El reflujo, es la segunda causa de consulta al gastroenterólogo.

El reflujo, es la segunda causa de consulta al gastroenterólogo.

El ardor en el esófago o la garganta, suele presentarse especialmente cuando el enfermo está acostado, por efecto de la gravedad, los ácidos del estómago suben con mayor facilidad hasta la garganta.

23 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

"Es como tener un infierno en el esófago, un soplete apuntando a la garganta. Mi esposa se salvó de un marido roncador, pero tuvo que padecer algo parecido: uno que se levanta a la una de la mañana retorcido por culpa de un ardor tremendo a la altura del pecho". Así describe Harold Abueta, de 33 años, una dolencia que comenzó en su vida a los el reflujo.

En medicina, la palabra reflujo significa "para atrás o retorno del fluido", y se trata del retorno del jugo gástrico hacia la parte superior del esófago e inclusive hasta la garganta. La regurgitación se debe a un funcionamiento inadecuado del esfínter esofágico inferior -que separa al esófago del estómago-, y sus síntomas son dolor, inflamación y otras lesiones en el esófago.

En general, el reflujo gastroesofágico no afecta gravemente la salud de quien lo padece, aunque deteriora su calidad de vida, pues se presenta hasta siete veces diarias. "Después del síndrome de colon irritable, es el motivo más frecuente de consulta al gastroenterólogo en Colombia, y la causa más habitual de automedicación de antiácidos", sostiene el especialista en esta rama Iván Vargas. Estudios en Estados Unidos y Europa calculan que uno de cada cuatro o cinco individuos sufre por este trastorno. La mayoría tiene más de 50 años, pero no es extraño que las molestias comiencen a edades tempranas.

 

Un fuego en las extrañas

El reflujo suele presentarse especialmente cuando el enfermo está acostado, pues en esta posición, por efecto de la gravedad, los ácidos del estómago suben con mayor facilidad incluso hasta la garganta. El ardor se produce porque el esófago, a diferencia del estómago, no tiene un revestimiento que lo proteja de los ácidos gástricos. Con el paso del tiempo, el reflujo puede generar estrechamiento del esófago o úlceras en este conducto, y desembocar en esofagitis de Barret (una condición previa al cáncer) o en el propio cáncer.

Según el gastroenterólogo Iván Vargas, "en el 90% de los casos, los síntomas del reflujo son sensación de ardor o quemazón en la garganta, o detrás del esternón". En ocasiones los pacientes con reflujo se quejan de dolor de pecho. Esto ocurre cuando el jugo gástrico sube hasta los pulmones y los irrita.

 Otros síntomas son tos crónica y carraspera frecuente, sequedad, dolor o sensación de cuerpo extraño en la garganta, problemas al tragar o procesar los alimentos, mal aliento, agrieras, asma, eructos e incluso dolor en el oído. Si se presentan hipo, hemorragias o dolor a la altura del esternón, el afectado puede estar sufriendo además de esofagitis -inflamación del esófago-, y debe acudir a un médico para obtener un diagnóstico preciso.

El gastroenterólogo Gerardo Rugeles explica que "se habla de reflujo patológico cuando el paciente sufre más de 50 episodios en una hora y una acidez de cuatro puntos" (una medida obtenida tras la revisión de un especialista). Sin embargo, advierte que no siempre es patológico y que, en estos casos, un episodio normal dura cinco minutos o, excepcionalmente, 10. Algunas condiciones y enfermedades pueden producir ataques esporádicos: por ejemplo durante el embarazo o cuando se adquiere una enfermedad respiratoria transitoria.

Buena almohada y buena dieta

La primera recomendación para evitar el reflujo, aunque no la más importante, es elevar la cabecera de la cama para evitar molestias mientras se duerme o se descansa acostado. La elevación debe ser de aproximadamente 10 grados y sólo de la cabecera. En caso de que el paciente lo necesite, se pueden utilizar elementos sólidos como trozos de madera o libros para obtener una mejor posición.

Es recomendable además que quienes sufran de este mal se acostumbren a comer tres o cuatro horas antes de irse a dormir y ejercitarse constantemente. La actividad física tiene doble función: contribuye a mantener el peso, pero además ayuda a que la gente se relaje, porque los momentos de estrés también agudizan el reflujo.

Aquellos que padecen de esta dolencia deben utilizar ropa cómoda que no ajuste ni ciña la zona del abdomen. Además, deben evitar el cigarrillo y seguir una dieta estricta para controlar el peso. Eso significa no excederse en el tamaño de los platos, procurar tener un horario juicioso de alimentación y evitar productos como la menta, el chocolate, las grasas, la cafeína, el alcohol, el tabaco, el picante -ajís, pimienta y cualquiera similar-, los ácidos -incluyendo frutas como naranja, mandarina y frambuesa-, comidas chatarra o productos de paquete como papas y plátanos, gaseosas y cualquier otro irritante estomacal.

Puede haber alimentos que afecten a unos y a otros no. Por eso, es importante identificarlos mediante ensayo y error. Durante los cinco años de molestias, Harold Abueta ha logrado detectar varios de ellos y los ha desterrado: "Por el reflujo dejé el cigarrillo, las ensaladas con mucha vinagreta, el café y los fríjoles. Incluso al chicle me tocó decirle adiós". 

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