Gajes del amor

Las crisis de las parejas homosexuales tienen que ver más con la relación que con la orientación sexual.

23 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Martha y Ana María terminaron en el consultorio de un terapeuta de pareja, a pesar del escepticismo y la incomodidad de estar en un territorio desconocido. No sabían si hacían lo correcto y temían que la consulta precipitara una ruptura. Lo único cierto es que la relación no funcionaba bien y buscaban salvarla.

La situación no era sencilla: Ana María se sentía profundamente enamorada, pero Martha no estaba tan segura de su identidad sexual para poder corresponderle a su pareja como esperaba. En principio, las sesiones se concentraron en este tema, pero a medida que avanzó el proceso descubrieron que atravesaban por una crisis como la que ocurre a todas las parejas, y que sus problemas nada tenían que ver con la orientación sexual.

Los expertos coinciden en que, la mayoría de las veces, los conflictos de las parejas homosexuales poca relación tienen con dudas sobre la identidad, sino con cosas del amor. Así que no existen diferencias sustanciales entre las terapias que se hacen con parejas homosexuales y las que se hacen con heterosexuales. Ambos tipos de relación experimentan altibajos en sus vidas, de modo que en los dos casos los celos, la infidelidad, la incompatibilidad de caracteres, las fallas en la comunicación y la violencia constituyen los motivos más frecuentes de consulta.

 

Cuestión de personalidad

Una terapia de pareja es el permiso que se dan los seres humanos para ver otras miradas de la misma realidad, con el fin de darle un nuevo rumbo a la relación. El objetivo es orientar a la pareja para que recobre el funcionamiento óptimo que existía antes de la crisis. Según la psicóloga Carmen Helena Martínez, "cada terapia es única, original e irrepetible, y tiene un propósito específico que no está condicionado a la sexualidad del paciente".

La violencia, por ejemplo, se desarrolla en una relación gay de la misma forma que en una heterosexual. "Sus causas dependen del pasado de quienes conforman este modelo de familia", comenta Elizabeth Castillo, experta en derecho de familia y miembro de la Mesa Nacional de Trabajo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas), quien advierte, sin embargo, que en el país no existen estudios que comprueben la mayor o menor presencia de violencia entre las parejas de diferente o del mismo sexo.

Carlos Blandón, quien tiene una relación estable con otro hombre hace más de dos años, tiene una percepción parecida a la de Castillo: "Nuestros problemas son los mismos de los heterosexuales, como celos, inseguridad o desconfianza, pero que se presentan debido a la personalidad de cada uno, y no por ser gay".

Posición que no comparte del todo Juliana Castro, lesbiana de 40 años, para quien las diferencias son menores en las parejas del mismo sexo. "Dos mujeres tienen más compatibilidad -asegura-. Una mujer en una relación heterosexual pelea por su macho, mientras que si esta figura desaparece se elimina esa fuente de conflicto porque ambos están en el mismo bando".

 

Agentes externos

En general, los terapeutas con experiencia en el tratamiento de conflictos de parejas homosexuales coinciden en que los agentes estresores -los causantes de la crisis- a menudo tienen que ver con aspectos externos a la pareja. Por ejemplo, la incapacidad de uno de los miembros de asumir su identidad ante su grupo familiar o el temor al rechazo social. Otro estresor frecuente, en el caso puntual de las parejas lesbianas, es el miedo a las represalias que tome su ex esposo, muchas veces herido en su orgullo, como quitarle los hijos -si los hay-, descalificarla o juzgarla.

Esto no significa que circunstancias internas de un miembro de la pareja, como sus dudas sobre su orientación, no sean detonantes de algunas crisis. Lo que ocurre es que no es un tema que desencadena el grueso de los conflictos. "Es cierto que hay más impactos externos que motivan la consulta entre parejas del mismo sexo, pero el error más grave es generalizar, estereotipar y encasillar", advierte la terapeuta de pareja Elizabeth Aguirre.

De modo que el consejo de los terapeutas para mejorar la relación es el mismo que se da a cualquier pareja, independientemente de su identidad sexual. Para empezar, los compañeros deben aprender a reconocer cuándo están ante una crisis. Los signos más evidentes son el sentimiento de culpabilidad, las discusiones por asuntos pequeños a pesar de que el problema es otro, no escucharse, incapacidad para expresar con palabras lo que sienten, el predominio de la desilusión y la rabia, y cuando la única solución que se vislumbra es que alguno de los dos cambie su forma de ser.

Cuando se llega a una crisis entre la pareja, es importante evitar el empleo destructivo y manipulador del llanto, el contraataque, ser sarcástico, ridiculizar o intimidar, culpar al otro por algo irremediable y lanzar acusaciones que escarben más las heridas. Las redes de apoyo de amigos y familiares son fundamentales para aminorar el miedo y la confusión, y nunca sobra pedir una mano para la construcción de relaciones sanas y duraderas. Para fortuna de todos, la terapia de pareja hoy es diversa.  

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