Tribuna / La Corporación Darío Echandía

Tribuna / La Corporación Darío Echandía

Augusto Trujillo Muñoz

07 de diciembre 2006 , 12:00 a.m.

 Presidida por el ex fiscal Alfonso Gómez Méndez, la Corporación Darío Echandía definió una programación académica iniciada la semana anterior en Bogotá, con un foro sobre el régimen parlamentario. Además del ex fiscal intervinieron, entre otros los ex presidentes López y Samper, los parlamentarios Héctor Elí Rojas, Roy Barreras, Wilson Borja y el académico Daniel Mejía. El evento se cumplió en el Gun Club de Bogotá bajo la coordinación del ex miembro Alberto Casas Santamaría y con el patrocinio del presidente de Legis, Tito Libio Caldas, y de algunas otras importantes empresas privadas.

En el acto se honró la memoria del maestro Echandía, y se debatió un tema cuya vigencia sigue gravitando alrededor de la actual circunstancia colombiana.

Los defensores del régimen parlamentario parten de la necesidad de fortalecer los partidos para fortalecer la democracia. Sus críticos se limitan a señalarlo como ajeno a la tradición política nacional.

En su libro sobre el futuro de la democracia Bobbio recuerda la creciente demanda democrática formulada por los ciudadanos de casi todo el mundo. Pero esa demanda no pasa tanto por ampliar la representación como por ampliar la participación. La exigencia no es nueva: A propósito de su planteamiento sobre la soberanía popular, Rousseau dijo que "la soberanía no puede ser representada", es decir, ha de ser ejercida en forma directa por sus titulares.

En la base del régimen parlamentario subyace el sistema de representación. La democracia participativa suele ser ajena al sistema parlamentario. Cuando la gente se puede representar a sí misma, es apenas natural que no tenga interés en ser representada por otros. Lo que está en crisis, más que los mismos partidos, es el sistema de representación.

En esa óptica resulta enixacto afirmar que "sin partidos no hay democracia", pues a lo que estamos asistiendo es a un tránsito de la democracia de partidos a la democracia de ciudadanos.

Ese es el desafío que debe ocupar la atención de nuestros países. Sus dirigencias saben que aquel tránsito es concomitante con otro similar: El de la democratización del Estado hacia la democratización de la sociedad. El régimen parlamentario no contribuye a la democratización de las sociedades plurales. Estas son heterogéneas y suelen ser desiguales y excluyentes. En ellas, el régimen parlamentario podría terminar casado con el gobierno de unas minorías insensibles a los intereses de las minorías y, en ese caso, estaría conspirando contra la democratización de la sociedad.
En las sociedades plurales la norma mayoritaria puede significar dictadura de la mayoría y, como dice Lijphart, contienda civil antes que democracia. Ese es un peligro implícito del régimen parlamentario en Colombia.

Lo indicado sería revisar el sistema vigente para recuperar sus equilibrios. En nuestro país existe un régimen presidencial con presidentes débiles, pero con presidencialismo fuerte, que también falsifica la toma de decisiones políticas.

En fin, valdría la pena replicar la programación de la Corporación Darío Echandía en Ibagué, para que los tolimenses participen en esos debates, tan útiles para la salud de la democracia colombiana.

Augusto Trujillo Muñoz, ex senador de la República

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