En la tarima / ¿Ley del llanero? (II)

En la tarima / ¿Ley del llanero? (II)

Jaime Fernández Molano

20 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.
Gracias a un paquete turístico vendido por Viajes Cafam, el fondo de empleados de una reconocida empresa nacional de corredores de seguros, como es ya costumbre institucional desde hace varias décadas, organizó un viaje de recreo para sus afiliados, que se realizó el 21 y 22 de octubre pasados a Villavicencio.

La mencionada empresa, ha organizado viajes de este tipo a decenas de ciudades del territorio nacional y a varios países.

Cien personas emprendieron el viaje -en excelentes buses- la mañana del sábado 21 de octubre. En el parador Antojos de maíz Diana, de la vía Bogotá-Villavicencio, estos expertos viajeros, acostumbrados a los mejores paseos y servicios, sufrieron el primer inconveniente. El mal humor de las meseras impuso un ambiente de tensión. "Daba miedo pedir algo porque se molestaban", señaló una de las empleadas de la mencionada empresa, quien prefirió reservar su nombre. El tamal fue devuelto por la mayoría de los comensales porque estaba completamente frío. No fue el mejor desayuno.

Luego de una breve parada en el parque Los Fundadores, y subida a Cristo Rey para tomar las fotografías de rigor, arribaron al restaurante La Hornilla llanera. La cerveza estaba al clima porque "la nevera consume mucha luz y se acaba de prender". La carne no era exactamente de mamona. Claro que estaba mucho mejor que la de la noche en el hotel (que es el más tradicional de la región), donde la mayoría de los comensales dejaron la carne porque estaba absolutamente dura.

Luego de esto, se ubicaron en un quiosco del hotel, donde se debió imponer el autoservicio ¿tal vez porque no estaba incluido en el paquete, los dejaron solos a su suerte? ¿Sabe de esto el gerente del hotel?

Tanto la visita al bioparque Los Ocarros como la presentación folclórica musical del sábado y el desayuno del domingo estuvieron fabulosos, pero la piscina del hotel siempre estuvo turbia. ¿Por la lluvia? Tal vez. Y la salida más significativa para el turista, que era al parque Las Malocas, donde se iba a apreciar el trabajo de llano, fue cancelada a última hora.

Para rematar la jornada, los llevaron a almorzar al mismo sitio del día anterior. Otra vez cervecita al clima, y de menú cuarenta churrascos y cuarenta pechugas, porque no hubo más, "pues entiendan que no estamos preparados para atender tanta gente al tiempo", señaló la administradora del restaurante.

Regreso a Bogotá, sin el espectáculo llanero esperado, sin verdadera mamona, sin buenos servicios. La gran mayoría de estos visitantes manifestó su inconformismo y su deseo de no volver por la tierra del alma llanera. ¿Qué dicen los operadores y prestadores de servicios turísticos? ¿Qué estrategias hay para mejorar?

Jaime Fernández Molano, entreletras2@gmail.com

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