Estoy orgulloso de ser un buen colombiano

Estoy orgulloso de ser un buen colombiano

Siempre he llevado mi vida en contravía y, obviamente, he tenido que sufrir las consecuencias. ¡Así que veo con incomprensión a los colombianos que quieren irse del país!

18 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Con todos los problemas que tenemos, Colombia es un excelente vívidero. Por eso, el lunes, al mediodía, voy a recibir mi ciudadanía en la oficina de la Ministra de Relaciones Exteriores, rodeado por mis amigos, ¡todos colombianos!

Cuando llegué a Colombia hace muchos años, bajé del avión en busca de Macondo, del cual me había enterado por los libros de Gabriel García Márquez. No de Macondo el pueblo resentido que votó en contra del cambio de su nombre y de volverse un destino turístico, sino el Macondo que es un estado mental.

Macondo es abrir los ojos por la mañana y no saber qué va a pasar después. Es escuchar el teléfono timbrar y no saber si nos van a regañar. Es desayunar arepa, caldo y chocolate en la plaza de mercado. Es almorzar en Harry's Bar con el jet set o comer en un restaurante de mariscos en el norte ¡y oír una negociación de puestos entre senadores en vivo y en directo!

En mi país, las cosas no son así. Lo único que no es predecible es la fecha de nacimiento o la de la muerte. El noticiero de la noche cuenta qué va a hacer el Primer Ministro el siguiente día. ¡Y el noticiero del mediodía cuenta que las cosas fueron exactamente así! Todo es para psicorrígidos.

¡Mi entrada al mundo periodístico nace en Macondo! Un día, María Teresa Ronderos, en ese momento directora de La Nota Económica, llegó colada a una comida en mi casa ¡y enseguida me ofreció un trabajo de crítico de restaurantes! Hoy escribo columnas en EL TIEMPO, El País y Vanguardia Liberal semanalmente, en Jet Set quincenalmente y en Diners, Avianca y Plan B mensualmente.
Tengo una sección en el programa de televisión Mujeres en Línea y un blog en la página web de SoHo. Con Planeta publiqué un libro de lujo: Mi cocina, y he utilizado estos espacios en los medios para promover la cocina típica colombiana.

Esta relación con la cocina colombiana no fue nada fácil de establecer. ¡Los platos típicos eran menos conocidos que los inventados para el Viaje a las estrellas! Veía una arepa con queso que se asaba en la calle y salía corriendo. ¡Odiaba su olor! Pero con el tiempo las cosas cambiaron. Como alguien que ha cambiado de religión, apenas encontré el gusto me volví un fanático extremista. He usado mis espacios para promocionar la cocina típica y la mejora en la calidad del café que tomamos.

Uno de los instrumentos que sirven para lograr este fin son los festivales gastronómicos que han surgido en el país. He participado en todos y he organizado unos cinco. Actualmente estoy involucrado en un proyecto con Ronda para enlatar platos colombianos de calidad. El primero es el cuchuco con espinazo.

Una mañana, después de estar tras unas papas criollas chiquiticas y de haberlas buscado en cinco supermercados, timbró mi celular.
Me llamaban del Ministerio para decirme que fuera a firmar la aceptación de mi nacionalidad. Me emocioné y salí corriendo al Palacio de San Carlos. Boté mi celular en el taxi y llegué al Ministerio. Cuando caí en cuenta, tenía dos bolsas, una de Surtifruver y otra de Carulla, ¡ambas llenas con los ingredientes del cuchuco! Tuvo que haber sido la entrada menos elegante que se ha visto en ese edificio. Con orgullo y con gusto firmé el documento que me otorga la nacionalidad por 'Servicios a la gastronomía colombiana'. Quiero agradecer a María Emma Mejía, que me ayudó con todo el proceso. Sin sus jalones de orejas jamás hubiera podido reunir todos los papeles.

Sé que no todo el mundo estará contento con esta noticia, sobre todo algunos chefs y dueños de restaurantes. No tengo la mejor relación con ellos, pero, eso sí, algunos son mis mejores amigos. Por lo menos van a dejar de darme el calificativo desagradable de "gringo H. P.". ¡Desde el lunes voy a ser colombiano! ¡Con este cambio estoy contento y orgulloso!

KENDON MACDONALD SMITH
* vivirparacomer@eltiempo.com.co

 

 

 

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