Director de Policía denunciará penalmente al senador Elmer Arenas y al coronel Pedro Valenzuela

Director de Policía denunciará penalmente al senador Elmer Arenas y al coronel Pedro Valenzuela

Los dos acusaron al general Jorge Daniel Castro de haber enviado un cargamento de cocaína a México. "La acusación contra mí (del congresista Arenas) no fue un error de buena fe", dice el oficial.

11 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

¿Cómo es la historia de esa droga?

Fue un trabajo legal que se inició con una investigación de la Fiscalía, la DEA, la Dijín, Antinarcóticos y la Fiscalía de los Estados Unidos, para desvertebrar una organización internacional de narcotraficantes dedicada al envío de cocaína hacia los Estados Unidos. Eso se llama "droga controlada". Cuando descubrimos algunos cargamentos, no los incautamos, sino que seguimos su ruta. Se logró infiltrar la banda por intermedio de autoridades colombianas para sorprender traficantes con las manos en la masa.

¿En qué acabó la operación?

La operación concluyó con capturas en México y en Colombia y la incautación de cerca de 2 toneladas de cocaína. De los detenidos, 10 están solicitados en extradición y hay tres ex miembros de la Policía que fueron retirados en su momento por corrupción: un teniente coronel y dos mayores.

¿Teniente coronel?

Sí, retirado como los mayores. Participaban de esa organización criminal. Los tres ex oficiales fueron detenidos y están pedidos en extradición.

¿Cuándo ocurrió la operación?

En octubre del año pasado.

¿Y por qué el coronel Pedro León Valenzuela formula la acusación contra usted?

Permítame primero hablarle de él. Era el comandante de la Policía del aeropuerto Eldorado y entró a interesarme cuando hallé serios cuestionamientos y quejas por la seguridad en el aeropuerto, por hurtos en cafeterías, en carga, a pasajeros. Ante la situación, el comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá, general Luis Alberto Gómez, decidió trasladarlo.

¿Por orden suya?

No. El comandante de Bogotá es autónomo. Pero si él no hubiera optado por esa medida, yo habría actuado. Pero mire cómo son las cosas: yo tenía un problema en Pasto, donde las cifras de inseguridad eran graves. Se me ocurre entonces pensar en el coronel que acababan de retirar de Eldorado. Lo mandé llamar y recuerdo el momento porque entró tembloroso, asustadísimo. Le pedí que se tranquilizara porque le tenía una buena noticia y porque no todas las veces el Director de la Policía llama a un oficial para encomendarle una misión especialísima. Le dije: "Váyase usted a Pasto. Sé que le ha ido mal en la Policía de Bogotá, reivindíquese. Esta es una oportunidad que le da la institución. Vaya y maneje Pasto. Los éxitos se obtienen justamente donde están los problemas". A pesar de que conocía la mediocridad de su servicio, le di todo mi apoyo.

¿Y qué pasó?

Pasaron dos meses y Pasto seguía mal. El mismo comandante de la Policía de Nariño, el coronel Plazas, me aseguró que el cambio fue peor, que los reportes eran absolutamente negativos. Opté entonces por pasar a León a la junta de generales: fue llamado a calificar servicios. Cuando una persona no le sirve a la institución, se va. Y se fue. Es más: también se fue también el comandante de la Policía de Nariño, el coronel Plazas, porque tampoco dio la talla.

¿Por qué lo nombró si conocía sus deficiencias?

A veces a un oficial le va mal en una plaza y en otra le va muy bien. Además, uno quiere a sus hombres y yo le di una oportunidad para que se reivindicara.

¿El retiro del coronel León ocurrió mucho después del episodio de la droga?

Mucho después. Él se retiro en septiembre y el episodio de la droga fue en octubre del año pasado. Si él creía que la droga era mía, ¿por qué no lo denunció antes?

Es decir, ¿adjudica la acusación del coronel León a una retaliación contra usted?

Absolutamente sí, a su resentimiento. Es más, le cuento este episodio: cuando se decidió su retiro, me pidió audiencia. Lo recibí y me dijo que no entendía su retiro porque estaba haciendo un excelente trabajo en Pasto. Le dije que tenía unos reportes absolutamente diferentes y que, ante su nueva ineficiencia, no tenía otra opción que retirarlo. La decisión la había tomado la junta de generales. Me hizo venias y se despidió.

¿No sugirió ningún tipo de amenaza?

En absoluto. Aceptó con una subordinación ilimitada y un respeto clarísimo.

Sobre el episodio de la droga, él dice que cuando descubrió el cargamento, el general Gómez le dijo : "Quieto. Es de Z-1". Después se supo que Z-1 era usted. ¿No pudo haber ocurrido que León no sabía que era un cargamento controlado y que, de buena fe, se equivocó?

Con el grado que tiene, su experiencia y trayectoria como Policía, ahí no pudo haber equivocaciones. Él debía haber tomado una de dos decisiones: o investiga bien eso o lo denuncia inmediatamente para aclarar la situación.

Pero lo denunció...

Pero un año después. Fue una falta de personalidad, de honorabilidad, de ética. No, ahí no hubo buena fe, solo hubo una mente torcida.

¿ El coronel está detenido?

No, vive en las casas fiscales de la Policía. Vive al lado mío. Es vecino mío.

¿Y lo ha visto?

No, no lo he visto...

¿Le ha hablado?

No, pero quisiera hablarle. No lo he hecho porque no me ha dado la cara.

¿Usted lo ha llamado?

No. Lo llamará la Fiscalía, porque puse demanda penal por injuria y calumnia, así como lo haré ante la Corte Suprema contra el senador Arenas.

¿En el caso del senador Arenas, no pudo haber sido él víctima, creyendo lo que no ha debido creer?

Me parece impensable que un senador se deje meter los dedos en la boca. Además, él fue de la Policía y su denuncia no es ningún control político como dijo; fue de mala fe. Soy el director de una institución que ha sido maltratada. Los policías de Colombia somos la imagen de la lucha contra el narcotráfico y yo tengo, además, la responsabilidad de defender la memoria de mis policías muertos por luchar contra el narcotráfico. No acepto que me vengan a decir una cosa de esas. Estoy herido, como director y como persona. Independientemente de eso, tengo que defender a 136 mil 500 policías que han sido maltratados. La actitud del senador fue muy ligera, irresponsable.

¿No pudo haber sido ingenuidad?

No, él fue policía y sabe de procedimientos como estos.

¿Usted cómo se enteró de que el senador preparaba la denuncia contra usted?

Un oficial que lo supo fue a mi oficina y me dijo que el senador Arenas había ido a la Comisión de Ética del Congreso y que los senadores estaban preocupados por la gravedad de su denuncia en el sentido de que en un cargamento de cocaína estaba involucrado un general. "¡Santo Dios! No puede ser. ¿Cómo así?", reaccioné. El oficial al verme tan sorprendido me dijo: "Lo más grave es que el general acusado es usted". Entonces descansé. Le dije al oficial: "¡Carajo!, ¿por qué no empezó por ahí? ¡Qué descanso!".

¿Y qué hizo?

Después supe que el senador y el coronel habían ido al periódico EL TIEMPO y al Noticiero CM& con la 'noticia'. Yo le informé al señor ministro de Defensa sobre esa situación. Después supe que habían ido a la revista Cambio; me puse en contacto con su director, Mauricio Vargas, y me confirmó que preparaban la publicación. Le dije que eso era muy grave, por el carácter mentiroso y descabellado de la noticia. Me pidió que recibiera a dos periodistas. Acepté, por supuesto. Les di las explicaciones de rigor. Algo más: lo hice frente al director de la DEA, Jay Bergman, quien espontáneamente ofreció responder todas las preguntas de los periodistas. Les explicó todo. ¿Se imagina mi sorpresa cuando vi la carátula tenaz de la revista? Mis hijos que viven en el exterior y sintieron el impacto me llamaron preocupados. No era para menos. ¡Su padre, el director de la Policía, acusado de narcotraficante! Mi esposa, mis hijas, no salían de su asombro. Mi abuelita, que vive en Mocoa, me llamó llorando, me dio su bendición y me dijo que confiaba en mí. Una viejita que tiene 102 años y que he sido yo, de alguna manera, su ídolo. Pero toda mi familia me repitió que confiaba ciegamente en mí. Lo más doloroso resultó para mí pensar en mis policías. Mis hombres con los que he compartido tantas luchas y a quienes siempre les he dicho, de pie: "El primer policía que sea capturado con droga se va extraditado. Y vea, terminan acusándome a mí".

¿Por qué han resultado tantos policías comprometidos con la droga?

Porque la droga corrompe lo que encuentra.

¿Han intentado llegar hasta usted?

No. El mico sabe en qué palo trepa. Yo tengo mis principios muy claros; no olvide que yo era comandante del cuerpo élite en la lucha contra Pablo Escobar. Esté seguro de que puedo mirar al país a los ojos, fijamente.

¿Qué podrían hacer el coronel y el senador para remediar el daño?

El daño es irreparable. Lo mínimo, sería retractarse públicamente y deberían hacerlo si son hombres de honor.

Si lo hacen, ¿usted estaría dispuesto a perdonarlos?

No, perdonar no. Yo iré hasta las últimas consecuencias en defensa de mi nombre. Todo está en manos de la justicia colombiana.

Pero, finalmente, usted terminó recibiendo apoyo del presidente Uribe, del ministro de Defensa, de la DEA, del Congreso...

Sí y agradezco infinitamente esa solidaridad y confianza. Pero, mire: por ahí escuché a alguien en la radio diciendo: "Algo habrá". Para mí, que un solo colombiano dude de mí, es mortal.

Balance final del episodio

Si el objetivo era debilitar a la policía, no lo lograron. Al contrario, se fortaleció más. Yo espero seguir sirviendo a los colombianos con todo mi cariño, mi lealtad, mi compromiso, mi convicción de policía hasta cuando esté en este cargo.

Si la conclusión ha sido esa, paradójicamente benéfica, ¿por qué no perdona?

Yo soy contundente contra el delito; que a mí me traten de delincuente no tiene perdón. Una acusación tan grave y tenebrosa debe ser castigada por infame y mentirosa. Desde muy pequeño, yo pertenezco a la Policía. Mi papá fue policía, fue dragoneante; agente distinguido de un cuartel en Putumayo; murió en 1985, cuando yo era mayor. Cómo me hubiera gustado que me hubiera conocido general y Director de la Policía. En honor a su memoria es mi actitud tan firme, tan decidida, en la lucha contra el delito y en este desgraciado episodio. Yo tengo un hijo que es policía. A todos los policías les digo: ustedes no pueden retirarse de la Policía sin dejar su reemplazo y esa dinastía la tienen que cuidar, así como yo protejo la imagen y las enseñanzas de mi padre, el dragoneante Jorge Castro, quien hasta el fin de los siglos podrá sentirse absolutamente orgulloso de mí.

YAMID AMAT
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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