos Orlando Pardo

El famoso río de la patria que algún día fuera navegable marcha afanosamente a su proceso de destrucción. Así lo informa una investigación premiada de la universidad Eafit donde las cifras no dejan de causar escalofrío. Las afirmaciones van desde aquellas que nos dicen que tiene ya un 66 por ciento de la cuenca con altas tasas de erosión, que está asfixiado por los sedimentos, que el deterioro ambiental es de altas proporciones, que no existen sino remedios con pañitos tibios y que sufre una de las deforestaciones más voraces del mundo.

Pero también advierten que ese alarmante deterioro supera los 171 mil kilómetros cuadrados y que de nada ayuda que el 80 por ciento de la población colombiana viva sobre su cuenca que es la cuarta parte del territorio continental del país. Pero aquí en el Tolima la situación es bien dramática, puesto que como lo afirma Humberto Leyton, se gasta una hora a motor para ir de una orilla a la otra por los lados de Natagaima cuando antes la duración a punta de remo era tan sólo de los cuatro minutos.

Nuestro río, que al comenzar el siglo tenía ocho metros de profundidad y bajaba caudaloso, ahora se bifurca por los sedimentos y en verano los indígenas y campesinos lo cruzan a pie. Para precisar el panorama de lo actual a lo de hace 30 años, se advierte que son nada menos que 30 millones de toneladas más lo que diferencia el volumen de transporte de sedimentos y que el futuro pinta tan negro como sus aguas porque de allí se desprende un 88 por ciento del producto interno bruto de Colombia generado en el área de influencia del Magdalena.

Aquí sí es necesario buscar el muerto río arriba porque el deterioro del cauce parte de la tala de árboles, de haberlo convertido en el gran basurero nacional, de que en sus orillas se siembren cultivos de corto plazo, de que allí paste el ganado libremente y que tanta población invada sus orillas. La investigación establece que su cuenca tiene 114 habitantes por kilómetro cuadrado, la más poblada de Suramérica, mientras que en el Amazonas existe apenas medio habitante por kilómetro cuadrado. Los tiempos que llegan para los 724 municipios-, el 65 por ciento del total nacional y que están situados sobre la cuenca del río, tienen sin exagerarlo visos de catástrofe. Por fortuna, como lo declara el ministro de medio ambiente Juan Lozano, ?si cada uno hace lo que quiere en su pedacito, si la plata se gasta de manera ineficiente, si se sigue produciendo erosión y se ha perdido su navegabilidad, la intervención es prioritaria?

Ojalá sea un propósito nacional para que de nuestro gran río que está quedando el cuncho no subsistan después sino recuerdos. De lo contrario se cumpliría una de las propuestas del doctor Goyeneche, viejo y ya desaparecido candidato presidencial, que planeaba pavimentar el río buscando una salida más rápida a la costa. Ojalá tampoco ocurra que para verlo tengamos que acudir a documentales, a pasadas películas, a poemas como el de Guillén o a las descripciones de García Márquez. Si ya la famosa subienda está en bajada y la pesca se volvió realmente milagrosa, que todos a una nos lancemos al río pero no para ahogarlo sino para contribuir en algo a su cuidado intensivo para la salvación.

Carlos Orlando Pardo, escritor

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