Juicio contra 'Trinidad' reveló un drama: el de su familia destrozada desde cuando él entró a Farc

Juicio contra 'Trinidad' reveló un drama: el de su familia destrozada desde cuando él entró a Farc

El tema, brevemente expuesto por el jefe guerrillero durante su testimonio, ha quedado por fuera de la 'novela' en que se viene convirtiendo el proceso que se le sigue en Washington.

25 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Novela porque, pese a que se cerró el primer capítulo (la anulación del proceso el martes pasado), ya se anuncian los siguientes episodios: los fiscales advirtieron que lo juzgarán nuevamente por el mismo crimen y que, de cualquier forma, le espera otro juicio por narcotráfico en mayo del 2007.

Según el recuento de 'Trinidad', era el año de 1987 cuando su esposa y dos hijos optaron por abandonar el país rumbo a México ante las amenazas de muerte que, dijo, estaban recibiendo.

El guerrillero permaneció en el país mientras vendía la joyería de su esposa Margarita y organizaba otros asuntos pendientes, pero con la idea de unírseles más adelante en el exterior. Pero el reencuentro nunca se dio. Estaba en Bogotá cuando recibió la noticia del asesinato del candidato presidencial de la Unión Patriótica Jaime Pardo Leal, con quien pensaba reunirse cuatro días después. Según narró, ese crimen lo empujó por el camino guerrillero.

Desde entonces, los contactos con su familia -padres, hermanos e hijos- se suspendieron durante años hasta que se volvieron a ver cuando fue arrestado en enero de 2004 en Quito.

De hecho, al momento de su captura, 'Trinidad' se encontraba con su hija a la que no veía desde hacia una década. Luego tuvo otra visita familiar en la cárcel de Cómbita, Boyacá, poco antes de su extradición a Estados Unidos.

Habla uno de sus parientes

La verdadera 'reunión', no obstante, se vivió en la Corte de Washington durante el juicio. Entre los asistentes fueron apareciendo, periódicamente, miembros de su entorno cercano. Un hermano, su hijo, y un sobrino, que aceptó hablar con EL TIEMPO con la condición de no revelar su nombre.

A lo largo de las cinco semanas que duró el proceso, a 'Trinidad' se le vio delgado, amarillo por falta de sol y muy parco. Pero cuando detectó la presencia de su familia en la tribuna se le iluminó el rostro por primera vez.

Para los familiares, los últimos años han sido como una pesadilla por no saber de él.

"Recibíamos de vez en cuando una carta en la que decía que estaba bien. Pero eso era todo", dice su familiar. Quizá por ello, el hecho de que esté en una cárcel en el exterior es un factor de alivio.

"A diferencia de los extraditables, nosotros preferimos para él una cárcel en E.U. que una tumba en Colombia. Si se quedaba en la guerrilla o preso en Cómbita probablemente lo iban a matar. Ahora por lo menos sabemos dónde está", afirma con resignación.

Resignación y algo de resentimiento, que se siente en su voz. "Yo lo quiero como miembro de la familia, pero no estoy de acuerdo con su decisión. Hubo mucha gente valiente en Colombia como Rodrigo Lara Bonilla o Luis Carlos Galán que buscaron cambiar las cosas por el camino legal", sostiene el familiar.

Hoy, la mayoría de los integrantes de la familia Palmera Pineda vive fuera del país. Sus padres y una tía -que fue secuestrada y liberada- viajaron a un país suramericano a los pocos años de su ingreso a las Farc, acosados por la persecución de la derecha y el repudio de la sociedad. En ese mismo país murió su padre, que nunca volvió a ver a 'Trinidad'.

De sus hermanos, solo uno permanece en Colombia. El resto, incluidos sobrinos e hijo, están en ciudades de E.U. como Miami, Washington y otro en el estado de Carolina del Sur.

Es difícil saber qué siente 'Trinidad' por el drama que desató en su propia familia. Quizás la sonrisa que expresó al ver a varios de sus parientes entre los asistentes al juicio sea una pista. Aún así, llamó la atención que las únicas lágrimas que derramó durante todo el proceso fue al recordar la muerte de Pardo Leal. Ni una sola se asomó cuando narró, imperturbable, la separación de su esposa e hijos hace casi dos décadas y el arrestó de su hija en Ecuador.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
WASHINGTON

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