Militar herido en atentado de la Escuela Superior de Guerra dice estar listo para volver al trabajo

Militar herido en atentado de la Escuela Superior de Guerra dice estar listo para volver al trabajo

Un mes después de la explosión de un carro bomba, Carlos Fernando Gaviria, el sargento que sufrió heridas de gravedad, aún se recupera y asiste a terapias en el Hospital Militar.

24 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Sin embargo, espera regresar a su puesto en la escolta del comandante del Ejército.

Gaviria Manrique fue entrenado para sobrevivir después de escuchar la primera bala. Eso es lo que les recalcan a los alumnos que se entrenan para ser comandos de las Fuerzas Especiales del Ejército.

Y hasta el pasado 19 de octubre este suboficial de 35 años no tuvo problema con la advertencia.

"En un grupo especial uno vive la tensión del combate y si escuchó el primer disparo y no le tocó es que no era para uno... Pero aquí sonó la primera y yo estaba ahí", dice, mientras asiste a las terapias en el Hospital Militar, de donde salió hace una semana.

El sargento viceprimero Gaviria es integrante del esquema de seguridad del general Mario Montoya, comandante del Ejército, y antes de llegar allí, hace 9 meses, pasó las duras y las maduras en el Huila, Guaviare y Arauca.

Desde que ingresó en 1990 al Ejército se inclinó por los deportes. Es un tenista y un atleta consagrado y eso es lo que más lo afecta, ya que en la explosión del carro bomba en la Escuela Superior de Guerra sus piernas sufrieron la peor parte.

El fémur de la pierna izquierda se partió en dos secciones y le hicieron un injerto de platino, además tuvo esquirlas que no le han retirado de la otra pierna. También sufrió quemaduras.

Pero dice que tiene que cumplirle la orden que le dio entre risas el general Montoya cuando lo visitó: "A recuperarse, hombre, que lo necesito trabajando".

Recuerda que la mañana del atentado, recogieron al general a las 6:30 a.m. y luego lo llevaron a una conferencia a la Escuela de Guerra.

"Después estuve dando vueltas fuera del edificio y en un instante me acerqué a Rodríguez (otro sargento que resultó herido), a menos de seis metros del carro bomba. Después solo recuerdo que estaba en el piso enredado en las piernas de él", señala.

Su primer pensamiento fue el general Montoya, luego sus compañeros de escolta. Empezó a gritar que no lo dejaran perder la conciencia porque podría no despertarse. Así fue hasta que entró a la sala de cirugías del Hospital Militar.

Mientras eso ocurría en Bogotá, su madre escuchaba por la radio en un barrio de Neiva que su hijo figuraba entre los dos supuestos muertos que había dejado la explosión.

Trabajo de riesgos

"Desde que entró al Ejército sabíamos a qué teníamos que atenernos, pero después de tantas unidades riesgosas, tal vez esta era la mejor", dice su hermana, quien tuvo que convencer a su mamá de que Carlos no había fallecido.

Ahora el sargento Gaviria habla del hecho como de otra batalla más. Como las que libró en la Fudra contra 'Granobles', en Arauca, por allá en el 2002, o en la recuperación de Calamar (Guaviare) con las Fuerzas Especiales en el 2003.

Como dice él, esa vez escuchó las balas y salió vivo. El 19 de octubre el carro bomba no le dio tiempo de nada, pero "está listo para el próximo".

JINETH BEDOYA LIMA
REDACTORA DE EL TIEMPO

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