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Así vivieron los hinchas en el estadio Manuel Murillo Toro la clasificación del Tolima

Así vivieron los hinchas en el estadio Manuel Murillo Toro la clasificación del Tolima

Unos 25 mil aficionados colmaron las graderías y vivieron con pasión cada minuto del partido que llevó al cuadro pijao a soñar con la segunda estrella. El festejo duró hasta el amanecer.

Minutos antes de finalizar el partido las escaleras del estadio resultaron escasas. Los vendedores, sobre cualquier butaca, trataban de ver los últimos minutos del encuentro, los policías aguardaban pacientemente a que la gente se enloqueciera y los aplausos para presionar al árbitro a que diera el pitazo final, formaron un sonoro coro. Luego todo sucedió.

"Oe oe oe oe Juliooo, Juliooo" era lo que se escuchaba en el Murillo Toro. La fanaticada estaba enloquecida, la tribuna del sur no paraba de temblar. Occidental aplaudía y gritaba: "¡Tolima campeón, campeón!".

Ramiro Arjona, de 62 años, abrazaba con fervor sus tres
radios, en uno se escuchaba a Camilo Pinto pelear por una entrevista, en otro se escuchaba a Álvaro Ariza elogiar la labor de los muchachos y en el tercero oía los resultados del partido y después, en los tres amplificaba la celebración que empezó en el estadio, y terminó en las calles de Ibagué.

Una celebración que solo se fraguó en el segundo tiempo, después de un estadio apático en los primeros 45 minutos. En el minuto dos Carlos Darwin Quintero, con una genialidad marca el primer gol de la noche que prendió la fiesta.

Cuando el estadio salía de su letargo con una explosión de energía, los dos únicos hinchas del Boyacá Chicó, que se atrevieron a venir, recogían sus tres banderas y se prepararon a partir, bajo la mirada de los cuatro policías que los cuidaban.

En el minuto 10 Charria saca un riflazo y sentencia el 2-0, que pone al Tolima en la final del torneo.

La gente enloquecida y gritando campeón, campeón, se abalanza hacia la malla cercana al túnel que conduce al camerino Pijao.
Gracias muchachos, gracias, esa estrella es de nosotros gritaban los hinchas que apretujados trataban de tocar a sus ídolos.

¡La camiseta!, ¡una mirada para la cámara! y de pronto apareció Agustín Julio, un segundo de silencio y una sonrisa, una reverencia y desapareció entre sus compañeros, dejando atrás a una multitud que enloquecía a cada segundo con la esperanza de la segunda estrella.

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