Hospital Militar tiene una sala especial para extraer explosivos a heridos de guerra

Hospital Militar tiene una sala especial para extraer explosivos a heridos de guerra

Fue adecuada en el sitio más recóndito de la sección de Urgencias para que, en caso de un estallido, no afecte otras estructuras.

27 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

A diferencia de las salas de cirugía, tiene paredes de mayor grosor, está desprovista de pipetas de gases y oxígeno, para evitar las explosiones. Tiene pocos elementos que funcionan con electricidad y las luces son de mayor potencia, para que los médicos tengan una mejor visibilidad.

Aunque la sala permanece sin uso durante largos periodos, Uribe asegura que ya se han presentado al menos cuatro casos.

El primero de ellos se presentó a la siete de la noche del 11 de julio del 2000. El soldado Nicolás Sánchez, de 19 años, llegó al Hospital Militar Central, en Bogotá, con una herida inusual: una granada de 40 MGL de milímetros incrustada en su muslo izquierdo.

El médico Ricardo Uribe, jefe de Urgencias del centro asistencial, y su alumno Juan Manuel Serrano se ofrecieron voluntariamente para retirar el artefacto, debido a que hasta ese momento ninguno de los especialistas había atendido una emergencia similar.

Además, según contó Uribe, ellos eran del grupo de médicos aún solteros y por esto se arriesgaron a realizar la intervención, tal vez la más riesgosa de sus vidas.

Después de consultar a militares de Estados Unidos e Israel, dos ejércitos con experiencia en el manejo de traumas de guerra, entraron a la sala de cirugías, Uribe, Serrano y un policía de antiexplosivos. En solo tres minutos extrajeron el artefacto, que luego fue detonado por expertos en las afueras del centro asistencial.

Sala por seguridad

"Aprendimos que no estábamos preparados para esto y que debíamos adoptar métodos para brindarles seguridad tanto al personal de sanidad como a los pacientes", recuerda hoy Uribe, todavía al frente de Urgencias.

El segundo caso ocurrió siete meses después del primero. Un soldado de 19 años llegó con una granada de 40 milímetros de lanzagranadas MGL en el rostro.

Un tercer hecho se presentó en Manizales, nuevamente con un soldado, a quien se le incrustó un mortero de 60 milímetros. Esta vez, la ojiva le quedó cerca al hombro.

El entonces comandante de las Fuerzas Militares, general Jorge Mora, prestó su avión de uso oficial para el traslado de los médicos, que ya eran famosos por estas intervenciones. El paciente fue sacado a una sede de la Policía, en las afueras de Manizales. Los médicos le extrajeron el mortero mientras leían el manual sobre el explosivo.

Un cuarto caso ocurrió en la base militar de Tolemaida, con un uniformado al que se le alojó una granada en la cara, cerca de la boca. Aquí, la intervención no fue necesaria, dice el médico Uribe.

"Cuando el paciente venía en la ambulancia, ya cerca al Hospital Militar, le dio un ataque de vómito y expulsó el artefacto, que cayó al piso -cuenta-. El susto fue grande para los conductores y el personal de la ambulancia, quienes no tuvieron más salida que correr".

987 es el número de pacientes con trauma por explosión que atiende cada año el Hospital Militar. Cada año, 500 militares mueren durante combates y ataques en Colombia.

Médico que le sacó granada a soldado

"Frente a un situación como estas se puede sentir miedo, pero lo importante es controlarlo e intervenir con decisión".
Juan Manuel Serrano, cirujano de traumas.

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