Texto completo de la carta del senador Jairo Merlano

Texto completo de la carta del senador Jairo Merlano

22 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Respetados y distinguidos colegas:

Soy un hombre nuevo en el Senado de la República y llegué a esta alta dignidad después de haber sido magistrado durante más de tres años, y alcalde de Sincelejo, mi ciudad natal, en dos oportunidades, con el beneplácito de mis conciudadanos. Hasta aquí me trajo la generosidad del pueblo sucreño y mi genuina vocación de servicio.

Víctima expiatoria de la gran confusión nacional en época de contradicciones insólitas he sido sometido al más inconsecuente y dramático proceso judicial del que pueda ser objeto persona alguna.

Siete testigos, y solo siete testigos, de los cuales cuatro no sufragaron en el proceso electoral de 2002, que a manera de cartabón o estribillo repiten que supuestamente fueron constreñidos por terceros para votar y que yo hice proselitismo en un paraje supuestamente dominado por fuerzas al margen de la ley, son el fundamento de toda mi tragedia.

Para este fin se ha utilizado el sistema de pruebas ocultas, recaudadas sin mi conocimiento, sin brindárseme la más mínima posibilidad de contradicción mediante contrainterrogatorios como elemental derecho de defensa, sin dárseme la opción de la prueba de descargo, sin oírseme como reiteradamente lo pedí y sin que se promoviese nulidad alguna por vulneración del debido proceso.

Con esta prueba, sumario como ninguna, la honorable Corte Suprema de Jusitica dedujo para mí el cargo de miembro del grupo paramilitar en la modalidad de concierto para delinquir. Hoy me encuentro bajo medida de aseguramiento, en medio del escarnio nacional, apabullado por la más dramática e interesada desinformación, con mi dignidad humana hecha girones y mi familia destrozada en medio de la aflicción y el desconcierto. Este es el efecto contingente de lo inenarrable.

No obstante el respeto que me merece la Honorable Corte Suprema de Justicia, tengo la convicción de que no se me ha respetado el derecho al debido proceso; si esto es mera percepción o realidad, lo dirá la Honorable Corte Constitucional cuando resuelva la tutela que he interpuesto contra la providencia que decretó la pérdida de mi libertad.

No comparto ni acepto la idea que tiene la Sala Penal sobre el derecho fundamental a un proceso justo; no comparto su concepción sobre el derecho de defensa que va implícito en aquel. Me agobia su desconocimiento del principio de la dignidad humana que irradia toda nuestra Constitución Política. No comparto ni acepto su desconocimiento de toda evolución jurisprudencial constitucional, conforme a la cual el Derecho de Defensa debe considerarse no como una mera gratuidad sino como un genuino derecho desde las primeras actuacione en un proceso penal.

Todo me lleva a concluir, abrumado, que me he quedado sin las más elementales garantías de un procesado, lo cual se torna más aciago si tenemos en cuenta que estoy en frente a un proceso de única instancia. En estas circunstancias solo faltaría la formalidad de la sentencia.

Estas razones serían suficientes para renunciar a mi investidura de senador y consecuencialmente a mi fuero especial de juzgamiento, en búsqueda de un juicio de valor garantístico, acorde con las conquistas procesales que hoy por hoy ven en el hombre la razón de ser de nuestras instituciones democráticas, de las cuales la justicia sin lugar a dudas es la de mayor valor.

Pero a estas razones estrictamente personales, se suman otras más importantes, como son las razones corporativas. Sobre el Senado de la República no puede recaer el más mínimo traumatismo que pudiere cubrir de sombra su majestad institucional y mucho menos cuando ello se suscita por el examen de la conducta de alguno de sus miembros. Quienes hemos contribuido de una u otra manera a la formación de nuestra institucionalidad, estamos obligados a defenderla.

A los ciudadanos que me eligieron presento disculpas por hacer dejación de la vocería y representación de sus anhelos y sueños colectivos. Pido su comprensión y su dispensa.

Honorable Senado de la República: Renuncio irrevocablemente a mi investidura o representación popular ante el honorable Senado de la República.

Atentamente:
Jairo Enrique Merlano Fernández

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