Una mujer envió a sus tres hijas a la casa de una tía, pero un derrumbe las sepultó

Una mujer envió a sus tres hijas a la casa de una tía, pero un derrumbe las sepultó

Ella las quiso proteger y por eso las envió lejos de un barranco que las amenazaba hacía 10 meses. Pero la paradoja del destino las llevó a la muerte.

18 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Carmen Londoño está casi muda desde el martes. Sentada en una vieja silla de madera mira las fotos de las tres hijas que un derrumbe le sepultó ese día en una de las lomas del barrio El Salado, en la Comuna 13 de Medellín.

Dice no entender cómo fue que sus niñas, Kelly Johana, de 12 años; Jacqueline, de 6, y Sharid, de tan solo 6 meses, encontraron la muerte donde ella pensó que salvarían sus vidas.

"Era una casa de ladrillo, más abajo de la montaña y más protegida que la mía", dice al hablar de la vivienda de su tía Luz Marina Manco, a donde había empezado a mandar a dormir a sus hijas desde que el inverno arreció.

No quería que amanecieran en su rancho de latas y teja de zinc porque desde hacía unos 10 meses sentía el peligro encima.
Por los aguaceros se habían activado todas las alarmas en ese barrio de invasión que cuelga de la montaña y que, no obstante, tiene agua, luz y hasta teléfono.

Ella sabía que la casa de ladrillo de su tía Luz Marina tampoco era segura, pero no había opción. Las mandaba para evitar el barranco y para que durmieran en una cama más confortable.
Además, sin los peligros de estar solas cada vez que ella salía a trabajar como mesera o lavando ropa en casas de familia.
Cuando mira a Steven, de 8 años, el único hijo que le quedó, parece serenarse.

El niño se salvó gracias a que siempre prefería quedarse en casa de sus abuelos Joaquín Londoño y Nubia Rosa Manco, cerca de su rancho.

Le huía a la violencia

Carmen, una mujer de apenas 30 años pero curtida por el sufrimiento, llegó a Medellín desplazada por la violencia de Urabá, luego de que la guerrilla mató a su primer esposo, justo cuando nacía su primera hija, Kelly Johana.

En su niñez, esta joven madre vivió con sus cinco hermanos en una apacible finca del corregimiento Choridó de Apartadó, lejos de imaginar que un día por la violencia le tocaría vivir como desplazada, y pendiendo de una ladera.

De allá la familia salió en 1996. "Salimos a buscar suerte huyendo de la guerrilla, pero solo encontramos esta montaña para vivir", cuenta la tía Luz Marina, madre de otras dos jóvenes muertas por el deslizamiento: Yorledis, de 17 años, y Jenny, de 14.

Luz Marina fue testigo de cómo sus hijas y las de Carmen se ahogaron bajo un barranco el martes, de cómo trataron de arrancárselas a la tierra y de la forma en que los vecinos las llevaron en brazos.

Las cogieron como pudieron y corrieron con ellas por los senderos de cemento a medio terminar hasta la calle principal del barrio, luchando contra la muerte.

Carmen, que había salido a trabajar, solo se enteró de la tragedia a la mañana siguiente.

"Kelly quería ser doctora y Jacqueline apenas empezaba la primaria. Eran alegres, fiesteras y hermosas. Eso sí, no les gustaba el lugar donde vivíamos por lo alto", se lamenta ahora.

Su actual compañero, Andrei Vega, un obrero de 32 años, estaba en Apartadó, como de costumbre. Venía cada dos meses para estar con la familia por una semana.

"No es justo", dice todavía Carmen, como el día de la concurrida velación de sus tres hijas, a la que incluso asistió el alcalde de Medellín, Sergio Fajardo.

"Me dicen que hay un arriendo por tres meses. ¿Y después qué? Me toca buscar qué hacer para ver por el único hijo que me quedó", afirma.

Carmen se llevó los cuerpos de sus hijas para Apartadó. Y a pesar de que dejó su tierra por la violencia ha pensando en quedarse.
Dice que en Medellín perdió media vida.

Ojalá me regalaran una casa en Urabá, porque allá todo es planito".

JUAN DAVID CORREA L.
CORRESPONSAL DE EL TIEMPO
MEDELLÍN


'Solo volvieron por los muertos'

"Al barrio habían venido los de emergencias hacía ocho días a decirnos que esto estaba grave, pero solo volvieron a recoger los muertos".
Luis Londoño, hermano de Carmen.

Unas 35 mil familias, en riesgo

La tragedia de Carmen Londoño se podría repetir en uno de los hogares de 35 mil familias en Medellín que viven en zonas de alto riesgo.

La mayoría habita la parte alta nororiental y sectores aledaños a la quebrada Santa Elena y Vallejuelos. Hay riesgo en los barrios Olaya Herrera, Blanquizal y La Iguaná y en el corregimiento San Antonio de Prado.

La Secretaría de Medio Ambiente de la Alcaldía ha invertido unos 6 mil millones de pesos en trabajos de prevención y limpieza de quebradas. Según las autoridades, la inversión logró disminuir los incidentes en esta época invernal.

Existen dos programas para atender a víctimas por invierno: la reubicación temporal en arriendo por tres meses y el retorno a sus pueblos a través de ayudas económicas.

 

 

 

 

 

 

 

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