El colombiano Ómar Porras dirige la compañía más exigente del teatro clásico francés

El colombiano Ómar Porras dirige la compañía más exigente del teatro clásico francés

El escritor William Ospina explica como el montaje de 'Pedro y el comendador', de Lope de Vega, se convierte en la entrada a las Grandes Ligas del teatro para un director bogotano.

25 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

El próximo 2 de diciembre, en París, en la sala Richelieu de La Comedie Française, la más clásica compañía teatral de Francia estrena la obra Pedro y el Comendador, de Lope de Vega. Lo novedoso es que el grupo de actores de la Comedie es dirigido en esta ocasión por Ómar Porras, el colombiano que, desde su teatro Malandro, en Suiza, se ha convertido en una de las grandes revelaciones del teatro europeo.

La Comedie Française es la compañía más exigente del teatro clásico francés. Cada año tiene la costumbre de invitar a un gran maestro del teatro para dirigir proyectos específicos. Después de directores como Bob Wilson, Darío Fo y Fomenko, este año el escogido ha sido Porras, con quien los comediantes han querido conocer mejor a los autores españoles que estaban en las fuentes del teatro clásico de Molière, como Lope de Vega, Calderón o Tirso de Molina.

Sorprendentemente, Lope, el más grande autor teatral de su tiempo en la España imperial, no es tan conocido en Francia y sus obras nunca habían sido montadas por la Comedie. Hoy, es posible que los propios españoles estén sorprendidos de que sea un colombiano, y no un español quien esté llevando a Lope al más codiciado escenario de la dramaturgia francesa e introduciéndolo en su repertorio.

Pero esta es también una buena prueba de que la lengua castellana no es ya la lengua de un país sino de un mundo, y que los colombianos nos reconocemos tanto en esa tradición como cualquier hijo de Castilla o Andalucía.

Además, es necesario recordar que por el escenario de la Comedie Française han pasado legendarios actores como Talma, Mounet-Sully, Sarah Bernhardt y Jean Louis Barrault.

Ómar Porras pensó inicialmente en una obra mucho más conocida, como Fuenteovejuna, pero finalmente se decidió, con su dramaturgo, Marco Sabattini, por Pedro y el comendador, de tema similar, pero más llena de implicaciones modernas. Para lograrlo a plenitud, logró la participación en el proyecto de Florence Delay, quien forma parte de la Academia Francesa, y ha hecho una traducción magnífica del texto original.

"Lope -ha dicho Porras- es el autor más prolífico del teatro español (¡se le atribuyen 1.800 piezas!), es el reformador del teatro en España, un hombre de una gran influencia literaria, poética y dramática en toda Europa, un revolucionario de la escena".

Pero quizás lo que más le gusta a Porras es que, "frente a la tradición española, (Lope) ha hecho del teatro un arte sincrético y popular, donde se cruzan múltiples influencias y géneros: el drama, la comedia y la farsa".

Su mayor reto

Porras considera que "Pedro y el comendador, la gran obra maestra de Lope, mezcla tradición y renovación sin dejar de ser un espectáculo popular, en el sentido de que conmueve por igual a la infancia y a la edad adulta. Es en realidad un cuento de hadas que se rompe".

Y precisamente ese es el espíritu del teatro de este bogotano, formado en danza y teatro a lo largo de muchas experiencias artísticas en América Latina y Europa. Su compañía Malandro, fundada en Ginebra en 1990, no solo vuelve al lenguaje clásico de las máscaras, sino que es una fiesta de imaginación en escenografías, decorados y trajes, en los efectos, sencillos pero impactantes, en la capacidad de crear todo un mundo fantástico con recursos austeros.

Pero su elemento fundamental es un estilo de actuación basado en el movimiento, inspirado a la vez en técnicas orientales y occidentales, en el teatro de Balí, de la India y del Japón.

Tal vez el mayor desafío de Porras, que en esta ocasión no dirige su propio grupo sino que se mide con la tradición del teatro clásico francés, está en lograr trasmitir su concepto del teatro, mucho más dinámico, corporal y minucioso, a una compañía acostumbrada a los grandes textos y al refinamiento verbal, pero menos dada a la acción y a la expresión corporal.

"Mi responsabilidad como director en este proceso -ha dicho también Porras-, es la de esculpir en el espíritu del espectador las realidades indecibles e impalpables que existen entre la palabra y la sensación, en ese punto en que el teatro y el poema salen del libro y se hacen humanos... en que, al lograrlo, cantan, lloran, ríen y desesperan".

Sobre la dramaturgia española, Porras sentencia: "Lorca decía que el teatro es la poesía que sale del libro y se hace humana. Lope dice que las cosas producidas por la naturaleza son las más grandes y las más bellas, en tanto que las que produce el arte son menores e imperfectas. Sólo la ilusión puede contar verdaderamente la realidad".

El teatro a sus pies

A esa ilusión reveladora se ha aplicado Ómar Porras, en la plenitud de su carrera, para dar al público francés la medida de su talento. La Comedie Française ha puesto a su disposición no sólo la tropa de actores, sino todos los escenarios y los talleres.

La Compañía tiene tres sedes, la Sala Richelieu, en la Place Colette, el Teatro du Vieux Colombier, y el Estudio Teatro en la Galería del Carrusel del Louvre.

Es allí donde Freddy Porras, hermano del director y su principal colaborador, ha trabajado incansablemente en las máscaras y las escenografías, en los decorados y los efectos, y donde todo el equipo del director, incluidos músicos y coreógrafos, trabajan para que el montaje de la Comedie Française sea tan exitoso como lo han sido los montajes previos del teatro Malandro, dos de los cuales, Ay Quixote y Don Juan, fueron traídos a Colombia en las más recientes versiones del Festival Iberoamericano de Teatro.

Ómar Porras, quien acaba de dirigir la exitosa puesta en escena del Elíxir de Amor de Donizetti, en la Ópera de Bordeaux, ya se está preparando para nuevos compromisos, como un montaje de La flauta mágica, en Ginebra.

Pero esta es una semana decisiva, una semana en la que se oirá hablar de él, y de Colombia, cuando bajo su dirección, por primera vez, Lope de Vega entre en el repertorio del más famoso Teatro de Francia.

Todo un honor

La Comedie Française nació hacia 1680, de los actores que habían sido dirigidos por Molière. Fue institucionalizada en 1682, bajo el reinado de Luis XIV y en el siglo XVIII tuvo que librar muchas batallas contra las viejas costumbres de la aristocracia y las censuras de la Iglesia.

Con el apoyo de Voltaire, los actores liberaron el escenario de los banquetes que se hacían servir allí los privilegiados y ganaron respeto por la dignidad del espectáculo.

Durante la revolución el grupo oficial de actores sobrevivió con dificultad a las tempestades políticas. Al final del régimen del terror, solo la intercesión milagrosa de un oscuro actor salvó de la guillotina a la compañía.

WILLIAM OSPINA
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
PARÍS

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