Los efectos del estrés: no todas sus consecuencias son negativas

Los efectos del estrés: no todas sus consecuencias son negativas

Aunque a corto plazo el estrés agudiza la memoria y hace más efectivos los esfuerzos de una persona, cuando este mecanismo es activado por largos periodos propicia enfermedades coronarias y virales.

29 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Los mecanismos defensivos de huida o de lucha que puso en funcionamiento el Homo sapiens de la sabana africana para enfrentar animales salvajes son los mismos que hoy activan las personas cuando, por ejemplo, tienen un jefe demasiado exigente, llevan a cabo muchas actividades simultánea o consecutivamente o sobrellevan dificultades económicas.

Se trata de angustia, aumento del ritmo cardíaco, dilatación de pupilas y, en general, preparación del organismo para ejecutar una respuesta de huida rápida, que son signos de estrés. Aunque a lo largo de la existencia del hombre como especie la activación de este sistema ha significado su supervivencia, cuando ocurre durante periodos prolongados menoscaba la salud de la persona, pues al estar todo el tiempo en alerta, hay una depresión de las defensas. 

"Investigadores del mundo estamos tratando de determinar cómo la hiperactividad de liberación de los glucocorticoides produce los efectos que hemos notado sobre la salud. Se cree que es una relación entre sistema nervioso y el sistema inmune, pero no está determinado de manera precisa", explica Marisol Lamprea, investigadora del Grupo de Neurofisiología Comportamental, adscrito al grupo de Aprendizaje y comportamiento Animal del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional.

Aunque algunos médicos, como Jorge Rodríguez, Director del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Nacional, admiten que buena parte de las consultas que atienden tienen origen en el estrés, no hay datos estadísticos al respecto. Las personas llegan al consultorio por problemas coronarios o por infecciones, no por estrés. En el diálogo con el médico, éste determina que la razón de fondo es un alto nivel de estrés, sostenido durante largos periodos.

Las enfermedades

En el momento en que el organismo se siente en una situación de amenaza y comienza el estrés, lo primero que se produce es el aumento de la actividad cardiaca, para bombear más sangre a los músculos de las piernas y salir corriendo. "Si eso pasa todo el tiempo y todos los días, la disfunción se puede volver crónica; para una persona que tiene predisposiciones cardiacas, puede matarlo", explica Marisol Lamprea.

Las enfermedades más comunes en las personas que están continuamente bajo los efectos del estrés son las respiratorias y, en especial, enfermedades por transmisión de virus y bacterias. "Esto ocurre porque el sistema nervioso afecta el sistema endocrino. Las hormonas que éste libera modifican, de regreso, el funcionamiento del sistema nervioso y éste, a su vez, afecta el sistema inmune", dice Lamprea. 

La situación se agudiza cuando el sistema nervioso identifica que no hay nada que hacer.  Es decir, cuando la persona piensa que la situación no tiene salida, que no hay solución para su problema, que está perdido. En ese momento se disminuye la eficiencia del sistema inmune y el individuo queda más vulnerable a las enfermedades, a las heridas, y puede disminuir la fertilidad y la libido.

Cómo funciona el estrés

Situaciones como responsabilidades que abruman al individuo o problemas económicos son interpretados por el cerebro de la misma manera: amenaza. Ante ella, activa un sistema que comienza por el hipotálamo, que es la región del cerebro donde se interpreta el carácter prioritario de las respuestas. 

El hipotálamo tiene una comunicación directa con la hipófisis, que traduce la orden y la traslada a la corteza suprarrenal, localizada encima del riñón. La corteza produce los glucocorticoides, un tipo de hormonas que se dirigen a diferentes puntos del sistema nervioso, especialmente al autónomo, y generan todas las respuestas involuntarias características de una situación de peligro: angustia, aumento del ritmo cardíaco y, en general, actividades involucradas en la obtención de información sobre qué tan peligrosa es la situación y la preparación del organismo para ejecutar una respuesta de huida.

Cuando los glucocortocioides llegan al cerebro también lo modifican y afectan la atención y la manera en que los individuos aprenden. Dado que, como explica el neurólogo Rodolfo Llinás en el libro El cotimuum mente-cerebro, "los cerebros humanos evolucionaron a partir de cerebros animales y tienen mucho en común con ellos, tanto estructural como funcional y cognitivamente", el grupo de investigación de Lamprea se ha valido del estudio del estrés en ratones para aproximarse a lo que ocurre en los humanos.

Uno de sus hallazgos más interesantes se refiere al estrés infantil. Este trabajo fue liderado por la profesora Zulma Dueñas. Los ratones recién nacidos duran en lactancia 21 días y en ese lapso dependen enteramente de sus madres. El modelo de estrés empleado para el estudio separó a estos animales de su madre tres horas por día. Después de esos 21 días, cuando se hicieron adultos, hicieron algunas pruebas. Encontraron que periodos no muy largos de estrés no afectan a las crías, sino que mejoran su curiosidad y la capacidad de aprender. "Eso es interesante, porque si se lleva -con las debidas restricciones- a las situaciones humanas, se observa que los niños que son muy sobreprotegidos, a la hora de enfrentarse al mundo son bastante tímidos", explica Lamprea. 

Entonces, el estrés, aunque tiene una connotación negativa, no necesariamente es negativo. Depende del tiempo en que el sistema esté activo. En periodos cortos, como el que examinó esta investigación, produce adultos más activos, más tranquilos, que exploraban mejor el mundo. También genera atención, memoria, fijación de los sentidos y alerta.

Qué hacer

Desde la perspectiva psiquiátrica, el médico Jorge Rodríguez recalca que, contrario a lo que se cree, el estrés no es producto de una situación externa, sino interna. El mundo no es estresante, es la persona la que, con su manera de enfrentarlo, convierte las situaciones en estresantes. "Hay a quienes los estresa la soledad, la rutina. Lo que hay que pensar es que la soledad hace parte de la vida, al igual que la rutina. Esta es una dolencia muy frecuente, que se evidencia en el mal humor, quejas somáticas diversas, irritabilidad, preocupación, agobio... manifestaciones del estrés. En síntesis, se trata de personas que no han aprendido a vivir, porque no saben pensar o porque piensa mal".

¿Y qué es pensar mal? Rodríguez explica que consiste en tener ciertos condicionamientos frente a la vida, preocupaciones provenientes de clichés sociales. "Uno de ellos es la idea de competitividad. Ahora no hay que ser bueno, hay que ser competitivo, mejor que los otros. Eso implica que nadie puede ser mejor que yo, y eso es un absurdo", explica. Ante estos clichés, si la persona no tiene una visión crítica, acaba estresado. "No se trata de ser mediocre, sino de ser muy competente, pero no compararse con los otros. La comparación genera estrés, la competitividad es lo más inhumano que hay", concluye.

Los mecanismos para afrontar el estrés, aunque dependen de cada uno, consisten en tener, por ejemplo, un buen sentido del humor, reírse de sí mismo, admitir equivocarse, "aprender a meter la pata y sacarla es muy bueno. Somos, además, muy generalistas con las pequeñas cosas. Si algo me sale mal soy un desastre. Hay que preocuparse de los otros, pero hay que mirar más hacia uno. La gente no quiere tener problemas, los evita. Y en nuestra vida todo consiste en resolver problemas personales y de otros, los problemas son el motivo de la vida". 

Paula Andrea Grisales, Unimedios

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