Joaquín Sabina es poeta hasta en la tragedia

Joaquín Sabina es poeta hasta en la tragedia

Así como un viejo rey cretense que todo lo que tocaba lo transformaba en oro, el cantautor español Joaquín Sabina todo lo que toca lo convierte en poesía y canciones.

11 de noviembre 2006 , 12:00 a. m.

Por ejemplo, hace unos años cuando se desmayó y estuvo al borde de la muerte, los médicos dijeron que había sufrido una isquemia cerebral.

Muy pocos entendieron lo que le había sucedido, solo estaba claro que era muy grave. Pero el hombre de Y nos dieron las 10, no podía haber sufrido algo tan poco literario, tal vez por eso él prefirió definirlo como el 'marichalazo', un neologismo de cuna sabiniana, que solo lo entienden sus fieles. Sin embargo, para los no iniciados, hay que decirles que hace referencia a que unos meses antes, Juan de Marichalar, esposo de la infanta de España, sobrevivió a un episodio similar.

Sabina es así, único, y está de regreso. En estos últimos cuatro años sobrevivió al 'marichalazo', superó una depresión, publicó tres libros, grabó un nuevo disco -Alivio de luto-, regresó a los escenarios y, lo más importante, ahora vuelve a Colombia, después de nueve años de ausencia.

¿Cómo recuerda el concierto que dio en Bogotá?

Creo que podría haber sido mejor. Por muchos motivos, entre ellos empresariales y de agenda, Colombia no ha sido un país que visitamos habitualmente como lo hacemos con México o Argentina, Chile o Costa Rica.

¿Viene con el grupo de siempre?

Es la misma gira que venimos de hacer por España. Llevamos 120 presentaciones. Es una especie de resurrección porque estuve cuatro años sin ninguna intención de hacer conciertos.

¿Cómo fue ese periodo de crisis?

El episodio fue muy breve, cosa de una semana, pero luego quedó dentro una especie de depresión y falta de ganas de algo que tuviera que ver con la vida pública que tienen los músicos. Lo que hice fue dedicarme a mi primera vocación que era hacer libros y edité uno de versos, otro de sonetos y hay todavía un par en el cajón. El regreso fue un poco empujado por los músicos y mis amigos.

¿En el libro de conversaciones que acaba de publicar en España -'Yo también sé jugarme la boca, Sabina en carne viva'- se le nota el gran amor por Latinoamérica?

Si, tardé en llegar a América Latina porque en aquella época, hablo de hace 20 años, les tenía un miedo terrible a los aviones, miedo que vencí. Pero cuando comencé a venir fue como volver a nacer, aprendí canciones, olores, sabores, modos nuevos de pronunciar mi lengua. Por cierto, en Colombia ustedes la hablan muy hermosa. Todo esto fue alimentándome e infectándome por dentro y luego volvió a salir en forma de canciones.

¿Por qué hacer sonetos en tiempos del verso libre?

Quería arriesgar. Mi público decía que le parecía que mis canciones eran poemas y que debía escribir un libro. Dije: 'de acuerdo', pero voy a tratar de meterme en las estructuras del soneto clásico español, el de Quevedo, de Lope de Vega y Garcilazo. Eso sí, con un lenguaje nuevo y contemporáneo. No sé si conseguí mi objetivo, pero estoy seguro de que un montón de gente, que en su vida había leído un soneto, se acercó "por fin" a esta forma de escritura.

¿Algunos proponen a Bob Dylan para el Nobel, le suena Sabina para un Cervantes?

No, yo propongo a Bob Dylan para el Nobel. A mí me dieron el otro día en España la Medalla de Bellas Artes y consideré que era más que suficiente pago a mis pobres merecimientos.

¿Existe una deuda de la literatura con los cantautores?

Es probable. En un mundo donde se lee muy poco y mucho menos poesía, los cantautores escriben textos sentidos y elaborados y con eso hemos tenido más espacio en la vida, el corazón, los oídos y la memoria de la gente.

¿Dice que tiene un libro pendiente?

Lo voy a presentar en la Feria del Libro de Guadalajara. Es de cartas en verso a amigos, colegas, escritores, políticos, gente de todo tipo, desde el subcomandante Marcos al poeta Juan Gelman.

¿Las cartas es algo que está en vías de extinción?

Yo no uso tecnología, escribo con lápiz y papel. Lo que sucede es que tengo alguien que luego me las pasa por esos aparatos mágicos.

Tampoco conduce carro.

No tengo carro. Ahora estoy hablando con ustedes por teléfono porque no tengo otra forma, pero no lo uso en casa. Sé dónde están mis amigos cuando los quiero. La tecnología y yo no somos muy amigos.

Se le ve cercano a Gabo, ¿cómo comenzó esa relación?

Me lo encontré por casualidad en una casa en Madrid, un día llegó y hubo mucha química, como se dice hoy en día, y ahora siempre que yo voy a México, o voy a Cuba, o él viene a Barcelona o Madrid encontramos un modo de estar juntos, de festejar, de reír. La verdad es que es una de las cosas de las que estoy más orgulloso de mi vida, haberme hecho amigo de tal maestro.

¿En sus canciones también menciona a Botero?

Sí, yo procuro que en mis canciones entren todas las cosas que digo y todas las que me gustan. Las gordas de Botero eran muy fáciles de meterlas en una canción. Pero estos últimos cuadros de Botero, con las torturas de Abu Grahib, no los he podido meter en ninguna canción porque es mucho más difícil, me tienen entusiasmado y aterrorizado.

¿Dice que los nuevos cantautores no han cambiado mucho lo que ustedes hicieron?

Creo que los jóvenes cantautores son buenísimos, pero no son muy rompedores en su oferta musical.

¿En su regreso tuvo algo que ver la canción 'Nubes Negras'?

Nubes negras es la explicación de lo que me estaba pasando. Yo le estaba contando a un amigo, que tal vez es el mejor poeta de España, Luis García Montero, por lo que estaba pasando. A la mañana siguiente llegó y me dijo: "Oye cabrón, he escrito la letra que tú me contaste anoche y que no querías escribir", y ahí arrancó el disco.

¿Recientemente incursionó en el cine?

Sí. Fue porque Santiago Segura, que es mi amigo, me pidió que hiciera una canción para la película Isi-Disi. La hice y luego me pidieron que hiciera de mí mismo en el filme. Dicho eso te diré la verdad. Mis amigos me dijeron que la película era tan mala que yo no la he visto aún.

Usted no es puritano con las drogas pero dice detestar a los adictos

Sí. Detesto al borracho y al tipo que se pasa la vida hablando de las drogas y que no puede vivir sin ellas. Detesto esa cultura; aunque, como tú has dicho, no soy puritano. Las usé en su tiempo, las dejé radicalmente, sin gran problema. No soy de esos evangelistas que van predicando contra las drogas pero sí, que no las recomendaría.

¿Y el whisky?

Ahora mismo me estoy tomando uno para que esta conversación por este aparato que desconozco, que es el teléfono, parezca una conversación entre amigos.

ANDRÉS ZAMBRANO D.
EDITOR DE CULTURA


La verdad mete en líos

El libro que Sabina publicó hace un mes en España, con el título Yo también sé jugarme la boca, Sabina en carne viva, le ha traído varios problemas. Uno con la corte por revelar una anécdota privada de la princesa Letizia Ortiz y otro con las editoriales, que se disputaron en la corte el derecho de publicarlo.

El libro es el resultado de unas largas charlas con el periodista Javier Menéndez Flores. "Son conversaciones muy disparatadas a altas horas de la mañana sin corregir una coma de las barbaridades y exageraciones que dice un andaluz cuando lleva tres whiskys".

"Después de verlo publicado, en alguna parte me arrepentí porque una cosa es hablar a las 4 de la madrugada, con unas copas, de manera franca y llena de malas palabras y otra leer eso en letra imprenta sin corregir nada. Eso hizo que se malinterpretaran algunas cosas, exageraciones se tomaron al pie de la letra y, por lo menos, he perdido un amigo por el libro".

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