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Más de 3 millones de bogotanos salieron a recorrer las ciclovías nocturnas

Más de 3 millones de bogotanos salieron a recorrer las ciclovías nocturnas

En el centro fue casi imposible andar en bicicleta debido a la cantidad de peatones, mientras en el norte se pedaleó más.

Música, comercio, y las calles tomadas por los habitantes de una ciudad que defienden este espacio recreativo.

La pareja, la familia, los amigos, los compañeros de trabajo, los desprogramados, los vagos, muchos niños y una mujer que iba llorando por la 7a., en el centro. Caras, caras y más caras.

Montones de personas salieron anoche a la ciclovía anual. A las 9 p.m., José Tapias, director del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), dio un primer dato de asistentes: más de 3 millones de bogotanos.

La gente salió a caminar, a hacer visita, a reírse, a ver vitrinas y a comprar. En un almacén de la carrera 7a. con calle 20, sin nombre, se conseguían bluyines a 15.000 pesos para mujer y a 20.000 para hombre, así como siete toallas para la cocina por 1.000 pesos y chaquetas para "dama" a 4.000.

Ferney Pérez, administrador, dijo que había sido el mejor día en ventas de toda la semana.

Los almacenes de zapatos también estaban llenos, aunque, según una dependiente, "muchos entraron solo a sentarse y a hacernos perder el tiempo mostrándoles tenis, zapatillas, sandalias... Pocos compraron", contó.

Afuera, en la calle, se veían personas caminando hasta donde alcanzaba la mirada. Iban con perros, con los coches de los niños, con los niños cargados, en patines y en patineta. Y los ciclistas, al menos en el centro, renunciaron a andar en sus caballitos de acero. "No se puede, mano", dijo Germán, un paisa.

En el norte y el occidente, así como por la calle 26, sí hubo muchas más bicicletas que peatones.

En la calle 85 con 15 a todos los sorprendió un dúo con carteles: 'Abrazos gratis', decían. Y tuvieron clientela. A lo mejor, a la mujer que iba llorando por la 7a., en el centro, le hubiera sentado uno de esos abrazos sin ningún costo.

Los trancones de la jornada

Aura Pérez dejó anoche su carro en la oficina y cogió buseta para irse a su casa, en Normandía. Contó que siempre se había metido en el trancón de la jornada. "En mi carro me demoraba dos horas en llegar a mi casa desde el centro", dice. Porque eso es lo que no le queda bien a la ciclovía nocturna, los trancones que se forman, que anoche fueron en todas las vías.

 

 

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