Joaquín Sabina, 'el pirata cojo', se robó el corazón de Bogotá

Joaquín Sabina, 'el pirata cojo', se robó el corazón de Bogotá

Se saldó la deuda contraida hace nueve años, cuando Sabina vino a la capital y cumplió, pero la ciudad no le pagó de la misma manera.

15 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Bogotá se entregó a Sabina y él, una vez más, correspondió, a pesar de que tenía la garganta completamente dañada por un catarro que tuvo en incertidumbre su concierto.

Sabina salió, fue una noche llena de los clásicos que esperaba todo el mundo. 'Quién me ha robado el mes de abril', 'Conductores suicidas', 'Y sin embargo', etc.

El cantautor apeló  todo su arsenal porque sabía que Bogotá tenía cultura sabinómana, pero no había podido ser complacida.

El músico se dejó acompañar de sus amigos de siempre: Pancho Varona, Antonio García de Diego y Olga Román, quienes están con él desde hace unos 15 años, no sólo haciendo sus discos sino también ayudándole a escribir algunas de sus canciones.

Él fue generoso, le dio tiempo al público para que cantara haciendo un respetuoso silencio, y dejando que la fiesta fuera de parte y parte. Hubo varias dedicaciones entre ellas a dos Danieles, a un Roberto y a una Juanita.

El español cerró con 'Y nos dieron las 10', cuando a esa hora en Bogotá eran casi las 11.

En rueda de prensa, había hablado poco

La gripa que atentó contra su presentación hizo que en menos de una hora respondiera solo las preguntas esenciales.

De hecho, la presencia de Sabina en la reunión con los medios  en el hotel Hacienda Royal duró poco tiempo.

Y para Mariana Lucía, una niña de 5 años, fue imposible acercarse a su ídolo en la única oportunidad en que podía intentarlo.

Un salón inmenso, repleto de periodistas ansiosos por hacer sus preguntas, fue el obstáculo más grande, pues ella no podía demostrar que sus ganas de conocerlo eran más urgentes que el afán periodístico.

Durante la reunión, el español, con gafas oscuras y voz agravada, contó que entre el sexo, las drogas y el rock and roll se quedó con lo segundo un tiempo. Que su último luto fue mientras superaba una enfermedad y que ya quisiera que el alcalde de su pueblo le hiciera una estatua como la que tiene Shakira ahora en Barranquilla.

El cantante español, que quería cuidar su voz para su único concierto anoche en Bogotá, desapareció pronto del lugar. Se despidió amablemente y canceló las citas del resto de la tarde con los medios. Mariana Lucía esperó con sus padres un improbable encuentro. Pasaron dos horas y Sabina apareció. Solo hubo tiempo para un abrazo, un autógrafo y unas fotos tomadas con el celular de su mamá.

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