La tienda de Saúl Álvarez, epicentro de los melómanos exigentes

La tienda de Saúl Álvarez, epicentro de los melómanos exigentes

Está en el segundo piso del centro comercial Omnicentro, en la Avenida 19. Y desde allí, Álvarez se ha hecho famoso por consegiuir discos en cualquier parte del mundo.

18 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Sin importar en qué punto de la geografía tenga que buscar, siempre tendrá lo que el cliente está buscando. O, al menos, la gran mayoría de las veces.

Álvarez es una especie de monje sabio que se ha ganado el respeto de los melómanos bogotanos por reconocer bandas con solo oír un acorde de guitarras, o por saber con exactitud el año de grabación, con solo escuchar las baterías.

Lado A

Pero este no ha sido un proceso rápido como el rock and roll, sino más lento y de dedicación como el blues o el soul.

Para estar donde está, tuvieron que pasar casi tres décadas que tuvieron su inicio en 1980 cuando, recién salido del colegio La Merced, decidió dejar su carrera de estadística en la Nacional, y se arriesgó a vender y comprar acetatos y vinilos en una caseta azul en la calle 19 con octava, en pleno centro de Bogotá.

Allí pasó ocho años profundizando sus conocimientos sobre el rock y otros géneros agudizando su oído para adivinar las canciones que le tarareaban los clientes y sobre todo, aprendiendo los secretos de un negocio que, entonces, tenía tintes semiclandestinos.

"Teníamos tantos contactos en el exterior, que en 1988 ya vendíamos trabajos en cd, lo curioso era que varios de los compradores no tenían dónde escucharlos", afirma Álvarez.

En ese paso de lo análogo a lo digital, Álvarez alcanzó a acumular unos 15.000 títulos que iban desde Chubby Checker y Billie Holiday hasta Iron Maiden y Led Zeppelin, pasando, por supuesto, por los Beatles y los Stones.

"En ese momento decidí revisar la música que tenía y empezar a vender lo que me pedían y lo que yo no escuchaba", explica, y entonces recuerda con nostalgia que vendió un disco de Bob Marley que compró en el 85 en Londres y que ni él mismo ha podido volver a conseguir.

Y eso ya es mucho decir, porque Álvarez ha encontrado socios y amigos en disqueras de Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Japón, Argentina y Brasil, entre otros, que técnicamente le consiguen lo que quiera, como primeras grabaciones de Bob Dylan, David Bowie, Ravi Shankar, Syd Barret, Jethro Tull....

A la pregunta de qué piensa de la piratería y la descarga de música por internet, Álvarez se toma su tiempo para responder.

"No nos afecta. Tal vez con la música pasajera, los grupos de moda o algo así. Pero los grupos de culto tienen escuchas de culto y esos no queman un cd", sentencia.

De la moda a la pasión

Para Álvarez, los auténticos melómanos son quienes compran la música por tener un conocimiento pleno del artista: "Les interesa la canción que les gustó, pero también conocer el total de la obra, apreciar el arte de las carátulas y encontrar detalles que nunca va encontrar en un cd pirata y menos por internet". agrega.

A su local la gente no entra como si lo hiciera en un almacén de cadena. La atención es totalmente personalizada y Álvarez los asesora según su gusto. Entre otras cosas, porque en la mayoría de casos, las búsquedas de sus clientes son muy específicas: 'el trabajo tal, del año tal que se grabó en tal lado'.

Iván Rojas, un comprador desde hace 20 años, dice que como ya Saúl le conoce su gusto, lo ha sorprendido con 'verdaderas joyas'.

"Él sabe que me gusta el rock. Y por eso me sorprende. Me ha guardado discos de rarezas de Pink Floyd, Deep Purple o Genesis, que uno nunca encontraría normalmente en otros sitios", dice Rojas.

Como el negocio ha sido fluctuante, ahora también tiene un local de música latina, salsa vieja y son cubano, pero sin dejar el rock.

Lo curioso es que así hayan pasado los años y haya visto como del acetato se pasó al cd, de allí al video láser y luego al DVD, parece que todo tiempo pasado fue mejor.

Por lo menos así se demuestra con el regreso de los vinilos en ediciones especiales. "Las disqueras saben cómo tener contentos a su gente. Ahora, con mejor sonido, y como si nada hubiera pasado, se puede volver a tener un acetato entre las manos". concluye.

Sobre la piratería

"Un melómano no quema un cd. Aprecia el arte de una carátula, explora todo el contenido del disco y encuentra detalles que no hallará en cds piratas o en internet".

Saúl Álvarez, referente para los melómanos del centro de Bogotá.

LUIS JOSÉ BADEL F.
REDACTOR DE EL TIEMPO
luibad@eltiempo.com.co

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