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Indígenas Paeces de Gaitania han logrado mantener por 10 años pacto de paz con las Farc

Indígenas Paeces de Gaitania han logrado mantener por 10 años pacto de paz con las Farc

El acuerdo puso término a 16 años de emboscadas y combates entre paeces y guerrilleros, que dejaron 36 indígenas muertos, otros doce heridos y más de medio centenar de viudas y huérfanos.

Además, el monte se tragó los cultivos, los niños no regresaron a las escuelas y los hombres de dedicaron casi por completo a vigilar su territorio y a no dejarse matar.

Los paeces también mataron a muchos guerrilleros, pero nadie llevó la cuenta.

La semilla de este conflicto es más vieja que las Farc. Comenzó con la aparición de las primeras guerrillas campesinas en la región y la vinculación de muchos indígenas paeces a las filas insurgentes.

Pero, según cuenta uno de sus líderes, algunos de los que se fueron para el monte regresaron al resguardo decepcionados por la rigidez de la vida guerrillera.

Luego, hacia 1964 cuando el Gobierno lanzó la gigantesca operación Marquetalia para recuperar lo que llamaba las 'Repúblicas independientes', el Ejército recurrió a los indígenas, como guías, para perseguir a los guerrilleros.

Unos 17 años más tarde, en 1981, las Farc comenzaron a cobrar la deuda. Mataron a Herminia Cupaque y dejaron parapléjico a su esposo, Justo Chindicué, quien se desempeñaba como gobernador de las siete veredas del territorio indígena.

Los paeces, fieles a su tradición guerrera, y con apoyo del Ejército, que les proporcionó carabinas M1, conformaron una autodefensa de 150 hombres y comenzaron a emboscar a cuanto guerrillero pisaba sus trochas.

Pero el hambre, el temor a morir en cualquier momento y, sobre todo, el creciente número de huérfanos, obligó a los líderes del cabildo a buscar un acercamiento con las Farc.

"Se hizo casi en secreto porque muchos indígenas querían seguir la guerra y hasta nos llegaron a amenazar de muerte por hablar con la guerrilla", cuenta Virgilio López.

El acuerdo con el frente 21 de las Farc, lo firmaron el 26 de julio de 1996 en la vereda La Esmeralda, ante representantes de organizaciones campesinas, de derechos humanos y delegados del Gobierno.

Hoy, diez años después, Bernabé Paya, Virgilio López y la gobernadora del resguardo, María Elvia Paya, dicen que ese acuerdo acabó de tajo con las muertes violentas y permitió el renacer de la comunidad.

Parte de ese renacer son los cultivos de café que Bernabé Paya, un líder indígena, 
señala desde el borde de un desfiladero. "Antes no salían ni 50 cargas de todo el resguardo y ahora estamos produciendo más de 600 cargas de café", dice.

"Todo eso se sembró después de la guerra", agrega. Bajo sus botas de caucho, a unos 200 metros de profundidad, serpentea una corriente de aguas rápidas y turbias.

Siguen pobres, pero tranquilos

También cuenta que ya les electrificaron dos veredas, tienen un internado para bachillerato, siete polideportivos, abrieron 18 kilómetros de carretera, sembraron caña, maíz, plátano y fríjol y compraron 62 reses con un préstamo de la Red de Solidaridad.
Además, le tienen echado el ojo a otra finca ganadera y a un proyecto de café orgánico.

"Todavía hay mucha pobreza, pero ahora el indio ya mantiene tranquilo para trabajar y puede andar por cualquier camino", afirma Virgilio López.

"El acuerdo se ha cumplido en un 90 por ciento", afirma Bernabé Paya, quien explica la guerrilla incumple a veces cuando ingresa a territorio del resguardo y cuando recluta indígenas en sus filas.

El caso más reciente ocurrió hace 15 días. Las autoridades del resguardo tuvieron que ir a buscar a una niña de 14 años que se fue a enrolar en la guerrilla.

Los indígenas sacaron a relucir el acuerdo ante dos jefes de ese grupo y estos les entregaron a la menor. La niña fue castigada con 15 minutos en el cepo, 6 fuetazos y 60 días por fuera de la comunidad.

Esto se debe a que, como parte del acuerdo, los indígenas se comprometieron a no servir a ninguno de los bandos que combaten en la zona, incluido el Ejército.

"Si alguno quiere ir para algún grupo tiene que renunciar para siempre a la comunidad, porque si no deja expuesta a la familia y a la comunidad a venganzas de otro grupo", explica Paya, quien es el secretario del cabildo y estudiante primíparo de administración de empresas.

Para resaltar la tranquilidad en la que vive su resguardo, Bernardo Paya señala, sonriente, hacia las casas de tabla, bahareque y zinc que se ven al otro lado del cañón del río Atá. Allá, dos niños corretean cerca de una vivienda y una docena de gallinas picotean sobre una cancha de fútbol.

Bernardo Paya, el hijo de la mujer muerta por las Farc hace 27 años y del gobernador que dejaron parapléjico, ya no piensa en venganzas.

'No tenemos terrenos vedados': Ejército

El general Gustavo Matamoros Camacho, comandante de la Quinta División del Ejército, informó que sus tropas ingresaron al área de Gaitania en diciembre de 2005 y que no han tenido inconvenientes con las comunidades indígenas.

"El Ejército Nacional realiza operaciones militares en todo el territorio nacional y, que yo sepa, toda la jurisdicción de Gaitania hace parte de Colombia", afirmó Matamoros.

Con relación al acuerdo de paz entre el cabildo indígena paez de Gaitania y el comando central conjunto de la guerrilla de las Farc, el general fue enfático en afirmar que no lo conoce y que "ninguna comunidad debe hacer pactos con bandidos".

Pacto con Farc

El grupo guerrillero se comprometió, entre otras cosas, a no tomar represalias contra los líderes de la autodefensa indígena, ni ejercer su 'justicia' contra los miembros de la comunidad que cometan delitos. También a no instalar campamentos ni sembrar minas dentro del resguardo y a no reclutar indígenas ni utilizarlos en cualquier tipo de labor.

Los paeces, por su parte, acordaron desarticular su organización armada, no portar algún tipo de arma de fuego y no servir a ninguno de los actores armados, legales o ilegales, que transitan la zona.

JOSÉ NAVIA
ENVIADO ESPECIAL DE EL TIEMPO
GAITANIA (TOLIMA)

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