"Polo Democrático es futuro político de Colombia", dice ex guerrillero de Farc Yesid Arteta

"Polo Democrático es futuro político de Colombia", dice ex guerrillero de Farc Yesid Arteta

Asegura que el gobierno de Lucho Garzón es una "estafa" porque se rodeó de gente prestada de los partidos de siempre y recurrió a viejas prácticas. En cambio, alaba la coherencia de Carlos Gaviria

25 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

¿A qué se va a dedicar ahora?

A hacer política. Estoy dispuesto a correr todos los riesgos que eso implica. Pienso hacerlo dentro del Polo Democrático Independiente, una alternativa de izquierda que se viene abriendo paso en el país y que tiene una seria opción de poder para el próximo cuatrienio en el 2010.

¿Llegó a la conclusión de que las armas no son el camino?

En Colombia existen varias formas de lucha y el de la vía armada está allí latente y hay que buscarle una solución política. Seguramente cuando los alzados en armas consideren que en el país hay suficientes garantías para que ellos puedan hacer una conversión de movimiento armado a movimiento político, lo harán. En el caso mío, me voy a jugar por la vía política. Otros hombres han decidido que todavía las condiciones políticas no han madurado para abandonar las armas. Para mí, en este momento la propuesta política que mejor se identifica con mis ideales es el Polo.

¿Usted asistirá al congreso del Polo el próximo día 30?

Sí, porque creemos que dentro del Polo hay sectores que representan una línea ajena a lo que debe ser una concepción de izquierda.

¿A qué sectores se refiere?

Hay cuestionamientos en relación a lo que ha sido, por ejemplo, la Alcaldía de Bogotá. Si bien es cierto que hay programas de carácter social para suplir algunas mínimas necesidades, también lo es que el Polo en la Alcaldía no ha marcado una diferencia de las administraciones pasadas fundamentalmente en el manejo de los asuntos políticos y en temas como la resolución política del conflicto armado. Creo, además, que el Polo Democrático ha debido dirigir los destinos de la capital con sus propios hombres. El aparato distrital ha hecho prestamos a partidos que tienen una posición totalmente distinta a la del Polo Democrático. No podemos gobernar con los sectores del pasado que tuvieron una política que favorecía a determinados círculos sociales. Garzón ha hecho muchas concesiones a sectores que no han estado ligados a la izquierda colombiana. La inmensa mayoría de los sectores de izquierda del Polo Democrático se han sentido defraudados.

¿Defraudados de qué, concretamente?

Pienso que, en parte, ha habido una estafa política. Una izquierda legítima es mucho más ambiciosa.

¿De parte de Lucho?

Él no ha sido consecuente con el programa del Polo Democrático. Ha sido una estafa porque muchos sectores populares, que vimos en él la posibilidad cierta de una serie de transformaciones, terminamos asistiendo al ejercicio de las viejas prácticas políticas que hemos cuestionado durante tantos años. En el Congreso del Polo vamos a plantear que no podemos mantener un estado de incoherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

¿Quiénes son los incoherentes?

En Garzón hay muchas inconsecuencias y concepciones que distan mucho de un programa de verdadera izquierda. A Garzón hay que abonarle que triunfó al plantear una opción distinta a los dos partidos tradicionales. Se atrevió a desafiar el bipartidismo. Pero, ya en el gobierno, las prácticas que conocemos muestran que no ha hay coherencia entre lo que inicialmente planteó y lo que ha venido desarrollando en la administración.

¿Cuáles son los ejemplos del abandono de la política de izquierda?

La izquierda tiene que marcar una diferencia, y es lo que ha hecho Carlos Gaviria. Ha sido un hombre coherente. Frente al tema del aborto, sentó una posición vertical; defendió la libertad individual, la libertad religiosa. Sentó una posición que llevó hasta el final, independientemente de que esto le restara o lo sumara votos. Frente al tema del conflicto armado, fue diáfano cuando dijo que había que reconocer que hay hombres alzados en armas y que se debía buscar una solución política al conflicto. Eso es lo que nosotros reclamamos: coherencia política y no una gama de veleidades que nadan entre dos aguas, de acuerdo a intereses mezquinos y a las coyunturas del momento.

¿La izquierda y el Polo tienen futuro en un país como Colombia?

Claro que sí. La consulta pasada fue una especie de referendo en menor escala, que mostró que el país está clamando por acabar con todas estas barbaridades que se cocinaron en las entrañas de la sociedad colombiana y que el país reclama cambios de manera radical. No hay duda de que el Polo es una alternativa de poder en Colombia. Incluso, no estamos hablando de cuatro años, sino de manera inmediata, para las elecciones de alcaldes y gobernadores.

Usted conoce bien las entrañas de las Farc. ¿Una victoria del Polo lleva a la paz?

Creo que se abre una puerta que en este momento está cerrada con candado. Las llaves las han tirado al océano.

¿Pero por qué, entonces, en las ciudades y departamentos donde ganó el Polo creció la guerra? ¿Qué tal la situación de Nariño, del Valle, de Cali?

Primero, ha sido un triunfo parcial. Segundo, el control del orden público, los ejes centrales de la política del Estado descansan en el gobierno central. Si en Colombia triunfa el Polo, los alzados en armas tendrían confiabilidad en un gobierno que tiene un programa político, económico y social más cercano a los que en este momento luchan con las armas. Las próximas elecciones van a marcar el rumbo de este país, a marcar el derrotero de lo que va a ser el país en el 2010. El mapa político que resulte de esas elecciones en buena parte va a servir como hoja de ruta para lo que va a suceder en el 2010. Los vientos que están soplando refuerzan la solución política del conflicto, el intercambio humanitario, la regularización de la guerra, etc. Estas elecciones definirán si ganan quienes todavía creen que la guerra es la solución a los grandes problemas del país o quienes ya están definitivamente convencidos de que, a través de la negociación, se pueden superar 50 años de conflicto armado.

¿Las Farc apoyan la solución política; apoyan, de verdad, la paz?

Pude conocer en boca de sus dirigentes, en los tiempos que estuve en la montaña, que la paz es para los alzados en armas un tema de principio, no un tema táctico.

Usted dijo con respecto al alcalde Garzón que hay que ser consecuentes, no decir una cosa y hacer otra. ¿No es exactamente eso lo que pasa con las Farc?

Lo que pasa es que...¿en el caso especifico de qué?

De todo: dicen que quieren la paz pero hacen la guerra, quieren diálogo pero ponen carros bomba, quieren intercambio pero siguen secuestrando...

Esa pregunta si les tocaría a ellos responderla. Pero, mire: el problema es que también el Estado dice una cosa y hace otra. En el tema del intercambio, por ejemplo, parecería que dentro del Estado hay fuerzas con posición radical de no ceder. Hay incoherencia en los discursos. Mientras el presidente Uribe manifesta en los medios la posibilidad de despejar una zona, de hacer un diálogo directo con los alzados en armas, al día siguiente el Ministro de Defensa, en una reunión de Ministros de guerra en Nicaragua, lanza descalificaciones que realmente desdicen de las intenciones reales del Gobierno para que ese intercambio se pueda dar.

Pero el Presidente cedió, aceptó hablar sobre el despeje y al día siguiente las Farc respondieron colocando un carro bomba...

Hasta ahora no se sabe quién colocó eso. No olvide que el Fiscal General abrió un proceso contra dos oficiales del Ejército que pusieron un carro bomba.

Regresando al Polo, ¿quién cree que será su candidato presidencial?

Carlos Gaviria puede ser una de las alternativas. Tiene más credibilidad...

Usted escogió el camino de la política. ¿Les pediría a las Farc seguir la misma vía?

Lo que sucede es que las causas de conflicto son mucho más de fondo. El problema del país no se resuelve con ceder unas curules a los alzados.

Entiendo que usted ingresa a la política para llegar al Congreso. ¿Para que quiere, entonces, hacerlo?

Para construir y abrir una alternativa distinta a la guerra.

¿Cree que la solución política es la única salida?

El camino siempre será la política. Se ha demostrado en este país que todo intento de solución armada ha conducido siempre al fracaso. Lo que yo pueda hacer desde mi modesta posición de ciudadano, de mi experiencia como ex miembro de la guerrilla, como ex prisionero político, como dirigente estudiantil, todo lo que yo pueda entregar en aras a la reconciliación en la búsqueda de acuerdos, de acercamientos, obviamente lo voy a hacer.

¿Y con esto que usted está diciendo -que el camino es la política y no las armas- no podría ocurrir que los dirigentes de las Farc digan lo mismo que usted está diciendo de Lucho Garzón: que usted se volvió una estafa?

Una estafa sería si yo renunciara a mis ideales de izquierda. Sigo pensando que tenemos un país injusto que hay que cambiar radicalmente. El día en que yo renuncie a esa postura me pueden tildar de traidor, de estafador y de charlatán.

'Para mí, el capítulo de la lucha armada ya está cerrado'

Yesid Arteta, un estudiante de la Universidad Libre de Barranquilla, ingreso a las Farc en 1984, luego de militar en las Juventudes Comunistas.

"Me ascendieron en el 85 al primer rango como comandante de escuadra y me vincularon al estado mayor de un frente en el departamento del Cauca. Milité en la guerrilla durante 12 años, hasta cuando me capturaron en el año 96".

¿Cómo cayó?

Eramos cinco combatientes que estábamos en el Caquetá en la organización de marchas cocaleras, con uniformes de fatiga, con nuestras armas de dotación, impulsando una de las protestas en la población de Remolinos del Caguán. De pronto aparecieron 4 helicópteros artillados y se produjo un desembarco de 45 hombres de las fuerzas especiales. Hubo un combate y me hirieron en una pierna con dos tiros de fusil M-16. Logré evadirme en las calles del pueblo. Un sector de la población me protegió y me escondió. Estuve oculto durante toda la noche. Nadie podía salir a la calle porque había toque de queda. El Ejército sabía que yo estaba herido y que me escondía en algún lugar. Era a mí a quien querían. Anillaron el pueblo y yo quedé bloqueado. Comenzaron la búsqueda, casa por casa, hasta que me encontraron.

¿Cómo fue ese momento?

Yo estaba con un sudadera, viendo televisión. Un oficial me pregunto: "¿Dónde está el herido?". Respondí: "Aquí no hay ningún herido". Me preguntaron: "¿Usted quién es?". Dije: "Yo soy un raspachín y trabajo en la vereda Puerto Camelias". Un teniente me ordenó: "Bájese la sudadera". Cuando lo hice, aparecieron todas las vendas. "¿Cómo fue herido?", me preguntó. Le dije que en un accidente que había tenido con una guadañadora. El teniente no sabía qué hacer y ordenó: "Traigan al guía". A los cinco minutos llegó un tipo encapuchado. Me señaló y dijo: "Sí, es él". Un soldado gritó: "Hijueputa, lo coronamos". Entonces yo solté una sonrisa y dije: "Así es la guerra. Hay veces que perdemos, hay veces que ganamos". Y fui detenido, juzgado y condenado a 10 años por rebelión.

¿Y quién era el guía?

Nunca supe; algún infiltrado.

¿Hay infiltrados dentro de la guerrilla?

Claro que sí.

¿También hay infiltrados de la guerrilla en el Ejército?

Es probable; el tema de inteligencia y contrainteligencia es inherente a todos los Ejércitos del mundo, regulares o no.

¿Ha vuelto a tener algún contacto con las Farc?

No. Para mí, el capitulo de la lucha armada está cerrado. Yo milité durante unos 10 años en la juventud comunista y viví 12 años muy duros en la trashumancia guerrillera. En 10 años de prisión, profundicé en la lectura y tome la determinación de cerrar mi vida armada y continuar la lucha por mis ideales, que siguen siendo concepciones de izquierda, dentro de las posibilidades que pueda ofrecer el sistema.

YAMID AMAT
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