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Una elección más que clave se avecina en la dirección de la CAR (opinión)

Una elección más que clave se avecina en la dirección de la CAR (opinión)

Se avecina la elección del director de la CAR, que tiene gran incidencia para el Distrito, por lo cual no puede estar ajeno a este proceso.

La experiencia de la administración CAR 2004¿2006 no debe repetirse, fruto del recurrente desconocimiento de sus propias normas, con sus consecuentes efectos en el bienestar de los ciudadanos y en la eficiencia y eficacia de la gestión pública.

A finales de la década de los 90s, en torno a la formulación y aprobación de los planes de ordenamiento territorial, la CAR expidió los lineamientos a los que deberían someterse los entes territoriales (Acuerdo 16/98). En los mismos primaron principios constitucionales como la participación y la colaboración entre entidades. Pero en estos tres años esos criterios se ignoraron, como se evidencia en los siguientes casos.

El primero, la Mesa de Planificación Región (MPR) Bogotá Cundinamarca, integrada por la Nación, la Gobernación de Cundinamarca, el Distrito y la CAR con el acompañamiento de PNUD, UNDESA/UNCRD, como un espacio de concertación. La puesta en marcha implicó una inversión de 1,8 millones de dólares durante 4 años, por parte de la autoridad ambiental y de las entidades territoriales.

No obstante lo anterior, la MPR perdió su dinámica ante la incapacidad de la dirección de la Corporación de entender sus alcances y la negativa a participar en ella y a poner en marcha las iniciativas surgidas de la misma.

Dentro de ellas la formulación del plan de ordenamiento de la región (Potar) y el sistema de áreas protegidas.

Similar suerte corrió la descontaminación del río de Bogotá, por cierto, programa prioritario de la primera administración del Presidente Uribe y de las de Ardila y Garzón.

Los 126 mil millones correspondientes al 7,5 por ciento del predial que pagan los bogotanos y que se deben trasladar a esa entidad para que los invierta en el perímetro urbano, concretamente en el tratamiento de las aguas del río (con base en el Convenio 250/97), se usaron para incrementar las arcas de la CAR y parte de ellos se emplearon para compra de materiales, elementos de seguridad y contratación de brigadistas en el parque Neusa.

Por último, los cerros orientales tampoco escaparon a la amnesia de la CAR, pese al Convenio 012/01. El plan de ordenamiento y manejo (Pomco) y las alternativas para su implementación, luego de 3 años y de más de 1.000 millones de pesos invertidos, fueron desconocidos, lo que condujo a la resolución del Ministerio que los realinderó y les sustrajo 973 hectáreas, decisión objeto de gran polémica y de una acción popular en trámite ante el Consejo de Estado.

Además, el plan de manejo que expidió posteriormente la CAR desconoció los avances del POMCO y el derecho a la participación de los capitalinos, en especial de las familias asentadas en los cerros, así como las normas sobre reservas forestales protectoras.

En síntesis, Bogotá requiere que quien ocupe la dirección de la CAR contribuya armónicamente a cumplir sus metas, acordes con las realidades de la capital, construidas participativamente y definidas por sus autoridades según sus competencias, sin que primen las veleidades de funcionarios que, además de obstaculizarlas menoscaban el erario público.

YAMILE SALINAS
EX DIRECTORA DEL DAMA

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